Ignacio Camacho

Coartadas peligrosas Ignacio Camacho

La demonización de las nuevas elecciones contribuye a crear un estado de opinión capaz de aceptar cualquier salida

Ignacio Camacho - Actualizado: Guardado en:

Salvo que Albert Rivera opte por el suicidio político de Ciudadanos asociándose a un tripartito en torno a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, la única posibilidad de evitar otras elecciones es ya la del «acuerdo Frankestein»: PSOE, Podemos, ERC y la antigua Convergencia. Ni Rajoy ni va ser presidente con este Parlamento ni hay posibilidad alguna de que el PP cambie de candidato a la investidura. Y aunque no parece probable que el PSOE consienta con la vía radical-soberanista, por más que a su líder la idea le haga chiribitas, conviene ofrecer las mínimas coartadas posibles a un pacto que arrojaría al país por el despeñadero de la discordia social y la quiebra económica. En ese sentido, la demonización de los nuevos comicios contribuye a la creación de un clima de opinión pública capaz de aceptar cualquier salida con tal de evitar el regreso a las urnas. Y favorece la aspiración de un Sánchez al que le encantaría ofrecerse para salvar a España de la catastrófica repetición electoral con un oportuno sacrificio patriótico.

Hasta ahora, el discurso político y mediático dominante ha enfatizado los perjuicios de la falta de Gobierno para presionar a los socialistas con una requisitoria de responsabilidad. Error. Primero porque la presión no ha tenido éxito, segundo porque el panorama no es tan apocalíptico —los Presupuestos se han prorrogado muchas veces, la última en 2011-2012— y tercero, y sobre todo, porque se ha generado un estado de opinión negativo sobre una salida que al cabo va a ser la única practicable. Insistir en que las terceras elecciones son un fracaso —por supuesto que lo son— sólo sirve para incrementar la irritación de unos ciudadanos ya bien cargados de motivos para el hartazgo.

Máxime cuando casi todos los partidos han estado desde el primer momento con el ojo puesto en esa posibilidad. Tanto es así que sus estrategias siempre se han basado en el modo de culpabilizar del bloqueo al adversario para ganar el frame, el marco mental de la futura campaña. Por eso ahora Sánchez lanza el globo de la alianza «del cambio»; sabe que C´s jamás podrá avalar sin hacerse el harakiri un compromiso con Podemos, pero trata de repartir las responsabilidades. Idéntico propósito inspira la apelación a que se aparte Rajoy, que empezará a correr esta semana; un intento bastante tosco de convertir al presidente en colaborador necesario del veto que ha sufrido. Argumento zafio destinado al consumo de izquierdistas recalcitrantes y antimarianistas fanáticos.

La indeseada repetición de las elecciones la va a provocar sólo y en exclusiva Pedro Sánchez. Él sabrá sus razones, que tal vez acaben rebotando en su contra. Se trata de una pésima solución pero en este punto tal vez sea el mal menor, el recurso más sensato. Desde luego mejor que el de hacer presidente por carambola a un hombre que ni siquiera reúne el consenso de sus propios partidarios.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios