La crisis económica no perjudica a todos por igual en el sector turístico. Los campings no han recibido hasta el momento el impacto negativo del tsunami. Sus precios económicos son una buena arma para resistir el embate en tiempos de vacas flacas. Así lo corroboran desde el Camping Las Dunas de El Puerto.
A falta de que se analicen las cifras, el verano se está desarrollando a buen ritmo. La ocupación media de estos últimos meses ha sido aproximadamente del 60%, un porcentaje que está aumentando considerablemente según avanzan los meses fuertes. Los fines de semana pocas de las 2.157 plazas que tiene este equipamiento quedan libres, tanto en la zona de acampada como en los bungalows.
Las Dunas recibe huéspedes de los perfiles más variopintos, aunque por lo general, quienes se decantan por esta opción tienen una vocación más aventurera que quienes reservan un hotel. No son pocas las familias numerosas y las parejas de mediana edad que deciden pasar unos días en un enclave de más de 13 hectáreas situado entre la playa y las dunas de San Antón. Eso sí, los fines de semana abundan sobre todo los grupos de jóvenes amigos. María, Ana y Beatriz son tres cordobesas que ya han repetido la experiencia varios años. «Hay piscina, bar, buen ambiente, naturaleza y está lado de la playa», esgrimen como motivos para su periódico retorno.
Marta García también lleva muchos años viniendo y opina «que es ideal para pasar un fin de semana todos juntos». «Además, es barato», añadió. Eduardo Ramírez ha venido este año por primera vez desde Cuenca y asegura que «es una buena opción para convivir con los amigos». A Sergio Casas, lo que más le gusta es que le da la posibilidad de relacionarse con la naturaleza, algo que evidentemente no ocurre en los hoteles del entorno, por muy lujosos que sean. Para Javier Ramírez, ir de camping es la opción preferente. El hecho de que acampar entre pinos y eucaliptos sea «barato y a la vez divertido» decantan la balanza.
En invierno, el perfil del usuario es completamente distinto. Jessica Valero, recepcionista del camping, cuenta que «en temporada baja sólo reciben extranjeros y algún que otro fin de semana aparecen clientes de la provincia». El hecho de que los precios sean más que asequibles -un adulto puede pernoctar con una tienda de campaña por poco más de diez euros la noche-, no influye sobremanera en el nivel medio de los clientes. Jessica señala que «casi todos son de clase media». Lo curioso es que fuera de la temporada alta, éstos son sobre todo personas de mucho poder adquisitivo, incluidos los que no son extranjeros. Se trata de «personas con bastante tiempo y dinero disponible pera recorrer toda Europa, comenta la recepcionista.