Editorial ABC

Estados Unidos apuesta por España

Puigdemont debería entender por fin que él y su grupo de secesionistas están absolutamente solos y que no tienen ningún tipo de apoyo exterior a sus ensoñaciones independentistas

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LAS buenas relaciones con Estados Unidos son uno de los grandes activos de nuestra política exterior y eso trasciende a los presidentes y a los gobiernos que se suceden a lo largo del tiempo, a uno y otro lado del Atlántico. El extraordinario recibimiento que le ha dispensado Donald Trump al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, puede considerarse como el mejor termómetro de la calidez actual de esas relaciones entre los dos países. Y la prueba de que ese buen clima tiene una firme proyección hacia el futuro han sido las referencias explícitas e indiscutibles a la crisis que han provocado los responsables independentistas catalanes. Sin el menor resquicio de duda, el máximo dirigente del país más importante del mundo ha dejado claro que las insensateces de los que han convocado el referéndum ilegal no le provocan la menor simpatía. Si hasta ahora se ha negado a darse por enterado de que ningún país civilizado reconocería una independencia unilateral, después de lo que ayer se dijo en Washington, Carles Puigdemont debería entender por fin que él y su grupo de secesionistas están absolutamente solos y que no tienen ningún tipo de apoyo para sus ensoñaciones. La independencia de un determinado país se basa solamente en el hecho de que sea reconocida por los demás. Y en este caso Trump ha dejado bien claro que no tiene ningún interés en alentar al soberanismo.

Pero, como es natural, las relaciones entre dos grandes países no pueden quedar limitadas a este asunto interno de España que el Gobierno está afrontando con toda legitimidad. El Brexit está cambiando la geografía de la fachada atlántica de Europa, y España puede muy bien ser para Estados Unidos un aliado estratégico en determinados aspectos dentro de la UE. España se proyecta históricamente hacia el océano y hacia América, pero es al mismo tiempo una plataforma formidable para la influencia de Estados Unidos en el norte de África. Y aunque las tensiones estén en este momento centradas en Asia, en Corea del Norte, Rajoy ha confirmado a Trump que también puede contar con el apoyo político de España en esta crisis.

Es de lamentar que la nueva Administración haya decidido paralizar las negociaciones con la UE para un acuerdo de libre comercio, que sin duda habría sido beneficioso para ambas economías. Los intercambios entre economías abiertas son siempre buenos para crear riqueza y para mejorar la vida de los ciudadanos, que es el principal objetivo de los buenos gobernantes.