
La jugadora española Marta Mangué realiza un lanzamiento a portería. / EFE
Un lanzamiento postrero, entre una maraña de brazos, dió a Francia un punto ante España. Un punto inmerecido e injusto, que lo logró por su superior capacidad atlética, por las deficiencias del banquillo ibérico y por la permisividad de unos colegiados que, en el momento de la verdad, hicieron la vista gorda ante las infracciones de las subcampeonas del mundo. El empate, empero, debe suponer para las de Dueñas la confirmación de que son mejores de los que enseñaron el priemr día, pero también de que es necesario más recursos en ataque. Francia empezó a remontar el partido con una sencilla y clásica mixta sobre Macarena Aguilar, la directora española.
El comienzo fue para enmarcar, para servir de inicio de curso en la escuela de entrenadores. Dejar en siete goles en media hora a Francia, el equipo con el mejor lanzamiento de todo el torneo, es un mérito dificilmente cuantificable. Solo al final del campeonato se podrá valorar realmente la gesta. España planteó un 5-1 extraordinariamente profundo que dificultó de manera espectacular las acciones ofensivas de las 'blues'. Y en las contadas ocasiones en que la hiperactividad de la defensa no llegaba a tiempo, allí aparecía Silvia Navarro para frenar desde dentro del área cualquier arranque rival. Ocho paradas se marcó la guardameta, que no encajó ningún gol en la primera mitad desde más allá de nueve metros. El viejo axioma del balonmano de que cuando la defensa defiende, el portero para, se cumplía de nuevo.
En ataque, Dueñas diseñó un sistema elegante en la sencillez: Macarena al mando de las operaciones escoltada por Nely Carla y Marta Mangué. Y la jugada casi siempre la misma: balón hacia la izquierda, finta de giro de la hispano-guineana, y balón de vuelta para encontrar la penetración o la bola al pivote. Diez goles. Y porque Leynaud, la mejor guardameta del mundo, sacó tres siete metros y dos lanzamietnos de seis metros.
La segunda parte fue más de lo mismo, pero con la diferencia de que Francia ordenó una mixta sobre Marcarena Aguilar. Fue una decisión desesperda, para intentar frenar la sangría de goles que provocaba el inteligente juego de la de Ciudad Real. Y les salió bien. España perdió fluidez y capacidad de penetración, y como lanzamietno exterior no hay, por ahí se escapó la victoria. Por ahí y por los cinco lanzamientos de siete metros errados. Muchos para un torneo de este nivel.