Hermann TertschSeguir

Bendito desastre el suyo Hermann Tertsch

Vuelve a haber esperanzas razonables de que no nos volvamos todos locos en España

LA dinamitación del PSOE de Rodríguez Zapatero se ha consumado. Ese inmenso favor a los españoles, la liquidación de la peor amenaza para el régimen democrático, se lo debemos a Pedro Sánchez. Nadie vio las inauditas cualidades destructivas del dirigente socialista cuando llegó hace dos años al mando. Pero ha hecho un gran servicio de voladura y demolición. Su desastre es nuestra bendición. Tiene sentido que fuera el líder socialista más polarizador y al tiempo más obtuso de su historia el que llevara las contradicciones de la vetusta organización más allá de sus límites de tolerancia. Y nos liberara así de tan perverso artilugio que había permitido combinar en su juego de poder la pretensión legitimista con el asalto revolucionario y anticonstitucional. Mientras armaba y nutría a los enemigos del Estado en sus diversas formas separatistas y totalitarias. El sábado pasado reventó hecha añicos la organización que, desde esa pretendida lealtad a la Constitución de 1978, ha alimentado desde antes ya del 2004, año negro para la historia de España, la permanente agresión a las estructuras institucionales, a las leyes y al orden político y económico de España y Europa. Con Sánchez ha estallado el PSOE de las cabezas, dos almas y dos colas. Zapatero lo creó y Sánchez lo ha dinamitado.

Al posarse el polvo y disiparse el humo ha hecho aparición un hombre sereno para decir las verdades necesarias para neutralizar tantas mentiras acumuladas desde hace tres lustros y en su apoteosis estos dos pasados años. Javier Fernández, un miembro socialdemócrata del PSOE que no pide perdón por considerarse un defensor del sistema democrático, ha expresado esa verdad evidente que hizo inevitable la voladura. El PSOE está podemizado porque lleva muchos años secuestrado por quienes han querido hacer del bloque de izquierda una formación guerracivilista enemiga de la constitución y de la ley, en la que nunca puede gobernar la moderación. Porque el mensaje revanchista totalitario cuajó en gran parte de su militancia, especialmente en la joven, cuanto más ignorante más adoctrinada en el frentepopulismo. Los cuadros democráticos del PSOE son pocos y débiles por muchas razones. Entre otras porque la derecha ha entregado los medios disponibles a la izquierda radical para destruir todo atisbo de moderación en una guerra mediática inaudita.

No va a ser fácil salvar lo que queda de PSOE de ser arrastrado definitivamente al odio revolucionario de Podemos y a la aventura destructora del separatismo en Cataluña. Sus muchos militantes «podemizados» son resultado de esa incansable agitación ideológica radical cuyo único motor real de voluntad política es el odio al PP, a la derecha «franquista» imaginaria y a la propia idea de España. Pero precisamente porque Podemos y sus satélites no son una opción democrática, sino totalitaria y violenta, hay espacio en España para una izquierda democrática. Que puede ocupar la linde izquierda del centro mucho mejor y con mejor derecho que esos sucedáneos socialistas que le salen al PP y que sistemáticamente traicionan al voto recibido con actitudes y políticas ajenas. Podemos puede inicialmente beneficiarse de la frustración de verse alejar el gobierno de un Frente Popular que creían ya hecho. Pero si se racionaliza el debate político entre partidos democráticos, se renuevan sus cúpulas y se entierran ciertos discursos, puede darse la oportunidad de acabar con la grotesca anomalía de los extremismos comunista y separatista. Se puede refundar un acuerdo nacional que muestre al separatismo sus límites en las fronteras inamovibles del territorio y el Derecho. Y afrontar los duros tiempos europeos que se vienen encima. Gracias a las inmensas insuficiencias de Sánchez, vuelve a haber esperanzas razonables de que no nos volvamos todos locos en España.

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