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Todos ellos habían utilizado la versión china de Skype, que en este país es suministrada por el Grupo TOM, un consorcio de las telecomunicaciones creado por grandes compañías de Hong Kong. Al parecer, este socio chino de Skype, que contaba con 69 millones de clientes habría permitido que el régimen de Pekín estuviera al corriente de sus conversaciones, convirtiéndose en una especie de gran hermano cibernético.
«Es de conocimiento público que la censura existe en China y que el Gobierno supervisa desde hace años las comunicaciones dentro del país o hacia el extranjero», se justificó el presidente de Skype, Josh Silverman, quien explicó que «TOM tuvo que cumplir las leyes en vigor y estaba previsto que un filtro impidiera la difusión de ciertas palabras o comunicaciones inaceptables».







