PRUEBA

Mercedes-AMG Clase E 43 4Matic: Deportividad y elegancia

Se comporta sobre el asfalto como un atleta de alto rendimiento, gracias a su propulsor V6 Biturbo de 401CV

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El equilibrio está en el medio, y el Mercedes-AMG Clase E43 4Matic es buena prueba de ello. No es la versión más enfocada para viajar de la berlina alemana, ni tampoco la más potente, ya que su propulsor de 401CV es superado por sus hermanos mayores, el Mercedes-AMG E 63 4MATIC+ de 571 CV y E 63 4MATIC+ de 612 CV. No obstante, ofrece ambas cosas, confort y deportividad, en grado sumo.

Esta última es su característica más destacada. Se comporta sobre el asfalto como un atleta de alto rendimiento, y una conducción ceñida a los límites legales (no lo hemos probado en circuito) permite intuir que llega técnicamente mucho más lejos del lugar donde termina la habilidad -y el buen juicio- del conductor. Lo hace en el elegante envoltorio de la sexta generación del Clase E, ya que esta versión deportiva «de acceso» apenas añade algunos detalles que pasan desapercibidos para los menos atentos, como las insignias Biturbo en las aletas, unas estilizadas llantas AMG de 20” (opcionales frente a las de serie, de 19”) y, en el interior, un volante achatado en su parte inferior y el estampado AMG en los asientos.

Donde sí cambia respecto al modelo de base es bajo el capó, donde un poderoso V6 biturbo abre un mundo nuevo de sensaciones al afortunado que se sitúe tras el volante. Todas sus cifras son asombrosas, desde los 4,6 segundos que tarda en acelerar de 0 a 100 kilómetros por hora hasta el par de salida y el par máximo, de 520 Nm a apenas 2500 revoluciones.

En román paladino, potencia suficiente para quedar pegado al asiento mientras suena un delicioso ronroneo, idóneo para complacer al conductor pero no lo suficientemente ruidoso como para incomodar a los pasajeros. Especialmente grato es el modo Sport+, uno de los cinco entre los que permite elegir, junto con el Eco, el Comfort, el Individual y el Sport. Todos ellos actúan sobre la dirección, la suspensión y el motor, y algunos de ellos, como el Eco, sobre variables como la función «start and stop», activándola o desactivándola.

El resto de la deportividad la pone la tracción total inteligente, que envía envía más fuerza a las ruedas traseras (69%) que a las delanteras (31%), y un ágil cambio automático de 9 velocidades, que también retiene al reducir la velocidad y que casi hace innecesarias las levas situadas junto al volante, salvo por diversión o en situaciones de necesidad de rendimiento extraordinaria.

En entornos urbanos resultan recomendables las opciones Eco y Comfort, ya que amansan la bestia lo suficiente como para no notar tirones al salir desde parado, que en el modo más radical, pensado especialmente para circuito -donde puede tambien sacarse partido al medidor de fuerzas G, al contador de vueltas y al indicador de par- resultan imposibles de evitar. Estas dos opciones también permiten aminorar el consumo que es, lógicamente, el punto negativo de esta berlina de altas prestaciones. Homologa 8,2 litros a los 100 y en nuestra prueba, realizada a velocidades siempre cercanas al límite legal, no bajó de los 13.

Respecto al interior, éste se mantiene, como mencionábamos, sin grandes cambios sobre el modelo de base, a excepción de los asientos, de tipo más deportivo, con mejor agarre pero también más duros y menos confortables para viajes largos, y el cuero exclusivo napa AMG negro. En el salpicadero, luce la impresionante doble pantalla que Mercedes ha comenzado a incorporar en sus nuevos modelos, y que precisamente estrenó el Clase E.

Cabe reseñar que nuestra unidad contaba con algunos extras recomendables, como frenos cerámicos de alto rendimiento -idóneos para aquel que quiera hacer un uso exigente de todas las cualidades deportivas-, climatización automática Thermotronic, sistema de sonido surround Burmerster de alta calidad y un espectacular techo corredizo panorámico eléctrico con dos ventanas, una para los asientos delanteros y otra, más pequeña, para los traseros.