Cuentos de la buena pipa

Mucho apunta que las cosas van a quedar bastante parecidas a como están, con cada uno con su cuento, con su pipa y con el problema catalán sin resolver

José María Carrascal
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Prepárense para oír cuentos que nunca se acaban hasta el 21, día en que los catalanes nos dirán qué quieren y qué no quieren, si son capaces de aclararse. Y corriendo el riesgo de ser reiterativo, paso lista de los cuentistas. Los nacionalistas no paran de contarnos que si declararon su República fue por culpa de, ¿a que no lo adivinan? ¡Nada más y nada menos que de Rajoy, que se negaba a negociar la independencia con ellos! Añaden que nunca imaginaron que aplicaría el artículo 155, ingenuos que son, pero una vez aplicado, lo aceptan aunque advirtiendo que no cejarán en sus empeños, de manera legal desde luego, pero sin precisar qué legalidad, la suya o la auténtica. O sea, lo de siempre. Los podemitas, comunes y demás tribus que ensayan sus danzas guerreras en torno al capitalismo, sólo quieren saber si el Gobierno español aceptará el resultado de las elecciones del 21-D, sin preguntarse si lo aceptan los independentistas y si lo aceptarán ellos. Mayor caos, si cabe, reina entre los socialistas, tanto catalanes como nacionales. Su cuento es el del federalismo (no he escrito feudalismo sino federalismo) que tan mal recuerdo dejó en España, aparte de tenerlo ya en las Autonomías. Lo más grave, y cómico, es que, habiendo alcanzado su nivel más bajo en Cataluña, pretendan gobernar equidistantes entre constitucionalistas e independentistas. Cuando la realidad es que no están en ninguna parte al intentar estar en ambas. ¡Qué tropa!, diría Romanones. La cosa, sin embargo, es más sencilla de lo que parece: pese a sus diferencias en vestuario, oratoria, actitud e ideología, su mentira sólo es superada por su cobardía (desde luego, no son de los que se suicidan ante un tribunal). Sobre una supuesta superioridad moral y una falta de escrúpulos más propia de mafias que de partidos políticos, se creen con derecho de violar todas las leyes y normas de convivencia que ellos no acatan. Siguen siendo, pues, tan peligrosos como siempre. O más, porque la derrota del 155 les hace más agresivos.

En el bloque constitucional, Ciudadanos, por vez primera, está mejor situado que el PP, al que ha arrebatado buena parte de su electorado, lo que le permitiría exigir la presidencia de la Generalitat, de obtener juntos más votos que los independentistas. Pero eso no parece posible sin unir los votos del PSC, que no está por la labor. Aparte de que la coalición de gobierno que Rajoy busca es con los socialistas, con la vista puesta en Madrid. Total, que mucho apunta que las cosas van a quedar bastante parecidas a como están, con cada uno con su cuento, con su pipa y con el problema catalán sin resolver. A no ser que nos equivoquemos todos, que los catalanes se hayan hartado, recuperen el seny y manden a casa a los cuentistas. Difícil, pero no hay que olvidar que la Navidad es tiempo de milagros.

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