Antonio BurgosSeguir

Besuqueos toreros Antonio Burgos

¿Por qué hablo de esa alternativa de Fuentes a Márquez, dándose caballerosamente la mano? Ahora ¡se pegan unos abrazos!

Escribir hoy de las elecciones americanas no tiene el menor mérito, a pesar de haber ido allí, no se sabe a qué, Pedro Sánchez, el Destripador del PSOE. Como, al leer la gratísima noticia de que se abre la causa de beatificación del genial escritor Muñoz Seca y otros 43 mártires de nuestra guerra, tampoco tiene hoy mérito hablar de los otros Paracuellos que hubo en España y que nadie recuerda; así como de los otros olvidados españoles que dieron la vida por causa de su fe, como mi abuelo político don Julio Herce Nogales, fusilado en Guadalcanal por el terrible delito de ser «de comunión diaria» y de ir con devocionario a misa, y que no sé cómo no ha sido incluido en la misma causa que su martirizado párroco, don Pedro Carballo Corrales.

Lo que de verdad tiene mérito hoy, con estos fríos y recién conocidos los resultados de las elecciones americanas que Pedro Sánchez no consiguió cargarse, es hablar de toros. En abril, cuando la Feria de Sevilla, o en mayo, por San Isidro, escribe de toros cualquiera. Lo difícil es ahora, cuando el festejo más cercano, déjame que te cuente, limeña, se celebra en Acho o en la Plaza México. ¿Por qué escribo de toros? Por una foto que me han enviado y que forma parte, por su fecha, de la que podríamos llamar Memoria Histórica del Toreo. Durante la guerra del Paracuellos del centralismo del martirologio y de las olvidadas periferias de los testigos de la fe, se siguieron dando corridas de toros. Llamadas «patrióticas» en muchos casos: en las fotos del paseíllo las cuadrillas aparecen con el puño cerrado, si es en un bando, o brazo en alto, si en el otro. En la foto que me han enviado no hay ni puños ni saludos a la romana. Hay mucha plaza de Sevilla al fondo, con las tablas engalanadas con la bandera rojigualda. Está tomada el 27 de mayo de 1937, día del Corpus del II Año Triunfal. En ella, don Luis Fuentes Bejarano da la alternativa al manriqueño y valentísimo Pascual Márquez, al que cedió un toro de Pablo-Romero. Y tras entregarle los avíos al toricantano, don Luis Fuentes no le está pegando un pedazo de abrazo a Márquez, ni toqueteándolo. Don Luis guarda las distancias rituales entre el maestro y el muchacho de Villamanrique de la Condesa que viene arreando con la valentía que le llevaría a la muerte tras la cornada que «Farolero» de Concha y Sierra le infiriera en Madrid cuatro años más tarde, en 1941. Fuentes Bejarano, tras doctorarlo, le da fríamente la mano a Márquez. Y al fondo no aparece en la foto testigo alguno, que estaría en lo suyo, en la lidia del toro de la alternativa. Y mira que ese testigo no era un chiquilicuatre de la parte seria del Bombero Torero, sino nada menos que don Domingo Ortega.

¿Por qué hablo de esa alternativa de Fuentes a Márquez, dándose fría y caballerosamente la mano? Porque eso ahora es impensable en el toreo. Ahora ¡se pegan unos abrazos en las alternativas! Vamos, como en el rito de la paz de las misas, que la gente hasta va dos bancos más atrás para pegarle un achuchón a alguien que no conoce de nada. Sí, ya sé: el de la alternativa tiene algo de abrazo académico y claustral al doctorando; pero la costumbre antigua y bonita era que el padrino y el toricantano se dieran la mano. Como cerrando un trato. Y si sólo fueran los abrazos de las alternativas y el testigo allí encima, de pasmarote, en vez de estar pendiente del toro... Anuncio que a la Fiesta ha llegado el besuqueo nacional. En tiempos de Fuentes Bejarano y de Pascual Márquez, hubieran llamado sencillamente mariconeo a que los toreros se besaran al llegar al patio de cuadrillas o al concluir el festejo. Ahora es lo normal. ¡Hasta los picadores se besan! Así que hay que cambiar urgentemente la letra del pasodoble de Fernando Moraleda: los toreros españoles cuando se besan, es que se besan de verdad. Para que veamos cómo se están degradando los ritos y el señorío de la Fiesta...

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