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CÁDIZ - JEREZ | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

Jerez

MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ PSICÓLOGO DE LA DELEGACIÓN DE SERVICIOS SOCIALES DE JEREZ

«En Jerez son bastante frecuentes los casos de menores a cargo de adultos en situación de riesgo, y en un futuro esos niños serán posiblemente adolescentes que exploten su rabia»
27.02.09 -

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«Hay padres que repiten la misma violencia que utilizaron con ellos»
OBJETIVO. Fernández sujeta con fuerza los casos que intentará resolver. / ESTEBAN
Confieso que cuando la entrevista se desarrolla por temas sociales, donde los conflictos familiares alcanzan a niños o adolescentes, en algún momento me cuesta poner distancia y lo que me cuentan traspasa el rol profesional que nos protege a todos. Miguel Ángel habla pausado, convencido y convincente. Aptitudes excelentes para su trabajo, como lo son los estudios que ha realizado para tal fin, como máster en Intervención en menores. Trabaja como psicólogo en la Dirección General de Bienestar Social del Ayuntamiento. Y forma con trabajadores sociales uno de los tres equipos de Tratamiento Familiar.

-Los casos que tratan en Centro, Delicias y Granja son de familias que no han solucionado sus problemas por ellos mismos. ¿Qué dificultades tienen?

-A los equipos de Tratamiento Familiar nos llegan casos en los que hay menores de edad a cargo de adultos en situación de riesgo. Aquí entra todo lo que te puedas imaginar. Desde menores en los que se ha detectado que no están adecuadamente atendidos por sus familias, hasta aquellos que son víctimas de maltrato. También nos llegan padres desbordados por algo que les ocurre en relación con sus hijos y solicitan apoyo, asesoramiento y tratamiento.

-¿De qué perfil estamos hablando?

-Aquí no hay problemas ni soluciones estandarizadas. Cada familia trae una disposición distinta; sus recursos personales, su historia es distinta Cada familia es un mundo y ni hay ni habrá una familia que pase por nuestro servicio sin enseñarnos algo nuevo.

-¿Qué grado de solución tienen?

-En general, casi siempre se consigue que mejore la situación, aunque muchas veces eso signifique tener que elegir lo menos malo posible. Y si no desaparecen los problemas, al menos se reconducen hasta unos niveles tolerables. Hay que saber que los valores humanos nacen, pero también se hacen con el entorno.

-¿Cómo se detecta el problema?

-Las familias nunca acceden a nosotros directamente. Un número significativo vienen encomendadas por el Servicio de Protección de Menores o la Fiscalía de Protección. Otros casos han sido detectados por centros educativos, de Salud o la propia policía, y los ponen en conocimiento del Ayuntamiento. De muchos de los casos se ha tenido conocimiento a través de los propios ciudadanos que los ponen en conocimiento de los Servicios Sociales. Si bien de otros nos enteramos a través de los propios afectados, que acuden al Ayuntamiento solicitando ayuda, generalmente a las trabajadoras sociales de Primera Atención, que son las que, tras recoger la primera información, proponen que por sus características el caso pase a nuestros equipos.

-La educación si bien no garantiza, sí ayuda, ¿no?

-Una buena educación en las familias supone siempre un cierto factor de protección que, si no garantiza la solución, al menos facilita mucho el encontrar la forma de mejorarla. Pero no confundir educación con formación. Hay infinidad de padres y madres que no tuvieron acceso a formarse y han dado a sus hijos una educación excelente. Aquí hablamos de inteligencia, sí, pero de inteligencia emocional. Más que referirnos a falta de formación, habría que referirse a falta de sensibilidad. Y eso está muy repartido en todas las capas sociales.

-¿Cuáles son las zonas con más problemática?

-Jerez está dividido en tres grandes zonas en lo que respecta a los equipos de tratamiento. Y cada equipo tiene poco más o menos la misma carga de trabajo. Ya le digo que no se trata de problemas económicos. Casos como los que nosotros atendemos pueden surgir en cualquier barriada.

-¿Cómo afecta a las relaciones familiares el desempleo?

-Las carencias económicas graves en una familia pueden hacer que aparezcan tensiones y conflictos que de otro modo no habrían aparecido. Es una situación que pone a prueba la relación.

-Problemas más graves que llegan.

-Los que se machacan a los menores con el pretexto de que es lo mejor para ellos. Los niños se encuentran indefensos ante el maltrato, el abandono.

-Después cuando llegan a la adolescencia

-Han ido creciendo y se les ha pasado por alto algunas señales que les podían haber alertado de que había algo que no estaba bien, pero con los hijos a veces se mantienen una actitud condescendiente y a los padres se les pasa muchas cosas por alto aunque se les pone cara de «eso no nos gusta», y eso nunca es bueno. A los hijos hay que tratarles con respeto pero exigirles que hagan las cosas bien. Pero después escuchas a la familia y descubres que sus padres también tuvieron una infancia difícil, y eso vuelve a repetirse de cómo fueron ellos educados, qué valores creen que tienen, pues no siempre lo que la gente cree que tiene coincide con lo que tiene de verdad.

