Marten Scheffer, momentos antes de la entrevista
Marten Scheffer, momentos antes de la entrevista - JOSÉ RAMÓN LADRA
Premio BBVA Fronteras del Conocimiento

Marten Scheffer: «En 10 años puede que Doñana no sea como la conocemos hoy»

El ecólogo cree que es necesario poner control al uso del agua en nuestro parque nacional más emblemático

Actualizado:

El trabajo de Marten Scheffer (Amsterdam, 1958) ha venido a demostrar que cuando se ponen más presiones en un ecosistema éste no reacciona de forma gradual, sino que hay un momento en que cualquier perturbación por mínima que sea puede desencadenar el colapso. Su investigación le ha valido este año el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ecología y Biología de la Conservación. Charla en Madrid con ABC Natural de las amenazas que se ciernen sobre algunos de los lugares que él mejor ha estudiado, como Doñana.

En uno de sus últimos trabajos, publicado en la revista «Science», identificaba a Doñana, la Gran Barrera de Coral y la Amazonía como los ecosistemas icónicos del planeta en alto riesgo. ¿Por qué están amenazados?

Los tres están en riesgo por una combinación de factores, aunque un tema común a todos ellos es el cambio climático. Para los arrecifes coralinos el riesgo es la subida de la temperatura y la acidificación del agua; los bosques tropicales se enfrentan a la sequía y las altas temperaturas, lo mismo que Doñana. Esto en relación al clima, pero en cada uno de estos sitios hay efectos que tienen que ver con el manejo local. En el bosque tropical está en relación con cuántos árboles se pueden talar; en los arrecifes coralinos, con la presión pesquera y la polución que llega desde tierra, y en Doñana el problema es la competencia social por el agua -la mayor parte de la extracción que se hace es para producción agrícola, pero también hay consumo de los pueblos de alrededor- y la eutrofización del agua. Las dos cosas tienen un efecto en la misma dirección y en sinergia con el clima. Pero los tres son ejemplos de ecosistemas que están en peligro en la Tierra: arrecifes coralinos, bosques tropicales y lagos o humedales.

¿Cómo funciona esa sinergia en Doñana?

Con la cantidad del agua está claro: si hay menos lluvia y temperaturas más altas, falta el agua. Y si se sigue extrayendo agua y bajando el nivel freático de los acuíferos, peor. La eutrofización también trabaja en la misma dirección que las altas temperaturas.Hay dos problemas peligrosos en los sistemas de agua dulce como Doñana. Uno es el aumento de la cobertura de plantas flotantes. Si hay muchas plantas flotantes -que pueden ser exóticas o nativas-, no pasa la luz y bajo el agua no hay oxígeno y se muere todo. Además, al faltar el oxígeno el sedimento libera fosfato. Y luego tenemos a las cianobacterias. Cuanto más alta es la temperatura, aumenta la posibilidad de predominancia de las cianobacterias, algo que también ocurre si tenemos más nutrientes porque con agua más turbia las cianobacterias crecen muy bien y acaban desplazando a otras especies de fitoplancton. El problema con las cianobacterias es que pueden ser muy tóxicas y pueden matar también a la fauna. Todos estos son ejemplos de lo que llamamos «tipping points», que ocurren cuando una pequeña perturbación puede desencadenar un cambio más radical.

¿Y cómo se pueden identificar esos puntos de inflexión?

Bueno, muchas veces sólo se sabe después del colapso. Por tanto, el desafío es tratar de medir si se está cerca de un punto crítico antes de que pase. Hay sistemas en los que se puede estudiar muy bien un cambio de estado, como los lagos o, incluso, los humanos, con la depresión, que es otro ejemplo de esos puntos de inflexión. Se puede estudiar repetitivamente, muchas veces. Pero con el clima no se puede, porque no hay posibilidad de repetición. El trabajo en el que estoy ahora es precisamente ese, buscamos maneras de medir si estamos cerca de un punto crítico. Lo llamamos «indicadores de resiliencia» y lo sorprendente es que hay indicadores que son muy universales. Tan universales que el mismo tipo de indicador puede funcionar para predecir si tú estás cerca de una depresión clínica, si el clima está cerca de un cambio radical o si un bosque tropical está cerca de un colapso. Esto es sorprendente, porque todos ellos (humanos, clima, bosque tropical) son sistemas complejos y muy distintos, pero todos tienen esa cualidad.

