Antonio Burgos

España sin complejos

No ha hecho falta que juegue la selección española de fútbol para que España, sin complejos, se llene de banderas rojigualdas

Antonio Burgos
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Cuando di el pregón de la Semana Santa de Sevilla, tuve tanta oportunidad de desgranar sentimientos y recuerdos, que en vez del protocolario «He dicho», mis palabras finales fueron: «Señores, ustedes me dirán qué se debe aquí». Algo así quizá, y a lo mejor antes de lo que pensamos o de lo que nos tememos, habrá que preguntarles a los golpistas separatistas que prepararon el referéndum ilegal para la pretendida independencia de Cataluña: «Señores, ustedes nos dirán qué se debe aquí». Qué se les debe porque su peligrosa senda lleva al lugar que ellos quieren que conduzca, pero también nos ha conducido a otro que ni a soñar que nos echáramos hubiésemos pensado que lograríamos: que los españoles sintamos el orgullo de serlo, sin complejos, sin vergüenza, con la misma valentía con que hasta ahora sólo se podía usar remando a favor de corriente, es decir, de lo que llamamos lo políticamente correcto, entre lo que estaba la propia negación de España, del Estado resultante de la Constitución de 1978, de su Monarquía Parlamentaria, de su Rey, de su bandera, de su Marcha Real, de sus Ejércitos y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, de la Patria española en suma.

Hasta ahora era necesario que jugase la selección española de fútbol para que pudieras salir a la calle con la bandera de la nación o ponerla en tu balcón sin que te llamaran «facha». Lo más de agradecer de las actuales tristes circunstancias del separatismo, a cuyas desgracias, como ven, les doy la vuelta y las miro por el otro lado, por lo mucho de positivo que tienen, es que aunque la selección española, la cobardemente llamada «La Roja» por no mentar el bendito nombre de nuestra Patria, no va muy malamente para el Mundial, y podíamos haber llenado España de banderas tras sus últimos triunfos, y su nueva generación de antiguos Sub 21 incorporados a la de primera fila... Lo más positivo de esto, decía, era que no ha hecho falta que juegue la selección española de fútbol para que España, sin complejos, se llene de banderas rojigualdas, sea en la plaza de Colón de Madrid, sea en la Vía Layetana de Barcelona, sea en el último pueblo de Castilla o de Andalucía.

En vísperas de la Fiesta Nacional del 12 de Octubre (de la otra, de la Tauromaquia, mejor no hablar), me quiero quedar con esta interpretación («lectura», que dirían los que hablan tertulianés) de este nuevo «escenario» (que se dice en la misma lengua televisivo-radiofónica»), del que hay que sacar las consecuencias más positivas, pese al discurso del Puigdelosdemonios de ayer. Sí, le hemos dado demasiado hilo a la cometa catalana, desde tiempos de Suárez a esta parte, y en los últimos meses vamos de furgón de cola del separatismo, actuando a remolque de las decisiones de los que quieren sencillamente irse de España, ayudados además por los que quieren aprovechar la oportunidad no para cambiar de Gobierno, que expresarlo en términos democráticos, sino para «echar a Rajoy», que es lo que les pide el cuerpo. Hemos consentido demasiados agravios contra la lengua española, cooficial en aquella parte del antiguo Reino de Aragón. Hemos mandado demasiados miles de millones para que sean niños buenos y no hagan rabona y falten a clase cuando se pase lista de las tierras de España. Pero no sé qué resorte sentimental se ha tocado, quizá como aquel «que se los llevan» del 2 de mayo de 1808, que si otros ven un cambia con marcha atrás de los separatistas, yo, quizá iluso, advierto ese cambio en la actitud de los españoles que queremos seguir siéndolo y en todo el territorio patria. Así, señor Puigdelosdemonios, usted me dirá qué se debe aquí por conseguir con su separatismo que no haga falta que juegue la selección española de fútbol para que llenemos España de bandera rojigualdas y de sentimientos de afirmación en la libertad, en la democracia y en la Constitución del Reino. ¿Se puede decir «Viva España»? Pues ¡Viva!

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