Antonio Burgos

Héroes abandonados

En la perdida batalla de la opinión pública, el Gobierno no ha sabido respaldar a sus policías nacionales y a sus guardias civiles

Antonio Burgos
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Mucho poner una y otra vez por TV3 el vídeo de la señora que resulta que se cayó por las escaleras; mucha filmación de la Policía Nacional rompiendo con una machota la puerta de un colegio para cumplir el mandato del Tribunal Constitucional, pero aquí nadie dice que en el Pucheréndum de Cataluña hubo 431 policías nacionales y guardias civiles heridos. ¡Qué mal vende el Estado sus verdades! ¡Qué bien pregonan sus mentiras los que quieren destruirlo! El domingo se perdieron muchas batallas en España, pero sobre todo, y clamorosamente, la de la opinión pública. ¿Pues no que se nos ha llenado España de dialogantes, de quienes dicen que la solución para la constitucional unidad de la Patria es que nos sentemos de charlita con los golpistas que quieren acabar con todo, hacer tabla rasa de la Monarquía y de la Constitución de 1978, del Estado de las Autonomías y del propio Estado? Es como si a usted un atracador le quita la cartera y encima le dice que por qué no entramos en ese bar y charlamos, a ver si, ya que no su contenido, por lo menos le devuelve su continente, que era de piel, regalo de su difunta madre, recuerdo de familia de incalculable valor.

En la perdida batalla de la opinión pública, el Gobierno del Reino de España no ha sabido respaldar a sus policías nacionales y a sus guardias civiles, que se la han jugado en Cataluña por defender en la calle lo que ellos, hasta las mismas trancas, dudaban aplicar en sus despachos. En la perdida batalla de la opinión pública, el Gobierno del Reino de España (del amenazado Reino por la «República de la Señorita Pepis de la Desconexión Independendista») no ha sabido explicar desde la fuerza del Estado que si hubo incidentes en las calles catalanas fue por la flagrante dejación de funciones y pasteleo con los golpistas de los Mozos de Escuadra, encargados de no consentir la celebración de un referéndum ilegal. ¿Es que eran tan candorosos que creían que los Mozos tienen el honor por divisa, acaso, como la Guardia Civil? El CNI tuvo que informar al Gobierno de esta circunstancia. Y si no lo hizo, incumplió sus funciones igual que los Mozos Cariñosos. No se puede poner a los zorros al cuidado de las gallinas, que es lo que hizo el Gobierno confiando la clausura de los ilegales colegios electorales a unos Mozos que eran como Piqué, aunque sin lagrimitas de guardarropía.

Esos, esos son los culpables de la «brutal intervención de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado». Los que se creyeron que los Mozos formaban parte de esas Fuerzas, cuando es voz común que son del enemigo de cuantos defendemos la Constitución y su sistema de valores y principios, empezando por la Monarquía Parlamentaria, al que llamamos España. Y después, los culpables de esas escenas tan aviesamente repetidas por las televisiones y repartidas por el mundo mirando al tendido de la ONU y de las instituciones de la UE son los propios Mozos que ni siquiera hicieron el paripé de expulsar a los ocupantes de algún colegio para poder cerrarlo en cumplimiento de la ley. Y, además, ya que desplazamos a Cataluña a miles de policías nacionales y guardias civiles, a los que despedimos honrosamente con banderas nacionales y el «a por ellos», ¿qué hacían recluidos en el barco de Piolín o en sus alojamientos de fortuna (y dieta corta) hasta que ya los llamaron al humo de las velas, cuando las campales batallas estaban servidas ante las cámaras? ¿No podían haber tomado cautelarmente esos colegios desde el viernes, en vez de estar mano sobre mano en esas tensas horas previas?

Y al final, pero no lo último, abandonados a su suerte por el Estado al que representan y defienden, tanto los policías nacionales como la Guardia Civil. Expulsados de los hoteles de la pernocta por la presión de los separatistas, en una Cataluña cada vez más peligrosamente batasunizada, donde, como han cerrado el Parlamento regional, el poder está en la calle. En las hordas. En la chusma de la CUP.

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