Jaime sonríe cuando se le pregunta sobre si le tienen ganas al Illampu, montaña de la cordillera oriental de los Andes situada al norte de La Paz, a la cual no pudieron llegar a la cima por sólo 700 metros. Esta montaña, con una altura de 6.368 metros, era una de las dos junto al Huayna Potosí (también en Bolivia), que los alpinistas Jaime Navarro, de 25 años, Juan Carlos Galán, de 33 y Carlos Solís, de 31,-estos dos últimos del Club Montañeros Sierra del Pinar-, intentaron encumbrar; y con esa idea partieron a principios de julio estos tres jerezanos.
El viaje lo estuvieron planeando un año antes. Estudiaron a conciencia a través de libros, internet y consejos de compañeros de escalada todo lo que pudieron recabar sobre éstas dos montañas. Jaime fue el primero en llegar a La Paz. Mientras que Juan Carlos y Carlos ya habían escalado en otras montañas de Sudamérica, para Jaime era la primera vez que se marchaba fuera de España a escalar. En la capital, situada a 3.640 metros sobre el nivel del mar, Jaime se encargó de preparar los últimos flecos necesarios para la expedición. El 16 de julio, ya con los tres en Bolivia y después de varios días de aclimatación, empezaron el ascenso al Illampu.
Illampu, intento fallido
Hasta los 4.600 metros, Carlos, Jaime y Juan Carlos tuvieron el apoyo de dos mulas para llevar el pesado material que llevaban. A partir de ahí fueron estableciendo sus campamentos a 5.000 y 5.300 metros respectivamente, teniendo que subir y bajar continuamente para transportar, ya sin las mulas, el material.
La alimentación en estos tipos de esfuerzos es fundamental. Sin embargo, ésta no era muy cuantiosa. Jaime cuenta que perdió cinco kilos de peso. «Nos llevamos desde paquetes de galletas, y cosas para untar con pan como paté y mermelada, hasta papilla y cereales, pasando por embutido, barritas de cereales y sopas de sobre, además de mucho líquido».
Lo más duro de la ascensión para Jaime era la soledad. «El estar todo el día con la mochila, pensando en lo que haríamos en el caso de tener un accidente, ya que no teníamos un teléfono satélite con el que comunicarnos...»
Desgraciadamente, el Illampu le pasó factura a Carlos, que sufrió de mal de altura. Se quedaron a 700 metros de la cima.
El día 26 de julio, después de dos días de descanso en La Paz, Jaime y Juan Carlos se propusieron ascender el Huayna Potosí, de 6.088 metros, esta vez sin Carlos, todavía convaleciente.
Ese mismo día, un coche les dejó a 4.600 metros y escalaron hasta el campamento Argentina, a 5.450 metros, donde durmieron hasta las cuatro de la mañana, para a las nueve hacer cumbre después de sufrir los contratiempos de las heladas temperaturas.
A pesar de que se financiaron el viaje, agradecen el patrocinio de Zmutt, Boreal, Mund, Osborne, Altus, El Corte Inglés y Fixe, sin cuya ayuda les hubiera sido más difícil su meta.
También le quieren dedicar la ascensión a su compañero Manolo Salazar, miembro del club Sierra del Pinar, fallecido recientemente en el pico Mulhacén haciendo lo que más le gustaba: escalar.
«¿Pero dónde está el cazo del agua?»
Para no llevar más peso de la cuenta, los chicos llevaron un cazo para calentar nieve y tener agua. Pero un día, se les olvidó en el campamento. Se quedaron solamente con dos botellas con poco más de medio litro de agua. No tuvieron más remedio que rellenar las botellas con nieve y metérselas entre las piernas dentro del saco de dormir para que se derritiese el hielo, ya que con el frío que hacía por las noches no había otra manera de hacerlo. «No sabes el frío que pasamos esa noche», cuenta Jaime.