La camiseta y Forcadell

Dicen que el morado de la camiseta republicana es azul y que Forcadell no volverá a reiterar el delito

Edurne Uriarte
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No me ha sorprendido la nueva camiseta republicana de la selección. Llevaban tantos intentos de disimulo del rojo y amarillo que la historia bien podía acabar así, con una camiseta para alegría de la extrema izquierda y los nacionalistas. Lo que sí me ha sorprendido es la excusa, la esperpéntica explicación de que el morado es en realidad azul pero parece morado en la distancia. O que las multinacionales de ropa deportiva contratan ahora diseñadores con problemas de daltonismo y completamente ignorantes de los colores de las banderas nacionales de las selecciones de fútbol para las que diseñan. Y que vayamos al oculista los millones de españoles que vimos el morado en el partido del sábado contra Costa Rica.

Eso sí, reconozco las ventajas de la camiseta republicana, por ejemplo, que los ultras del independentismo no insultarán ni agredirán a quienes la vistan en Cataluña y País Vasco y que incluso la llevarán en los mítines de Podemos, esos en los que desprecian el patriotismo español. O que, como es habitual desde hace cuarenta años, se habrá encontrado de nuevo una fórmula para satisfacer y apaciguar a todos aquellos que cuestionan la unidad de la nación y los sentimientos de españolidad.

La pantomima de Forcadell en el Supremo me recuerda al morado de la camiseta por la cantidad de españoles, sobre todo en nuestras élites, dispuestos a creer que ha habido arrepentimiento y voluntad de no reiterar en delito, comenzando por el propio juez. Que el morado es en realidad azul y Forcadell respetará la ley a partir de ahora. Un voluntarismo que se aplica igualmente a Junqueras y a los exconsejeros excarcelados, de los que se da por supuesto desde hace días que también se "arrepentirán" en el Supremo y podrán salir en libertad, lo cual permitirá satisfacer a los independentistas y tener unas elecciones con todos ellos en la calle y los golpistas apaciguados y contentos.

Y es cierto que se abusa de la prisión provisional en nuestro país y puede ser más que justificable que todos estén en libertad hasta que se celebre el juicio. Pero si lo están igualmente los demás políticos a los que se ha aplicado la prisión provisional por delitos menos graves que los cometidos por los golpistas. Y sin que nadie considerara la promesa de buen comportamiento futuro suficiente para eludir la cárcel. Quizá porque había que atender a la presión de la opinión pública indignada por la corrupción política y deseosa de ver decisiones judiciales ejemplarizantes para esa lacra política.

Ocurre con las ilegalidades nacionalistas, sin embargo, justamente lo contrario, que la presión de la opinión pública a la que siempre hay que atender es a la suya, a la de los nacionalistas. No a la de los millones de españoles indignados por décadas de interpretaciones legales benévolas para con ellos y estrictas para con todos los demás. Con la misma consecuencia de la camiseta republicana, la satisfacción de los que desprecian la bandera y el resto de símbolos nacionales y la creciente irritación de quienes cumplen la ley y defienden la bandera y la unidad de la nación.

Y esto vuelve a ocurrir, la camiseta republicana y la tomadura de pelo de Forcadell, justamente ahora que por fin el patriotismo español ha perdido el miedo y ha salido a la calle; seguramente, porque la camiseta fue diseñada hace un año y a Forcadell y compañía se les aplican igualmente los valores y el estado de la opinión pública de hace un año. De cuando se ocultaba el rojo y el amarillo y de cuando la única presión que valía era la nacionalista.

Edurne UriarteEdurne UriarteArticulista de OpiniónEdurne Uriarte