Opinión

Feijóo empuja al PP y el PSOE se hunde

El PP conserva su única mayoría absoluta en una comunidad autónoma y concede a Mariano Rajoy un refuerzo político de primera magnitud

Alberto Núñez Feijóo, revalida su mayoría absoluta y ve respaldada su gestión
Alberto Núñez Feijóo, revalida su mayoría absoluta y ve respaldada su gestión - AFP
ABC Madrid - Actualizado: Guardado en:

Los resultados finales de las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco han ratificado las tendencias de las encuestas de las últimas semanas. Al margen de interpretaciones partidistas o parciales, la victoria de Alberto Núñez Feijóo con otra mayoría absoluta es el principal acontecimiento de la jornada, por muchos motivos. El primero es que el PP conserva su única mayoría absoluta en una comunidad autónoma y concede a Mariano Rajoy un refuerzo político de primera magnitud, tanto para cualquier posible reintento de investidura en las próximas semanas como para encarar unas nuevas elecciones generales en diciembre. Es una victoria que, aun teniendo una explicación muy local -la eficaz gestión de Feijóo-, reduce la presión que sufría el PP ante la opinión pública por la investigación penal a Rita Barberá y el historial de casos de corrupción que le afectan y que hoy empiezan a ventilarse en los tribunales de justicia.

El segundo motivo de la trascendencia de la victoria de Feijóo es la frustración de una coalición de izquierdas que tanto Podemos como PSOE hubieran asimilado como un ensayo autonómico de lo que hubieran podido hacer a nivel nacional, y que Sánchez guardaba como un as en la manga para sorprender a su propio partido con una agenda que ayer saltó por los aires. En tercer lugar, el hundimiento socialista es de tal magnitud que hace insostenible la posición de Pedro Sánchez. Los socialistas gallegos han pagado la desunión interna provocada por la dirección federal con la imposición del candidato a la Xunta y se han visto superados por En Marea en votos, aunque no en escaños, empatando a 14. No hay consuelo posible en Ferraz: ni salvan los muebles ni evitan el «sorpasso» en la calle. Y en cuarto lugar, Feijóo pincha el globo de Ciudadanos como fuerza emergente autónoma, demostrando que se alimenta del desgaste del PP por los desmanes de los corruptos y los errores de gestión, pero que carece de proyecto ideológico capaz de emanciparse frente a un centro-derecha reformista y liberal como el que representa Núñez Feijóo.

En el País Vasco, Íñigo Urkullu ha rentabilizado su discurso electoral basado en la moderación y la renuncia a la independencia, ofreciéndose a votantes del PP y del PSOE -sobre todo a los del PP- como el dique de contención frente a la izquierda proetarra y populista. El PNV gana dos escaños, logrando 29 -el último de ellos por un puñado de votos en Vizcaya frente a EH Bildu-, y necesitará votos y abstenciones del PSE y del PP para llegar a la mayoría absoluta, aunque la ley vasca garantiza que siempre gobierna la candidatura más votada en la Cámara porque los grupos parlamentarios solo pueden votar a su candidato o abstenerse, pero no votar en contra. Por tanto, es evidente que, ante los 28 votos que pudiera lograr un posible candidato conjunto de Bildu y Podemos, el apoyo socialista hará que el próximo lendakari sea Íñigo Urkullu.

Es hora de que Pedro Sánchez asuma que las urnas han puesto fin a su responsabilidad al frente del PSOE

Esta influencia del voto del PSE no maquilla que el constitucionalismo, en su conjunto, sufre su peor registro electoral en el País Vasco. El PSE pierde la mitad de sus escaños y es superado por Podemos, otro «sorpasso» que no deja a los socialistas excusa en la que refugiarse. El PP pierde uno, volviendo a cifras parecidas a las de hace más de tres décadas. Bildu, a pesar de haber mantenido a Arnaldo Otegui como candidato de hecho, pierde cuatro escaños y se resiente de la irrupción de Podemos, que también araña votos a los socialistas, pero los proetarras mantienen la segunda plaza, seguidos de la formación morada.

Como en Galicia, Ciudadanos ha restado unos miles de votos a PP y PSE, sin mantener el escaño que logró UPyD. Un resultado muy negativo para un partido que quizá ha sobrevalorado sus capacidades políticas para representar valores, como la unidad nacional o la lucha por las libertades, que el PP, lo mismo que el PSE, ha encarnado en el País Vasco a costa de muchas vidas y mucho sufrimiento.

Si la pregunta es ¿qué va a pasar ahora?, parece evidente que estos resultados solo pueden influir en el desbloqueo para la investidura de Rajoy si los dirigentes territoriales del PSOE se plantan ante Sánchez e imponen un giro inmediato, que evite terceras elecciones y que evite, también, que el partido siga en una pendiente de autodestrucción. Sánchez no ha hecho otra cosa que perder elecciones desde el 20-D, llevando al PSOE a una sangría de votos y a vivir de prestado de Podemos en los gobiernos autonómicos que dirige. Parece una temeridad que Sánchez pretenda liderar una coalición de izquierdas con socios frente a los cuales ha perdido cualquier autoridad y, más aún, para la que aspira a recibir el apoyo del Comité Federal de su partido. Es hora de que Sánchez asuma que las urnas han puesto fin a su responsabilidad al frente del PSOE.

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