Natural - Sitio

Daniel Fernández: «Las batallas por el medio ambiente se ganan en las redes sociales»

Guadarrama es un referente para este psicólogo que dirige Greenpeace en nuestro país. Aquí busca la tranquilidad que necesita en su día a día

Daniel Fernández, recién elegido presidente de Greenpeace España, posa en el valle de la Barranca
Daniel Fernández, recién elegido presidente de Greenpeace España, posa en el valle de la Barranca - ISABEL PERMUY
PILAR QUIJADA - Actualizado: Guardado en: Natural , Sitio

Desde mediados del pasado mes de junio, Daniel Fernández, de 35 años y psicólogo de formación, es el nuevo presidente de Greenpeace España. Muy unido a la sierra de Guadarrama desde su infancia, Daniel deja bien claro que es «activista antes que psicólogo, y es por esa parte de activismo medioambiental y de derechos humanos por la que llego a la presidencia de la organización». Lo explica a los pies de La Maliciosa, «una montaña de aspecto muy fiero y de nombre muy adecuado, con esas aristas que dificultan alcanzar su cima». La miramos desde el valle de la Barranca, bien cimentado en su recuerdo, porque aquí pasó un verano entero, en el hotel del mismo nombre, que ahora está cerrado.

Muchos otros rincones de la sierra son especiales para Daniel: «Cuando yo era pequeño, mi familia alquilaba todos los años una casa en Cercedilla y veníamos cada fin de semana hasta que tuve diez años. Mi padre murió hace dos años, y para mí su recuerdo está unido a la Sierra de Guadarrama», explica. Entre sus favoritas, la ruta de los Miradores, «que parte desde las Dehesas de Cercedilla y lleva a una serie de puntos panorámicos con nombre de poetas. En cada uno hay una caja de metal con libros de poemas que acaban desapareciendo en unos meses, porque la gente se los lleva», denuncia Daniel. Hay otros sitios «especiales», «como la primera cima de Siete Picos, donde fuimos a despedir a mi padre cuando murió. Cada vez que vuelvo me acuerdo de él».

«Tenemos una serie de esquemas mentales equivocados respecto a la forma de relacionarnos con la naturaleza que hay que cambiar»

En el ambiente relajado del valle de la Barranca, que nos aísla del ajetreo de la ciudad, bañados por la luz anaranjada de la tarde, característica de esta época del año, Daniel deja fluir su pensamiento: «La psicología representa a mi padre, que era psicólogo. Yo me parezco muchísimo a él. Y ahora que me he dejado barba, más». Dice que cuando le tocó escoger una carrera, pensó en informática, física o matemáticas, «asignaturas que se me daban bien, pero mi padre me ganó para la psicología. El comportamiento humano me ha causado siempre mucha curiosidad. Uno se mueve por lo que le apasiona y el ser humano es apasionante para mí. En el fondo, la defensa del medio ambiente tiene mucho que ver con el comportamiento humano. Nuestros problemas medioambientales dependen de cómo el ser humano se comporta a nivel social y cultural con el planeta. Tenemos una serie de esquemas mentales equivocados respecto a la forma de relacionarnos con la naturaleza que hay que cambiar».

Su formación como psicólogo no tarda en salir: «Para resolver un problema no hay que fijarse tanto en las causas que lo originan como en los factores que lo mantienen. Como psicólogo considero que el deshielo del Ártico o la desaparición del Amazonas, son síntomas. Pero hay una serie de factores que llevan a eso y lo mantienen, como los sistemas económicos y sociales actuales. Y es ahí es donde deberíamos actuar para frenarlo. Sin ese cambio, por mucho que consigamos santuarios en el Ártico, será inútil. Hay que cambiar la mentalidad de quienes creen que la naturaleza solo tiene valor si es útil para el ser humano. Tenemos que defenderla por sí misma».

«Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores (de la Tierra), autorizados a expoliarla»

Alaba la encíclica «Laudato si’» del Papa Francisco, sobre «el cuidado de la casa común», que empieza así: «"Alabado seas, mi Señor", cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: "Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba". Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla».

La iglesia, cómplice

Daniel resalta que jóvenes de Geenpeace de varios países agradecieron al Papa esta labor en favor del medio ambiente en su reciente visita a Polonia. Para ello, explica, los activistas de la organización, que iban en kayaks, extendieron una gran pancarta en el río Vístula con el retrato del Papa y su frase: «El cambio climático es un problema que no podemos dejar a las futuras generaciones». Para el presidente de Greenpeace España, esta encíclica, «la primera que Francisco ha escrito en su totalidad, es una defensa en sí misma de la naturaleza y un alegato a las causas sociales que hay detrás. El Papa junta muy hábilmente los dos conceptos que acabo de comentar».

Es la primera vez que esta organización tiene un gesto así hacia un Papa, que ha resultado ser, en palabras de Daniel, «un aliado inesperado». Y destaca que además une en ella su llamamiento a la paz: «Este es un mensaje muy de Greenpeace, defensa del medio ambiente y de la paz. Yo, que no soy una persona creyente, este tipo de mensaje los agradezco muchísimo. Me alegra mucho este giro de la Iglesia».

Ciberactivista

«Con las redes sociales consigues llegar a la gente de forma más dinámica»

Se define como «ciberactivista». «No soy la persona que ha vivido más aventuras al estilo Greenpeace. Cuando llegué debieron verme más cara de gestión. Yo he sido siempre activista desde el despacho, a través de las redes sociales. Fui de los primeros». Y es que ahora, dice, algunas batallas por el medio ambiente se ganan en las redes sociales. Y pone como ejemplo a las youtubers Yellow Mellow y María Cadepe, que suman más de tres millones de seguidores y han sido las embajadoras de Greenpeace de este año para salvar el Ártico. El pasado 6 de junio se embarcaron en el «Artic Sunrise» con un mensaje claro: «Lo que pasa en el Ártico no se queda en el Ártico». «Consiguieron 100.000 firmas en unos días, algo que en la calle lleva meses lograr. Con las redes sociales consigues llegar a la gente de forma más dinámica. Y con el ciberactivismo logras que la gente haga suyo el mensaje y llegue a sus amigos y vecinos».

Vamos saltando de un tema a otro, mientras Isabel le hace las fotos. Al principio se muestra reticente al posado, «no soy muy fotogénico», explica. Pero poco a poco, en este agradable lugar, se va relajando. Cuando ve el resultado, cambia de opinión. Y entre foto y foto cuenta que uno de los primeros «sacrificios» que decidió hacer fue renunciar a los langostinos, una Navidad hace 8 años. Una experiencia sencilla de la que sacó lecciones importantes: «Uno aprende hasta qué punto un mensaje duro a veces tiene efecto contrario al perseguido. No basta decir que no, hay que dar alternativas». Asegura que es hombre de obligar poco y razonar más: «El ordeno y mando no sirve en una organización como Greenpeace, en la que somos de desobedecer».

«Hay que cambiar la mentalidad de que la naturaleza solo tiene valor si es útil al ser humano»

Es hora de volver, pero nos cuesta arrancar. Como dice Daniel, «tener las montañas tan cerca te da una visión algo mágica. La geología te enseña lo relativo del tiempo y lo poco que lleva el ser humano sobre el planeta», comparado con moles como La Maliciosa, que empezó a encumbrarse hace 65 millones de años, cuando los dinosaurios poblaban la Tierra y los mamíferos, la clase a la que pertenecemos, apenas se aventuraban a salir de sus madrigueras.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios