El gran atasco

Estamos atascados y no somos capaces de encontrar una salida. Eso sí que resulta mucho más inquietante que la nieve

Pedro García Cuartango
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Los coches atrapados en la nieve este fin de semana y el cruce de acusaciones entre las fuerzas políticas funcionan como una perfecta metáfora de lo que está sucediendo en un país atascado en su propia historia e inmovilizado por una serie de inútiles querellas que le impiden avanzar.

Resulta muy significativo que el Gobierno no haya tenido el valor de asumir ninguna responsabilidad a pesar de que la ley 37/2015 señala con meridiana claridad que la regulación, la señalización y el mantenimiento de las autopistas nacionales corresponden al Estado. Las empresas concesionarias son definidas como meros explotadores temporales de un servicio que es de titularidad estatal y que está supeditado a la supervisión de la Dirección General de Tráfico.

Por eso, resulta tan discutibles como inoportunas las manifestaciones del director general de Tráfico culpando a los automovilistas por hacer caso omiso de las predicciones meteorológicas y por no llevar cadenas en el maletero. En Alemania nieva mucho más que en España y es insólito que las carreteras queden cortadas por el mal tiempo.

La oposición ha aprovechado la ocasión para criticar al Gobierno y pedir dimisiones antes de escuchar las explicaciones de los ministros de Fomento e Interior, a los que se les ha exigido que comparezcan en el Congreso. Es el mismo comportamiento que adoptó Mariano Rajoy al solicitar la renuncia de Magdalena Álvarez durante un hecho muy similar en 2009.

Las cadenas de televisión se han volcado en recoger los obvios testimonios de indignación de los afectados, pero no he podido escuchar ni leer ningún análisis en profundidad de cómo funciona nuestro sistema de mantenimiento de las carreteras, cuáles son los medios disponibles y por qué no se actuó cuando la nieve empezaba a caer.

Decía al comienzo de este comentario que la reacción del Gobierno y el cruce de recriminaciones son una reproducción de los vicios que atenazan nuestro sistema político y de la situación de bloqueo en la que se halla el país desde hace muchos meses.

Los acuerdos brillan por su ausencia, la falta de consenso impide avanzar en las reformas de la Justicia, la educación, las pensiones y otras cuestiones de Estado, mientras que un Gobierno en minoría ha decidido aparcar cualquier intento de hacer autocrítica sobre la corrupción y regenerar la política.

Las instituciones están paralizadas, el escepticismo sobre la capacidad de nuestros dirigentes para resolver los problemas es creciente y el Parlamento sólo sirve para escenificar las diferencias. A lo que se añaden las incertidumbres provocadas por el desafío independentista.

En suma, el país también se halla atrapado por un temporal que se ha instalado sobre la Península y que parece tragarse todas nuestras energías. Estamos atascados y no somos capaces de encontrar una salida. Eso sí que resulta mucho más inquietante que la nieve y el hielo.

Pedro García CuartangoPedro García CuartangoArticulista de OpiniónPedro García Cuartango