-Aclarando que no es la generalidad, ese niño pequeño y dócil creció y es ahora cuando vienen las discusiones.

-Exactamente. No hablamos de la generalidad de las familias, afortunadamente. Estamos hablando de casos que se salen de lo normal. Contando que todos los adolescentes tienen la necesidad de transgredir las normas, todos hemos tenido esa edad y hemos hecho actividades que no nos habían autorizado, eso son adolescentes normales. Aquí hablamos de chicos y chicas que van mucho más allá. Y lo que más llama la atención es la rabia que tiene dentro ese adolescente, esa dureza que muestra al sufrimiento que él le provoca a los demás y por qué es tan insensible a lo que hace. Nos preguntamos ¿por qué no le paran los llantos de la madre, el sufrimiento que está provocando a las familias? Porque está tan lleno de rabia que ya le da igual.

-Que no mal interpreten mis palabras, que no lo voy a disculpar, pero ¿quién protegió a Miguel (asesino de Marta) cuando tenía 12 años y con todas las dificultades en las que creció?

-Este chaval tiene 20 años, está en la primera juventud, pero claro que habrá que preguntarse dónde estábamos todos cuando este chaval tenía 12 años. No se trata de exculpar, se trata de entender que todos tenemos una responsabilidad hacia los menores y que todas las personas que fracasan en la juventud no hace mucho eran esos niños. Por eso es tan importante la prevención y claro que hay pedirle cuentas por lo que ha hecho, pero si no queremos que vuelva a ocurrir casos como éste, hay que educar a la gente. Y muchas veces vemos a menores que sabemos que no es que se vayan a convertir en asesinos, afortunadamente, pero lo ves venir y dices: «No me extraña que haya sido él». Porque sabes de las circunstancias tan difíciles en las que se ha criado y ha crecido.

Me cuenta Miguel que «los adolescentes normales no son insensibles», que juegan con nosotros a transgredir las normas, a ponernos a prueba. Miran a ver si la autoridad de los padres sigue ahí. Ese juego es normal y sano, les hace crecer. «Y será un adolescente que le duela ver a su madre llorar y se viene abajo, se siente culpable y le pide perdón, y dice que se ha equivocado y se te derrota. Pero los casos que vemos son de chicos-as tan cargados de rabia que desembocan en violencia. Le pides al chaval explicaciones y te llama la atención la insensibilidad, esa dureza de carácter que muestra. Y luego esos padres te cuentan: «Y no se arrepiente, no te pide perdón, es que parece que está esperando que nosotros bajemos la cabeza para volverlo a hacer». Pero no se alarmen, ésa es la excepción.

-Insisto, ¿cómo se ha llegado a esta excepción, a esa rabia que genera actos de violencia con los padres, con su pareja o en la calle?

-Mire, el denominador común de todos los adolescentes antisociales o que hayan causado daño a otras personas es la baja autoestima, ni entiende que se le pueda querer ni sabe querer a los demás. Es el mayor sufrimiento que le causa a un ser humano, la soledad con la que vive. Lo que son lo tienen escondido, les da vergüenza mostrarlo, no están orgullos de lo que hacen. Pensando que si se rebelan a los demás, a éstos no les va a gustar lo que van a ver. Entonces se dedican a portarse mal y faltan el respeto a sus padres, que les devuelven esa imagen violenta, y el primero que no cree en él es él mismo.

-¿Qué ha pasado en su vida? ¿Qué relación han tenido con sus padres?

-Hay varios caminos. Existen adolescentes que desde pequeños sus familias tienen unas expectativas tan altas sobre a lo que van a llegar, sobre los estudios que pueden desempeñar, que se han derrotado de puro miedo al fracaso antes de llegar a la edad adulta. Otros han tenido modelos de padres inadecuados, que resolvían los temas en casa recurriendo a la violencia, y cuando ellos han tenido cuerpo suficiente lo único que han hecho es imitar el modelo que veían en casa. El papá se lleva las manos a la cabeza y dice: «¿Cómo ha llegado mi hijo a este extremo?». Pues mire, ha llegado a esto porque usted ya había cogido el camino, lo que ocurre es que el niño le ha superado. Les cuesta verlo porque sería responsabilizarse. Reflexionar y decir «eso que está haciendo mi hijo lo ha cogido de mí».

-La justificación

-Esa actitud desgraciadamente está muy generalizada. Y a veces a los hijos los educa la tele, los colegios Los centros educativos se han ganado el papel de chivo expiatorio de todos los padres que tienen los hijos con problemas. «Mi hijo era bueno hasta que llegó al instituto», eso lo oímos todos los días. Y es verdad que todos los profesionales que trabajamos con jóvenes estamos de acuerdo en que el sistema educativo necesita una reforma a fondo, porque el resultado deja mucho que desear, y las instancias europeas nos lo dicen con datos. Pero al margen de esto, los padres tienen que darse cuenta de que los niños necesitan una familia y que es tan importante como antes o más. Porque hoy en día nos cuesta más trabajo tener referencias.

