Editorial ABC

Las empresas huyen del separatismo

La fuga de empresas es tan solo un reflejo del futuro desastre y debería hacer reflexionar a quienes apoyan este suicidio social y económico

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EL proceso independentista que impulsa la Generalitat no solo constituye un quebranto del orden constitucional y, por tanto, un ataque directo a la democracia, sino que también supone una grave amenaza para la estabilidad económica de la región y del conjunto de España. La tensión política y el creciente clima de inseguridad jurídica que sufre hoy Cataluña como consecuencia del irresponsable, desleal e ilícito comportamiento de Puigdemont y sus socios, dispuestos a declarar la independencia para culminar su desnortada utopía, el sentido común y la voluntad de la mayoría de los catalanes, está disparando la fuga de empresas hacia otras regiones, alarmadas por el colosal desbarajuste que están generando los independentistas tras el referéndum ilegal. Así, a las numerosas pequeñas y medianas empresas que ya tomaron la puerta de salida, se suman ahora grandes compañías y algunas de las más importantes cotizadas del país con el objetivo de proteger los intereses de sus clientes y el futuro de su negocio.

El miedo se extiende ya al sector financiero, de ahí que el Banco Sabadell anunciara ayer su traslado a Alicante, y CaixaBank estudie hacer lo mismo hoy tras las nuevas facilidades que aprobará el Gobierno para cambiar de sede sin pasar por la junta de accionistas. También Oryzon, la principal biotecnológica de Cataluña, anunció el pasado martes el traslado de su sede de Barcelona a Madrid, una decisión que ha sido premiada con fuertes subidas en Bolsa. Ayer le siguieron la operadora de telecomunicaciones Eurona, que también ha escogido la capital de España para establecerse, y el distribuidor odontológico Proclinic, que se va a Zaragoza. Y estos son tan solo algunos ejemplos, ya que cerca de 8.000 compañías han abandonado Cataluña en los últimos años desalentadas por la flagrante violación del Estado de Derecho y la zozobra implantada por el nacionalismo.

Las razones de este histórico éxodo empresarial son evidentes. La mera posibilidad, por remota que sea, de que los separatistas logren su objetivo desata el pánico entre empresarios e inversores, ya que Cataluña quedaría sumida en el caos a nivel político, económico y social. El golpe que está perpetrando el independentismo significaría romper con el resto de España y, por tanto, salir de la UE. El abandono del mercado único golpearía de lleno al sector exportador, uno de sus principales motores económicos, y desataría una profunda recesión, con una caída del PIB regional de hasta el 30%. Además, los bancos que mantuvieran su sede en Cataluña dejarían de contar con el paraguas del BCE y, en última instancia, el euro sería sustituido por una nueva moneda devaluada, con el consiguiente empobrecimiento de toda la población. La actual fuga de empresas es tan solo un reflejo del futuro desastre y debería hacer reflexionar a quienes apoyan este suicidio social y económico colectivo.