EFE

21-D, campaña para el cambio

El mayor riesgo volverá a ser un deslizamiento del socialismo catalán a fórmulas de coalición que reediten el tripartito de 2003 y que es el origen de la exasperación separatista

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En dos días comenzará la campaña electoral del 21-D para elegir nuevo Parlamento catalán, con unas condiciones políticas inéditas en democracia. Las elecciones han sido convocadas por el Gobierno central al amparo del artículo 155 de la Constitución. Los dirigentes del proceso de ruptura unilateral están pagando y penando por sus responsabilidades. Las previsiones anuncian una participación histórica. Los independentistas se han retratado como grandes fabricantes de fracasos y estafas. Los constitucionalistas tienen la ocasión propicia para sumar esfuerzos. Esta vez, ningún catalán puede decir que no sabe lo que vota y a quién vota. Aun así, las encuestas apuntan a una división en bloques entre los independentistas y los no nacionalistas, con los «comunes» de Colau disfrazando su soberanismo para que la extrema izquierda complete la mayoría que pueda faltarle a los separatistas.

Sin embargo, el principal riesgo para España, en su conjunto, y para Cataluña en particular podría no ser una reedición del frente secesionista, que ha acreditado su incompetencia política y está marcado en Europa con el desprecio. Además, ya está claro cómo funciona el artículo 155 de la Constitución y cómo se aplica el Código Penal cuando se pretende romper la unidad de España. El mayor riesgo volvería a ser un deslizamiento del socialismo catalán a fórmulas de coalición falsamente transversales que reediten aquel tripartito de 2003 presidido por Pasqual Maragall, y que es el origen de la exasperación separatista en Cataluña. La aparente renuncia de ERC a la vía unilateral es la coartada que una parte del socialismo catalán quiere utilizar para volver a pactar con el partido de Junqueras. Este sería el fin de la primavera constitucionalista en Cataluña y la regresión al «Pacto del Tinell» para, después de la Generalitat, intentar llegar a La Moncloa. Nada nuevo, porque es la estrategia que dejó escrita Zapatero en la mente del actual PSOE.

Hay que confiar en que los líderes del socialismo catalán tengan presentes los daños incalculables que sus antiguos socios de ERC, junto con la extinta CiU, han causado. El futuro político de Cataluña también es legítimo sin los nacionalistas en el Gobierno y esta es la opción por la que debería trabajar el PSOE. El PSC ya se equivocó en 2003 al banalizar el separatismo pactando con ERC. El cambio político en Cataluña exige un confrontación abierta con el separatismo, una batalla de ideas en la que los socialistas, el PP y Cs sepan en todo momento quién son sus adversarios. Advierte hoy de ello Albert Rivera en la entrevista que publica ABC. Porque el rival está en quien quiere romper España, en aquellos que cuelgan muñecos boca abajo en un puente catalán con las siglas de los constitucionalistas, como hacen los cárteles mexicanos con sus víctimas.