La consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, junto con las direcciones generales de Política Lingüística de Euskadi, Galicia, Catalunya, Comunitat Valenciana e Illes Balears
La consejera de Relaciones Ciudadanas e Institucionales del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, junto con las direcciones generales de Política Lingüística de Euskadi, Galicia, Catalunya, Comunitat Valenciana e Illes Balears - EFE
Editorial ABC

Colonización nacionalista en Navarra

El idioma se ha convertido en la punta de lanza de la misma ofensiva disgregadora que se ha producido en Cataluña, País Vasco y Baleares

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Uno de los procesos políticos más graves y perniciosos de los últimos años en España es la colonización de Navarra por el nacionalismo vasco, proceso que se está desarrollando silenciosamente y al margen de las prioridades de la opinión pública española, incluso de los principales partidos políticos, Partido Popular y PSOE. De hecho, el Partido Socialista de Navarra apoyó ayer en el Parlamento foral la nueva ley de contratos públicos, que abre la puerta a la imposición de planes de euskera a las empresas que contratan con el Gobierno Foral. La cooficialidad lingüística se está convirtiendo en una fuente de discordia y empobrecimiento social, además de un factor de desigualdad que debería repugnar a la izquierda española. Pero la izquierda no se libera de su condición de muleta del nacionalismo, olvidando su viejo credo igualitarista y permitiendo en Navarra la consolidación de una política panvasquista contraria al espíritu y la letra de la Constitución, que actualizó los derechos forales, y a la historia de esta Comunidad. El propósito del Ejecutivo nacionalista presidido por Uxue Barkos es la desconexión de Navarra con su identidad foral propia para acercarla al sueño aranista de la gran Euskalherría. Nada mejor que empezar por extender el vascuence a todo el territorio navarro, superando los límites de la tradicional zona vascófona del norte de la Comunidad Foral.

Esta convergencia de políticas nacionalistas se revela igualmente en el régimen de acceso a plazas de la Administración navarra, y también en la apología de los matones de Alsasua, a los que la mayoría nacionalista e izquierdista concedió un apoyo inaceptable en una democracia constitucional. El rescate de ETA de su derrota histórica es un propósito común de todos los nacionalistas. A un Gobierno como el de Barkos los socialistas no deberían darle el más mínimo apoyo.

La situación es grave, pero no lo parece. Se están aplicando en Navarra los protocolos de infestación nacionalista de la sociedad que tan buen resultado han producido para el separatismo en Cataluña y País Vasco. Ni siquiera hace falta que sean partidos formalmente nacionalistas los que actúen como tales, porque lo mismo sucede en Baleares con su presidenta socialista, también con el idioma como punta de lanza de una ofensiva disgregadora. Navarra debe estar cuanto antes en la agenda del Gobierno central y del PP, visto que el PSOE carece de carácter político como partido nacional. La estabilidad constitucional en España no puede ni debe estar en un jaque permanente por los nacionalismos, y en Navarra -como antes en Cataluña y el País Vasco y luego en Baleares- se está construyendo una reconfiguración de su identidad política que la anule como el valladar que siempre fue, foral y español, frente al nacionalismo. El idioma, impuesto por decreto, vuelve a ser la clave.