Donde dije «digo» digo «Diego»

Colombia no se merece que el uribismo viole las reglas de juego que pactó

Ramón Pérez-Maura
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«En el plebiscito hubo un grupo de gente liderado por Álvaro Uribe y por mi gran amigo Andrés Pastrana que presentaron ante la opinión internacional el riesgo muy grande que tenía y tiene para la estabilidad y la democracia colombianas el acuerdo del Gobierno colombiano con el grupo terrorista de las FARC. Lo extraordinario fue que ese grupo de gente ganó el plebiscito en contra de la práctica totalidad de los gobiernos iberoamericanos, de los Estados Unidos, de la Unasur, de la ONU, de la UE, del Vaticano y del mundo entero (…) Fue una cosa extraordinaria, pero pasó otra cosa no menos extraordinaria: que la victoria en ese plebiscito no tuvo ninguna consecuencia política porque los resultados fueron desconocidos por el Gobierno colombiano. Lo que, democráticamente, es insólito y extravagante, pero ha ocurrido. Por eso ahora estamos en Colombia en unas elecciones determinantes en las que se puede recoger ese legado y presentar un nuevo proyecto político al país».

Las palabras que anteceden las pronunciaba el pasado miércoles José María Aznar durante una cena organizada en Madrid, por Centro Democrático, el partido de Álvaro Uribe. Era un acto de presentación de su candidato presidencial, Iván Duque. Hace un año Uribe y Andrés Pastrana acordaron designar conjuntamente un candidato a la Presidencia y otro a la Vicepresidencia en las elecciones del próximo mes de mayo. El acuerdo fue que cada uno designaría al suyo y después se buscaría la fórmula para escoger quien iba a qué puesto. La fórmula de decidirlo se debía haber acordado esta semana. Las opciones eran un sondeo de opinión o unas «primarias» coincidiendo con las elecciones legislativas del mes de marzo. El candidato del uribismo es el joven (41 años) senador Iván Duque y la del conservatismo independiente es Marta Lucía Ramírez, exministra de Defensa con Uribe y de Comercio Exterior con Pastrana. En cualquier combinación harían un ticket excelente. Mas llegados a este punto, el proceso se ha bloqueado. El uribismo ve que los sondeos no son buenos para Duque, que en segunda vuelta parece perder contra varios candidatos alternativos. Y temen que si se hacen las primarias en paralelo a las legislativas, al tener que ser abiertas a todo el electorado, el alto índice de rechazo que tiene Uribe -igual que tiene un alto índice de incondicionales- puede manifestarse en repulsa a su candidato frente a Ramírez.

Así que a estas alturas y con todo lo que se juega Colombia, el uribismo está intentando romper las reglas de juego. Según me explicaba el propio Duque el pasado miércoles, quieren introducir en la elección un tercer candidato, Alejandro Ordóñez, exprocurador de la república y de un catolicismo ortodoxo casi lefebvriano. El objetivo es simple: dividir el voto conservador frente al de su candidato. Cualquier observador comprende que es muy grave que ante la gravedad que ha tenido para la democracia la Presidencia de Juan Manuel Santos, en esta hora en que la victoria alternativa es posible, se ponga ésta en peligro por afanes personalistas. Colombia no se merece que el uribismo viole las reglas de juego que pactó.

Ramón Pérez-MauraRamón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura