Ramón Pérez-MauraSeguir

Cuando hay que reivindicar la democracia Ramón Pérez-Maura

«Tendría consecuencias políticas devastadoras despreciar la voluntad de los colombianos»

Colombia cuenta con políticos inverosímiles, tanto por su oratoria como por su astucia parlamentaria. De entre todos los ejemplos posibles parece conveniente recordar el de aquel parlamentario liberal, que estuvo a punto de tumbar al presidente (1966-70) Carlos Lleras Restrepo por unas corruptelas de su hijo. Años después, el mismo político ganó la gobernaduría del departamento del Magdalena por sólo cinco votos. Una victoria pírrica. Un interlocutor le espetó que cómo él que había estado a punto de derrocar a todo un presidente de la República sólo había ganado la gobernaduría del Magdalena por cinco votos, a lo que el viejo tribuno respondió: «Me sobraron cuatro».

El Instituto Atlántico de Gobierno, que preside José María Aznar, debatió ayer en Madrid sobre las consecuencias del plebiscito del 2 de octubre en Colombia en el que fue rechazado el acuerdo de paz entre el Gobierno de Santos y las FARC. En el debate participaron los principales promotores del «No» al acuerdo respaldado por Obama, el Papa, la ONU, García-Margallo y quien usted quiera imaginar: Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. Que por cierto, y por si el exministro de Exteriores y Cooperación no tuvo ocasión de explicárselo a su presidente del Gobierno, son dos presidentes bastante más afines al PP que el actual inquilino de la Casa de Nariño, Juan Manuel Santos, que es el perfecto ejemplo del niño rico criado al amparo de un negocio familiar –en el que nunca destacó– y que acabó ubicándose ideológicamente en las antípodas del entorno político en el que hizo carrera: ministro de Hacienda con Pastrana y de Defensa con Uribe.

Como recordó ayer Andrés Pastrana a un público madrileño que abarrotaba la Casa de América con caras de asombro ante muchas de las cosas que escuchaba, la victoria del «No» a los acuerdos entre Santos y las FARC fue por solo un 0,4 por ciento de los votos emitidos. Es decir: un mayoría más que suficiente. Y como apuntó Aznar, «sería absolutamente insólito y tendría consecuencias políticas devastadoras despreciar la voluntad expresada por los ciudadanos colombianos». Y eso es exactamente lo que intentan que ocurra desde la Presidencia colombiana y desde las instituciones a sueldo de la Casa de Nariño que han participado con mucho beneficio en la gestación del fracasado acuerdo de paz: ahora quieren seguir cobrando igual tan generosos emolumentos.

La semana pasada, durante su visita de Estado al Reino Unido, el presidente Santos declaró en su discurso ante el Parlamento que la victoria del «No» fue «el resultado de una estrategia de desinformación y mentiras», lo que obviamente dificulta que las negociaciones entre su Gobierno y quienes defendieron el «No» sean viables. Porque es casi imposible sentarte a discutir con quien te llama públicamente mentiroso.

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