-La vida moderna nos ha traído muchas cosas buenas, pero tenemos situaciones de riesgo que antes no existían, ¿no?

-Es verdad que antes uno crecía en el mismo barrio durante mucho tiempo, todo el mundo te conocía, los lazos eran estrechos, te ayudaban Y todo eso le permitía a uno construir una identidad fuerte. La gente crecía sabiendo quién era. Ahora nos cambiamos de casa varias veces y los abuelos, los primos se ven de vez en cuando. El tener la familia cerca ayuda porque si surge un problema también surgen ayudas.

-Volvemos a los niños que tratan. ¿Cómo van creciendo?

-Están creciendo en unas condiciones que no son las adecuadas, eso son la mayoría de los casos que llevamos. Niños que no pueden defenderse, que están creciendo sin las necesidades básicas: problemas de higiene fuertes, que necesitan ir al médico y los padres no los llevan. Que a la hora de corregirlos les pegan violentamente. Familias de esos niños que ya son mayores con graves problemas. Son situaciones en las que están en riesgo los niños y somos nosotros los que nos dirigimos a los padres para que cambien su forma de actuar.

-¿Qué pautas les dan, qué recursos ponen al alcance de estos padres?

-Lo fundamental con estas familias es establecer una relación de colaboración lo más cercana posible, apoyándoles, poniéndoles en contacto con recursos específicos si lo necesitan. Dándoles pautas educativas que ellos tampoco han tenido. Algunos padres nos confiesan que «es que así me trataban a mi los míos». Antes un padre decía: «Es mi hijo y hago con él lo que quiera». Eso, afortunadamente, no pasa. Antes el problema, como el de las mujeres maltratadas, estaba escondido y ahora sale a la luz pública. La sociedad actúa apoyada también por la influencia tan grande de los medios de comunicación en la dinámica social. Lo que pasaba desapercibido hace años ahora se denuncia o vienen los padres a pedir ayuda. Estos casos se pueden ir solucionando, lo peor son los que no se conocen y existen. Eso es lo grave.

Por eso Miguen Ángel me acerca un número de teléfono que ustedes podían apuntar en su móvil y llamar en caso de conocer algún caso de maltrato o dejadez de las funciones de padres. Porque los niños son lo primero llame al 900 851 818.

-¿Qué consejos da a padres de adolescentes?

-Que en la adolescencia el menor necesita descubrir que él es algo más que el proyecto educativo de sus padres. Necesita descubrir y expresar que él es él mismo. La forma en que lo haga dependerá muchísimo de en qué condiciones haya llegado toda la familia a ese momento. La crisis del adolescente le llega a él y a todos los demás miembros, que deben de cambiar el chip a la hora de tratarlo. Especialmente los padres, claro. Es ingenuo pensar que los problemas graves de comportamiento que aparecen en algunos adolescentes llegan de golpe. Lo más frecuente es que ése sea simplemente el momento en el que el problema se revela. Cuando les sale la rabia que habían acumulado. Cuando pequeños obedecían, ahora protestan.

-Algunos jóvenes cuando cumplen 18 años piensan que tienen derecho a todo. ¿Qué les dice?

-Que intenten consensuar unas normas que permitan que cada uno haga lo que desee siempre que no lesione los derechos de otros miembros de la familia. Si hay buena voluntad, casi siempre se puede llegar a soluciones a través del dialogo.

-Y el incumplimiento de esas normas genera conflictos.

-Lo que ponen en evidencia los conflictos graves no es que ya no se respetan esos límites, si no que ya no se respeta a las personas. Cuando unos padres se quejan de que su hijo, ya mayor, no les tiene ningún respeto, ha llegado el momento de hacerse muchas preguntas. Hoy en día abundan los casos de padres que se quejan de que sus hijos les tratan mal cuando ellos lo han dado 'todo' por ellos y nunca les han exigido 'nada'. Les cuesta entender que esa no era una buena línea educativa. A algunos padres les cuesta trabajo ponerse en lugar de los hijos.

Le hago una observación divertida sobre el pendiente de oro que lleva en la oreja «es mi punto de rebeldía», dice mientras me confiesa que «de muchas familias guardamos un recuerdo entrañable». Otras se alegran de librarse de nosotros y no se lo reprochamos, las circunstancias son diferentes unas de otras. Hay que entender que lo que más beneficia al menor no siempre coincide con lo que agrada a los padres.

«Los padres que no sepan abrazar y decir te quiero a un hijo ¿que aprenda!; a los hijos hay que quererlos incondicionalmente, sean como sean». Estamos de acuerdo.
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