El temor de los peces a los tiburones aumenta las algas marinas en los arrecifes de coral
El temor de los peces a los tiburones aumenta las algas marinas en los arrecifes de coral - ABC

Así alteran los tiburones el ecosistema

Crean una atmósfera de temor entre los peces, lo que contribuye al crecimiento de las algas marinas en los arrecifes de coral

MADRIDActualizado:

El miedo de los peces a los tiburones ayuda a formar hábitats de arrecifes poco profundos en el océano Pacífico, de manera que los escualos alteran el ecosistema creando una atmósfera de temor y contribuyen al crecimiento de las algas marinas.

Así lo afirman investigadores de Australia y Estados Unidos en un estudio publicado en la revista Scientific Reports, donde señalan que esas complejas relaciones, conocidas como cascada trófica, existen en toda la naturaleza, pero los vínculos a menudo son díficiles de idetificar.

Los científicos observaron los arrecifes ubicados a lo largo de la costa de Fiyi. Muchas de sus islas están rodeadas por arrecifes intermareales poco profundos que se encuentran comúnmente en el Pacífico. Mediante un seguimiento ambiental y experimentos, descubrieron que los tiburones alteran el comportamiento alimentario de los peces que comen algas, lo que repercute en la cadena alimentaria.

«A pesar de que los tiburones son depredadores carismáticos que captan el interés de muchos, todavía tenemos una comprensión muy básica de sus roles ecológicos en la naturaleza», apunta Doug Rasher, investigador principal del Laboratorio Bigelow de Ciencias Oceánicas (Estados Unidos) y autor principal del estudio, quien añade: «éste es el primer lugar donde hemos determinado que los tiburones no son sólo pasajeros en el ecosistema, sino que realmente dan forma a su aspecto y funciones».

Los tiburones cubren largas distancias y consumen una variedad de presas

En entornos de todo el mundo, el miedo a los depredadores puede alterar en gran medida el comportamiento de alimentación y los movimientos de los herbívoros. Sin embargo, comprender el impacto total de esos efectos en un ecosistema puede ser difícil. Esto es especialmente cierto con depredadores grandes como los tiburones, que cubren largas distancias, se alimentan con poca frecuencia y consumen una variedad de presas. Estos depredadores no se pueden estudiar con eficacia a través de enfoques tradicionales y sus impactos se difunden de forma natural a lo largo de los lugares y los tiempos.

En función de la marea

Para evitar estos desafíos, los investigadores se centraron en un pequeño número de especies que con mayor probabilidad estarían involucradas en una cascada trófica: las algas marinas más comunes, los peces que las consumen y los tiburones de arrecife que se alimentan principalmente de peces.

También se enfocaron en el hábitat del arrecife que más probablemente fomentará una cascada trófica: el hábitat intermareal poco profundo. En la marea alta, esta región es accesible para los depredadores que se encuentran en las aguas más profundas cercanas. Los tiburones y otros grandes depredadores hacen viajes de caza predecibles durante este tiempo. Con la marea baja, el área se convierte en una serie de lagunas que están aisladas del mayor paisaje marino, por lo que es un refugio de los depredadores.

«La amenaza de la depredación es una fuerza poderosa en la naturaleza. Todos los animales del planeta prefieren perder el almuerzo antes que almorzar, por lo que sus acciones a menudo reflejan ese sentimiento», añade Rasher.

La confluencia del terreno y la marea en los arrecifes poco profundos creó un ciclo de riesgo predecible. El estudio revela que los peces herbívoros preferían alimentarse en marea baja en las lagunas aisladas, cuando los depredadores estaban ausentes y la amenaza de depredación era baja. Esto mantuvo las algas en un mínimo en esas áreas, pero les permitió florecer en la parte superior del arrecife, que sólo era accesible durante la marea alta cuando los depredadores patrullaban la zona.

«La importancia ecológica de los tiburones sigue siendo un tema polémico, pero aquí hemos demostrado que pueden causar cascadas tróficas en determinadas condiciones», recalca Rasher.