Álvaro Martínez

El «bien colocao» Álvaro Martínez

Cuando parece que todo acaba y las luces del poder se apagan crepusculares, surge destelleante la especie del «bien colocao» que encuentra un banco público internacional, una embajada o una sociedad estatal donde seguir demostrando su «extraordinaria» valía

José Manuel Soria
José Manuel Soria - EFE
- Actualizado: Guardado en:

Siempre caen de pie y tienen la virtud de convertir la adversidad o la monotonía profesional en un nuevo empujoncito para arriba que les coloca un poco más alto. Aunque por su naturaleza se trata de una especie escogida dentro del Homo Hispánicus, y por lo tanto no es muy frecuente, el «bien colocao» es más vistoso que un pavo real y su irrupción llevar a rebufo una polémica que suele dividir en dos a la opinión pública: el 90 por ciento lo critica y el 10 restante lo considera normal y un justo reconocimiento a una «extraordinaria» carrera profesional y una valía de muchos quilates.

El último en llegar a este selecto club ha sido José Manuel Soria, que tuvo que dejar el Gobierno al conocerse que hace veinte años tuvo una sociedad familiar opaca en un paraíso fiscal, pero que para el Ministerio de Hacienda es, entre 47 millones y pico de españoles, la persona ideal para ocupar una plaza en las vicepresidencias del Banco Mundial. Los seleccionadores han tenido en cuenta su vasta experiencia en la Administración y que fue profesor de Macroeconomía, alcalde de Las Palmas, vicepresidente del Gobierno de Canarias y ministro de Industria... Lo que no dice la comisión de evaluación es por qué tuvo que dejar de ser ministro, un asuntillo que suele despertar el interés de la gente.

Una embajada

El «bien colocao» no ha dejado de ser una constante en cualquier gobierno, ya sea de ámbito estatal, autonómico o local y es una subclase del dirigente político que encuentra acomodo en una compañía privada de postín. El ejemplar que nos ocupa prefiere seguir en lo público. Como le pasó a José Ignacio Wert, con la embajada ante la OCDE, o Bernardino León, que pasó de la Moncloa a ser enviado especial de la UE para el Mediterráneo. Hay decenas de casos más allá por el mundo, es un asunto bastante trillado. Se trata de un individuo excelentemente relacionado con el poder, veterano en la pomada política. Lo que primero se cita de él es su currículum y que está «perfectamente acreditado» para el puesto para que el opta o directamente se le designa.

El «ejemplar cero»

Existe un caso casi paradigmático, el que podría ser el «ejemplar cero» de la especie. Se trata de Javier de Paz, cuyo principal activo fue ingresar en la Juventudes Socialistas a los quince años, organización que llegó a presidir en 1984. Y de ahí, a la gloria. Ha sido vicepresidente de la SEPI, secretario general de la Unión de Consumidores de España, consejero de Túnel del Cadí, presidente de la patronal Pan y Bollería Marca, consejero de Mutua de Accidentes de Zaragoza y del Grupo Panrico, presidente del Observatorio de la Distribución Comercial del Ministerio de Comercio, miembro del Consejo Económico y Social y de su comisión permanente, consejero de Tabacalera S.A. y presidente de la empresa pública Mercasa. Cuando Rodríguez Zapatero llegó al poder se produjo su gran salto al ser nombrado presidente de Atento, la filial de atención al cliente de Telefónica, un gigante mundial de la comunicación, rozando el medio millón de euros al año entre pitos (fijo) y flautas (variables). De Paz no terminó primero de Derecho.

Naturalmente, el anterior es un caso extraordinario de «bien colocao». No todos tienen semejante picoteo de puestos ejecutivos o valen para un roto y un descosido. Otros son profesionales competentes, con sólida trayectoria en el sector privado por méritos propios. Aunque no es extraño que esa prosperidad la alcancen en el sector público o al amparo de un partido. Ahí está el caso de Magdalena Álvarez, ministra de Fomento en el zapaterismo, consejera andaluza de Economía y de decenas de sociedades públicas más, como Aviaco, en cuyas butacas voló gratis al menos 444 veces... Pecata minuta si tenemos en cuenta que «ni partía ni doblá» se hizo con una vicepresidencia en el Banco Europeo de Inversiones, que tuvo que dejar cuando resultó imputada en el caso de los ERE. El pasado julio, un juez ratificó esa imputación. Y Rato, y Moratinos, y Rafael Estrella...

En defensa del «bien colocao» se esgrime que su generosa entrega a la cosa pública no puede detener la carrera de un profesional tan cualificado y brillante, una joya en cualquier consejo de administración. Puede ser, pero lo raro es cómo personas tan capacitadas, profesionales tan extraordinarios, no consiguen abrirse paso por su cuenta. La puerta giratoria debería funcionar para ponerle a uno también en la salida donde pone: «Hala, a buscarse la vida».

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios