El botón rojo

Lo de machista es un comodín para comodones. A veces es preferible llamar a alguien gañán o botarate

Rosa Belmonte
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Granados ha implicado a Cifuentes y Aguirre en la caja b y a Cifuentes y González en la cama b. En su deposición del lunes, situó a Cifuentes en el núcleo de poder de campañas que no se pagaban con fondos oficiales (hasta que acabó su supuesta «relación sentimental» con Ignacio González). Querellas aparte, la mujer al frente de la Comunidad de Madrid ha calificado la verborrea de Granados de «cúmulo de falsedades». Ana Rosa Quintana ha preferido hacer una pregunta: «¿Dónde están las mujeres?». Creo que las mujeres tenemos que apretar el botón rojo de machismo, pero es que de tanto apretarlo está descolorido. El mismo botón que debimos pulsar cuando tras el debate de Arias Cañete y Elena Valenciano, él justificó su rabicorta actuación: «Si haces un abuso de superioridad intelectual, parece que eres un machista y estás acorralando a una mujer indefensa». Eres machista si pretendes tratar bien a una mujer y eres machista si cuentas que ha estado liada con alguien. Una revelación con dos direcciones y dos matrimonios. En lugar de machista (comodín para comodones) podemos llamar a uno gañán y al otro botarate. ¿Y si lo que se filtra es un vídeo con arneses donde el importante es un hombre qué clase de machismo es?

En una entrevista de 2010, Gay Talese le decía a Bárbara Celis que la llegada de las mujeres a la prensa y otras posiciones de poder había convertido los escándalos sexuales en noticia. «Cuando yo trabajaba en The New York Times todos los jefazos tenían líos sexuales, pero no se hacían públicos. Y todos sabíamos que el presidente Kennedy tenía muchas amantes, pero a nadie se le ocurría escribir sobre ello. La vida sexual de la gente no era noticia». Aseguraba que la entrada de la mujer en el mundo laboral había redefinido lo que era noticia. Según entiendo al atildado Talese, hablar de líos sexuales públicamente no sería machismo sino feminismo. Amárrame los pavos. Menos mal que las mujeres no mandan en los periódicos. No es un movimiento organizado, los medios de comunicación sólo reproducen estereotipos. Los hombres mandan y los hombres eligen a otros hombres porque les resulta más cómodo. Y se ve que las pocas mujeres que se cuelan están ávidas de que haya sexo en las páginas. Ya está bien que los hombres se tapen entre ellos. Pero si se cuenta que Rubia de pelo largo ha tenido un lío con Moreno de mecha blanca en cogote estamos ante una perrería machista.

Ya no sé a qué atenerme. Por ejemplo, con la huelga del 8 de marzo. Pretende ser no sólo laboral sino también de consumo, de estudio y de cuidados. Mi ignorancia será la de Arrimadas, pero lo de los cuidados me fascina. Si cuido a mi madre, ¿la dejo morir de hambre y mugre por la huelga? Esto sí es revolucionario. Hija, me muero. Pues encomienda tu alma a Dios, da un grito de ¡Viva España! y muere como una feminista. Hola, soy el general Moscardó de las huelguistas. Cuando el régimen talibán de Afganistán estaba en lo más alto de su barbarie contra las mujeres, fantaseaba con que todas se suicidaran y ellos tuvieran que intimar con cabras y gallinas. No dejaba de ser una fantasía. Esto parece real pero un poco el chufla chufla de Miguel Ligero no queriéndose apartar con su burro de la vía aunque llegara el tren. En una de las entregas de premios de Hollywood de hace unas semanas, William H. Macy dijo que era duro ser hombre estos días. Más duro es ser mujer. Tenemos lo de siempre (incluido que nos metan mano alrededor de la Kaaba; ¿pero dónde está la noticia?). Y encima nos dicen qué tenemos que pensar, hacer o apretar

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