¿Cuáles son esos indicadores universales?

La recuperación lenta ante una perturbación. Normalmente los sistemas están en equilibrio, y si se produce una perturbación se recuperan rápidamente. Pero si esos sistemas están en una situación crítica esa recuperación es más lenta. Es lo que se llama ralentización crítica, y ahora estamos entendiendo que ocurre en muchos sistemas complejos cuando se acercan al punto crítico.Y lo estamos tratando de medir, aunque con el clima no se pueden hacer experimentos. Con el clima lo que ocurre es que las fluctuaciones son más lentas, grandes pero lentas, el clima de ese año se parece más al clima del año anterior y, por tanto, la recuperación al estado normal se retrasa. Lo mismo ocurre con la depresión humana: te pasa algo, por ejemplo, se te rompe un zapato y lo arreglas, y al cabo de una o dos horas ya estás bien de ánimo, no pasa nada, pero si al día siguiente todavía estás mal es una mala señal.

Volviendo a Doñana. Las organizaciones conservacionistas en España llevan tiempo alertando de que está muy cerca de ese punto de no retorno. ¿Esto es así?

No es un punto de no retorno, sino de difícil regreso. Y si uno pasa ese punto, se pierde tanto que costará mucho más recuperarlo de lo que ahora cuesta prevenirlo.

¿Y cuáles serían las acciones prioritarias que deberían llevar a cabo las autoridades competentes para que Doñana se aleje de esos puntos de difícil regreso?

Lo primero es cerrar todos los pozos ilegales y controlar el regadío. Es necesario hacerlo. Y después hay que crear instalaciones para limpiar el agua y asegurarse de que funcionan bien. Yo entiendo que hay deseos de mejorar la situación, pero parece que todavía no está dando sus frutos. El nivel freático del acuífero sigue bajando y los niveles de nutrientes en las aguas no descienden. Así que parece que el desafío no es sólo el pensar en lo que uno debería hacer, sino también asegurarse de que pasa. Yo no conozco a fondo la comarca, pero por lo que me han explicado muchas de estas responsabilidades recaen en los municipios, en lo local, y eso siempre es difícil. Hay una diferencia entre la teoría y la práctica local. Básicamente es un problema social, por lo que entiendo que hay que trabajar con las autoridades locales, porque al final son ellos los que pueden hacer algo. Pero a veces no tienen la capacidad ni la fuerza que tienen las instituciones nacionales o internacionales. Pero todo depende de lo que pase allí localmente. Y eso es un gran desafío.

Y si todas esas soluciones de las que habla no se ponen en marcha… ¿Cuán cerca está Doñana de colapsar? ¿Cuántos años tenemos?

Es impredecible, porque puede ser que haya unos años lluviosos o años secos, esto último sería fatal. Por eso tenemos que manejar la resiliencia para poder sobrevivir los años secos. Si no lo hacemos, Doñana se va a ver muy mal en 40 años, pero podemos tener mala suerte y que sea en diez. En cualquiera de los casos, y aunque es difícil en estos casos decir las cosas con mucha certidumbre, la amenaza sobre Doñana es tan fuerte, que no creo que sea como la conocemos hoy en día.

¿Cuáles serían las consecuencias de que Doñana colapsara?

Se va a perder biodiversidad. Pero creo que las consecuencias son más bien para nuestros hijos y nietos. Uno quiere preservar un planeta bonito y saludable y que ellos lo disfruten. Si miramos a lo que ha ocurrido en el pasado, en la Tierra ha habido varias situaciones con cambios climáticos radicales, en lo que se perdieron la mayoría de las especies. Y siempre se recuperó, pero tardó más o menos un millón de años. Entonces, tenemos la responsabilidad de que nuestros nietos no tengan que esperar un millón de años para tener el planeta como nosotros lo disfrutamos.