Hermann Tertsch

El ciervo en fuga Hermann Tertsch

Pedro Sánchez es un lógico producto de la siembra revanchista de odio sectario de Rodríguez Zapatero

El ciervo en fuga
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Un ciervo en fuga aparece en las leyendas de fundación de muchas ciudades de la Europa y el Asia medieval. Animal presumido donde los haya, se va a la berrea pretencioso a intimidar a sus rivales y de tanto mirarse desde la roca en el lago no se entera de que está en el punto de mira de la ballesta de un rey cazador, menesteroso y hambriento. Despistado en el disfrute de su buen porte y sus ciervas, nota que tiene un problema cuando siente un dolor en la nalga, la flecha. Huye sorprendido, ofendido y aterrado, y el rey, detrás del guapo animal. Al final el ciervo desaparece porque queda mal que se lo coma el rey antes de fundar la ciudad en aquel glorioso paraje. A Pedro Sánchez tampoco se lo va a comer nadie al final de su escapada. Ya ni siquiera a besos. No va a quedar de él ni trofeo. Presumió de porte y ha quedado en percha. Lo devorará su impotencia ante el fracaso. Pero en su desesperada huida hacia adelante bien puede hacernos a todos un servicio involuntario. Como ciervo herido puede llevar a los políticos españoles a una nueva situación en la que vuelvan a encajar ciertos intereses y voluntades nacionales que habían quedado sin control. Como el valle escondido de abundantes aguas y tierras negras de la leyenda, este desesperado puede acabar orientando a muchos, siempre sin querer, hacia unas bases para la reordenación del mapa político español cuyo trastorno ha causado un bloqueo institucional que, como sigamos así, dinamitará nuestra paz civil y la convivencia.

Quizás nos haga ese gran favor el político menos dispuesto a hacer favores que hemos tenido, el más mal encarado en décadas, el que une en sí la irresponsabilidad dolosa de Zapatero con la hosquedad de ese tal Gabriel Rufián, ese apolítico rufián que entendió que no hay mejor oportunidad laboral en Cataluña que hacerse violentamente separatista. Pedro Sánchez es un lógico producto de la siembra revanchista de odio sectario de Zapatero que llevó de hecho al PSOE a romper con el constitucionalismo. Que carecen de otro concepto político que no sea el del enfrentamiento que refleja y recrea los bandos guerracivilistas. Hoy, todos los dirigentes medianamente sensatos y responsables, que toleraron y participaron en aquella deriva zapateril por cobardía, interés propio o ambas cosas, saben ya bien que ese camino del abrazo a Podemos los convierte en Podemos más pronto que tarde. Eso al ciervo en fuga no le importa porque él es parte del proyecto podemita que lleva a una unión de la izquierda que acata al final la hegemonía de los más radicales. Por primera vez desde el malhadado congreso del año 2000 en que llegó el Atila leonés, los socialistas habrán de decidir si se lanzan a ese abrazo podemita con la desaparición del PSOE a corto/medio o intentan la reconquista de la hegemonía de la izquierda para el constitucionalismo, tarea dura y de incierto final. Sánchez ha hecho ya imposible que el PSOE sobreviva en la agonía que dejó tras de sí Zapatero en 2011. Hoy ya la única posibilidad real de supervivencia del PSOE radica en recuperar una vocación institucional y expulsar a los arrabales políticos a los proyectos totalitarios en alianza con los separatistas. La agonía en la indefinición del PSOE se acaba. Siempre será para bien. Porque una de las partes ha de morir para que no mueran todas. Y si mueren, las dos otras vendrán. Nadie debiera llorarlo mucho. Después se verá qué sucede en la otra pata de nuestro escenario político. Con esa derecha que hoy no es nada más que triste refugio ante la amenaza de los bárbaros.

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