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Zambujo: «El fado es palabra, el flamenco depende del virtuosismo»

El pujante cantante portugués inaugura mañana el Festival de Fado de Sevilla en el teatro Lope de Vega con un concierto basado en su disco «Rua da Emenda»

António Zambujo
António Zambujo - V. M.
FRANCISCO CHACÓN - Actualizado: Guardado en:

Proviene de Beja, una coqueta localidad del Alentejo, pero se asienta desde hace 16 años en Lisboa. Es António Zambujo, uno de los nombres más pujantes del fado contemporáneo. Este hombre de aspecto sencillo encarna, junto a Camané, el inequívoco rostro masculino del género en la actualidad. Pero con una gran diferencia, él salta por encima de las etiquetas e incorpora influencias de músicas afines: la cadencia de Cabo Verde posterior a Cesária Évora, la sonoridad más típicamente brasileña, los toques jazzísticos…

Zambujo inaugura mañana el Festival de Fado de Sevilla, una cita consolidada en el teatro Lope de Vega que vivirá otras dos fechas: el 30 de noviembre con Ana Moura y el 10 de diciembre con Cristina Branco. Su álbum «Rua da Emenda», en referencia a la zona baja del barrio lisboeta de la Bica, lleva dos años cosechando un gran éxito en Portugal, como también su gira en compañía de Miguel Araújo. Su próximo paso es un inminente disco entero consagrado a realizar versiones del tótem brasileño Chico Buarque.

—¿Qué puede esperar el público de Sevilla?

—Voy a ofrecer un concierto basado en «Rua da Emenda», pero también incluiré temas de mis discos anteriores.

—¿Conoce la ciudad?

—Sí, sí. Tengo una larga relación con Andalucía y Extremadura. Cuando era joven (ahora tiene 41 años), iba a Sevilla a disfrutar de unos días de vacaciones. Incluso pasé un fin de año en la ciudad, tomando muchas copas [risas].

—¿Cree que existen vínculos entre el fado y el flamenco?

—En su origen, pero hoy no. Ambos son estilos musicales muy intensos, aunque un poco diferentes. El fado es palabra; el flamenco depende más del virtuosismo de los cantantes y de los guitarristas.

—¿Mamó en Beja el fado?

—El fado lo mamé de la inimitable Amália Rodrigues (de cuya muerte se acaban de cumplir 17 años). Luego conocí aún más su legado y fue precisamente ella la razón por la que me trasladé a Lisboa. Vine para interpretar a su primer marido en un musical sobre su vida y obra.

—El fado cantado por mujeres goza tal vez de una mayor popularidad...

—A mí me suelen gustar más los hombres cantando fado: Alfredo Marceneiro, Carlos Ramos, etc. Pero sí, es cierto lo que dice. Quizá porque hay más mujeres que lo cantan y, cómo no, por la referencia de Amália (inolvidable su dueto con Carlos Cano en «María la portuguesa») y de algunos nombres actuales, como Mariza o Ana Moura. De hecho, en muchos países creen que el fado sólo es cantado por mujeres.

—Y en Lisboa se quedó António Zambujo…

— Sí. Además de participar en ese musical, estuve siete años cantando en Senhor Vinho (una de las mejores casas de fado de la capital del país vecino, ubicada en pleno barrio de Lapa). Lisboa es el centro del fado, claro. Es como Sevilla para el mundo de la copla.

—Algunos de sus colegas confiesan que el fado es una forma de vida.

—El fado es música. Nada más. La vida es otra cosa, más compleja y más completa.

—¿Se interpreta mejor el fado si uno ha sufrido?

—Eso es una idiotez. Yo soy feliz, tengo la vida que siempre quise. Pienso que el sufrimiento no tiene nada que ver. El fado es un canto a los poetas.

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