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El mapa de los árboles más antiguos de España

Testigos silenciosos de la historia, algunos de estos ejemplares superan los 1500 años

Haz clic en los distintos iconos del mapa para ver su imagen y obtener información sobre su edad, dimensiones y emplazamiento

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Corría el siglo IV, España era conocida como Hispania y el emperador Constantino I se encontraba en el poder, cuando las semillas de estos árboles comenzaban a germinar. La Farga de Arion el Tejo de Barondillo o los Castaños de Nuestra Señora de la Alcobilla, echaban sus primeras raíces en una tierra que les vería crecer a lo largo del tiempo.

Ellos son los seres vivos más longevos de nuestro país: han cobijado los encuentros amorosos de nuestros ancestros, han sido testigos de guerras, de celebraciones... Y sin embargo, ahí permanecen, saliendo airosos, al menos de momento, a los ataques de plagas, las inclemencias del tiempo, la acción del hombre...

«Los árboles aguantan mucho pero como cualquier planta necesitan oxigeno, espacio, un soporte con nutrientes y agua; cualquier merma importante en alguno de esos factores produce un debilitamiento en la planta que es aprovechado por insectos, hongos, virus,…», señala Susana Domínguez Lerena, presidenta de Bosques Sin Fronteras y coordinadora del grupo de trabajo de «Árboles Singulares» de la Sociedad Española de Ciencias Forestales.

«Uno de los problemas más comunes en los árboles de gran parte de nuestro territorio son las podas abusivas que sufren, algunas sin objetivo y sin sentido, lo que les genera graves problemas sanitarios y estructurales. Muchos de los árboles reiteradamente podados de forma salvaje son auténticos cadáveres en pie», alerta.

El tamaño no importa

Los distintos puntos en el mapa superior muestran los que son, según diversas fuentes, los ejemplares más ancianos de nuestro país. Sin embargo, es necesario señalar que existe controversia en cuanto a la datación de los diferentes especímenes. «No hay estudios serios y si los hay, no se ponen en conocimiento de los responsables de los catálogos. Cosa que es una pena», lamenta Domínguez Lerena.

Así, para calcular la edad de un árbol, en muchas ocasiones se recurre erróneamente a su tamaño. Sin embargo, es necesario valorar también otros factores: «la olivera de España, por ejemplo, es un árbol de unas dimensiones impresionantes. Pero hay que tener en cuenta que está al lado del mar, por lo que en esas condiciones su nivel de crecimiento es óptimo», afirma. «Por tanto, en este caso, no podemos basarnos sólo en sus dimensiones para calcular su edad. Ahora bien, otra pista de su longevidad es que se trata de un olivo que cuenta con un tipo de variedad de aceituna que ya no existe».

Por ello, se debe tener en cuenta que no siempre los árboles más ancianos son los más grandes: «El problema es que la gente confunde tamaño con edad y eso no es así porque no solo depende de la especie sino de las condiciones de crecimiento, el clima, la situación,…»

En el siguiente gráfico se muestran los 12 especímenes que serían los más ancianos de nuestro país:

¿Cuántos años tiene?

La mayoría de los árboles desarrollan anillos de crecimiento que ayudan a determinar no sólo su edad sino también su 'historial' ya que permiten descubrir los daños que ha sufrido a lo largo del tiempo. «La anchura de los anillos es la clave», explica la experta. «Los de mayor espesor nos indican que las condiciones de vida del árbol fueron mejores. Mientras que los daños producidos por heladas, sequías, plagas o enfermedades pueden estrecharlos e incluso producir anillos dobles en un mismo periodo de crecimiento».

De este modo, a través de la toma de muestras de madera del tronco (sin dañar el árbol) se puede calcular de manera bastante fiable cuántos años tiene un ejemplar.

Sin embargo, esa extracción resulta imposible en algunos árboles ya que se encuentran huecos o podridos por dentro. En estos casos se recurre a la realización de estimaciones basadas en su crecimiento o en las historias o leyendas que existen en torno al mismo.

De hecho, es común que muchos de los ejemplares más antiguos, como el Tejo de Santa Coloma (Asturias) o el Pino de la Virgen (La Palma), cuenten con una iglesia a su lado. Esto se debe a que los cristianos asimilaron el carácter mágico que que se les atribuía a ciertos árboles y por ello edificaban sus templos junto a ellos.

Edad programada

Además de los factores externos, la longevidad de un árbol va también asociada a su familia. De este modo, aunque la mayoría de especies pueden superar los 100 años sin problemas, hay variedades que están 'programadas' para perdurar en el tiempo.

«Para una encina no tiene ningún mérito llegar a los tres siglos de vida, a esa edad se encuentra en plenitud de facultades y en uno de sus momentos más productivos. Para un chopo llegar a los 300 años es un logro importante, pues a esa edad se encuentra en la decrepitud de su vida, en la senectud», señala Domínguez Lerena. Otras especies como los olivos y los dragos alcanzan del mismo modo longevidades considerables. No en vano, en 2015 la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) realizó un estudio por el que se determinaba que el olivo monumental de Ulldecona era el árbol fechado más antiguo de la Península, con más de 1700 años.

«Aunque no hay reglas estrictas y siempre hay una excepción que la confirma, las especies de crecimiento lento suelen ser las más longevas porque desarrollan la estrategia de emplear su energía en construir una madera más densa, dura y fuerte para aguantar muchos años. También hay otras especies que, además de madera densa, pueden perpetuarse mediante brotes de cepa que pueden formar un nuevo árbol, como los tejos», explica la experta.

Sea como fuere, todos estos árboles son un legado único, testigos silenciosos de nuestra historia, que se rigen como auténticas catedrales en los bosques.