Editorial ABC

Demasiadas armas para los mossos

El separatismo catalán es el responsable de haber puesto a los Mossos d’Esquadra bajo sospecha de servilismo, aun en contra de lo que piensan de buena fe muchos de sus agentesLA pregunta parece evidente: ¿para qué quería el Gobierno catalán ampliar la dotación de los Mossos d’Esquadra, a finales de 2016, nada menos que con 850 armas largas y 5.460.000 cartuchos?

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La petición de la Generalitat llegó al Ministerio del Interior el 31 de octubre de 2016, cuando el Gobierno de Mariano Rajoy estaba aún en funciones. En el mes de diciembre, el Ministerio de Defensa requirió a la Generalitat una explicación que nunca llegó, probablemente porque no había una explicación razonable. La compra anterior fue en 2014 y la Generalitat pidió autorización para comprar solo 50 subfusiles y 200.000 cartuchos y no tuvo problema en adquirirlos.

La cantidad de armamento y munición solicitada en 2016 era desmesurada para las necesidades de una Policía autonómica e impropia de un Gobierno que, como el catalán, pagaba sus facturas gracias a la financiación que le facilitaba el Estado. La falta de respuesta de la Generalitat excluye cualquier motivo que diera coherencia a la compra, por ejemplo, con el nivel de alarma antiterrorista o con la obsolescencia del armamento que tuvieran los Mossos en aquel entonces. El uso de armas largas por parte de las fuerzas del orden está sometido a una regulación estricta y siempre justificado por situaciones de riesgo, como vigilancia de edificios, controles, operaciones de registro y, por supuesto, lucha antiterrorista.

Es inevitable vincular esta compra masiva de armamento para los Mossos d’Esquadra con el proyecto separatista de crear «estructuras de país», eufemismo diseñado para enmascarar el proceso independentista, que antes o después debería contar con un plan de seguridad o defensa para la república catalana. Los acontecimientos han demostrado que los Mossos d’Esquadra, como institución, está implicados como actores protagonistas de la estrategia del nacionalismo secesionista. En estas condiciones, lo mejor que pudo pasar fue que aquella compra ingente e injustificada de armamento de guerra no culminara.

El separatismo catalán es el responsable de haber puesto a los Mossos d’Esquadra bajo sospecha de servilismo, aun en contra de lo que piensan de buena fe muchos de sus agentes, que no tienen más vocación que la de servicio público imparcial a los ciudadanos. Si en algún momento este proceso de quiebra del orden constitucional pasa factura a sus autores y el Estado se toma en serio la depuración de responsabilidades, será necesario revisar a fondo el régimen jurídico de los Mossos d’Esquadra para que nunca más se conviertan en una amenaza para las Fuerzas de Seguridad del Estado, ni en el brazo armado de nuevas ofensivas contra la legalidad constitucional.