Lotería de Navidad El turbulento origen de la Lotería de Navidad en medio de la Guerra de Independencia

Carlos III importó la Lotería Nacional de Italia para hacer frente a los problemas económicos de la hacienda real española

«El dos de mayo de 1808 en Madrid», pintura de Goya
«El dos de mayo de 1808 en Madrid», pintura de Goya

El Rey Carlos III es el artífice de las reformas más intensas que sufrió España en el siglo XVIII y el impulsor de la Lotería Nacional en España. Junto a varios consejeros italianos y un espíritu reformador, Carlos se trajo a España algunas de las fórmulas que le habían funcionado en Nápoles y Sicilia para aumentar la recaudación sin necesidad de subir los impuestos.

El nuevo Monarca importó, entre otras muchas ideas, una lotería a nivel nacional para recaudar el mayor dinero posible. Fue el origen de la Lotería Primitiva, que medio siglo después fue imitado en su funcionamiento por las fuerzas antinapoleónicas para crear el antecedente de la Lotería de Navidad que hoy conocemos y que cada año reparte fortuna y dinero a miles de españoles.

Si bien los juegos de azar y los sorteos no eran una novedad en España, la Lotería de Números (lo que hoy es la Primitiva) fue recibida con mucho entusiasmo

Carlos III buscó instaurar este tipo de juego de azar para hacer frente a los problemas económicos de la hacienda real. Frente a una crisis económica que se había convertido en crónica desde el cambio de dinastía, el Monarca hizo traer a España al director de la lotería napolitana, don José Peya, quien se encargó de dar forma al sorteo. En apenas unos meses se autorizó, por el Real Decreto firmado por el Marqués de Esquilache el 30 de septiembre de 1763, el establecimiento del juego en Madrid.

Si bien los juegos de azar y los sorteos no eran una novedad en España, la Lotería de Números (lo que hoy es la Primitiva) fue recibida con mucho entusiasmo por el pueblo español en su primer edición el 10 de diciembre de 1763, con un sistema muy similar al actual. En aquel sorteo, el 75 por ciento de lo recaudado se destinó a premios y el 25 por ciento restante fue para el Estado.

Una lotería antinapoleónica

Hubo de esperar casi medio siglo para que, en 1812, naciera el antecedente directo de la actual Lotería Nacional, la conocida como «Lotería Moderna», una lotería a espaldas del dominio napoleónico. Con la Guerra de la Independencia, España estuvo dividida en dos partes bien diferenciadas: la controlada por el hermano del emperador, José Bonaparte, y la antifrancesa. Frente a los problemas de liquidez de esta segunda, el Ministro del Consejo y Cámara de Indias, Ciríaco González Carvajal, presentó ante las Cortes Generales y Extraordinarias en Cádiz (sede de la resistencia hispana) un nuevo proyecto de lotería como «un medio de aumentar los ingresos del erario público sin quebranto de los contribuyentes».

La idea era recaudar todos los reales que se pudieran con el objetivo de expulsar a las tropas napoleónicas de la península. El sistema del sorteo, según estableció, sería similar al que existía en Nueva España (actualmente México) y que había creado Carlos III. Así, la creación de esta lotería se aprobó el 23 de noviembre de 1811 y el primer sorteo se celebró el 18 de diciembre de 1812. Este primer «gordo de Navidad» se lo llevó el número 03604, y el montante ascendió a 8.000 reales, para una persona que tan solo había invertido 40.

Doña Manolita, una de las administraciones de loterías más populares en 1929
Doña Manolita, una de las administraciones de loterías más populares en 1929

Precisamente por el parecido de su funcionamiento con la lotería instaurado por Carlos III, ambos sorteos fueron bautizados con distintos nombres para diferenciarlos: la más antigua (la de Números) fue denominada «Primitiva» y la nueva, «Moderna». La forma de participar en el sorteo, no obstante, era mucho más enrevesada de lo que es hoy en día. El interesado debía seleccionar los números a los que quería apostar de entre un total de 90. A continuación, elegía la cantidad de dinero y finalmente el tipo de apuesta que realizaría.

Éstas podían ser varias: «extracto simple», en la que el jugador escogía un solo número y obtenía premio en caso de que fuera uno de los cinco extraídos; «extracto determinado», donde además de escoger un número se especificara el lugar en el que sería extraído; «ambo», en la que se debían escoger dos números sobre los que realizar la apuesta; y «terno», en la que se realizaba la apuesta sobre tres números.

A raíz del éxito de esta lotería, surgió una legión de videntes, canallas, bribones y tunantes dispuestos a beneficiarse de la codicia de quienes querían ganar con atajos. Entre los manuales supuestamente matemáticos para acertar los números del sorteo se encontraba «Misterios de la Lotería Primitiva ó el Gitano Cabalista del siglo XIX», escrito por un hombre de etnia gitana que citaba los números que saldrían supuestamente del bombo en los años siguientes obtenidos a través de la magia de las cartas. Incluso afirmaba haber creado un sistema perfecto para ganar llamado «la jugada del diablo».

El cambio de nombre a Lotería de Navidad fue 1892

En poco tiempo, los sorteos de la Lotería Moderna se comenzaron a celebrar dos veces al mes ante la gran demanda y se oficializó la celebración del sorteo extraordinario de Navidad. En paralelo a este crecimiento, la Primitiva entró en decadencia y fue abolida por la Ley de Presupuestos del 4 de mayo en 1862, lo cual causó de rebote el cambio de nombre de la Lotería Moderna a la de Billetes, puesto que ya no hacía falta diferenciarla de su competidora. No en vano, los escasos consumidores de la Primitiva formaban parte de las clases populares y fue necesario ajustar el precio de la de Billetes para absorber a esta clientela. Se optó, asimismo, por añadir tres sorteos más y se redujo el precio de la fracción mínima a diez reales en dos sorteos y a cuatro reales en otros tres sorteos. Una disminución radical del precio que dio lugar al formato clásico.

Fueron los niños del colegio de San Ildefonso, la más antigua de Madrid dedicada la infancia, los encargados de cantar los nombres

En el sorteo específico de la Lotería Nacional celebrado el 23 de diciembre de 1892 se le cambió el nombre por Lotería de Navidad, aunque el título no apareció impreso oficialmente en los billetes hasta 1897. Hasta entonces a este sorteo específico de las fechas navideñas se le había llamado «prósperos de Premios». Desde este primer sorteo, fueron los niños del colegio de San Ildefonso, la más antigua de Madrid dedicada la infancia, los encargados de cantar los nombres. Además, a partir de esa fecha también se implantó el sistema de bombos y bolas de madera que se sigue utilizando hoy.

Asimismo, en 1985, el Gobierno recuperó la Primitiva, cuyo sorteo se volvió a celebrar a partir de la publicación del BOE en agosto de ese mismo año. El primer sorteo se realizó el 17 de octubre de 1985 con una excelente recaudación donde las ventas fueron de 473.213.425 pesetas. Desde ese momento, la Primitiva se llevó a cabo los jueves de cada semana.

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