
La afición española se alzó furiosa contra los italianos de la grada, insultando con dureza a Simoncelli, al que acusaban de haber cometido una torpeza imperdonable que había acabado con los dos pilotos en la gravilla. Pero Bautista reaccionó pronto. Se levantó, se dirigió hacia su rival y se disculpó.
El motor de su Aprilia había gripado en el peor momento y su brusca frenada motivo el accidente. En el box, al que tuvo acceso LA VOZ junto a otros pocos periodistas, reconoció que la culpa de impacto fue de una avería en su máquina. «Tal y como estaba la situación había que jugársela, así que en la última vuelta he tirado todo lo que he podido, pero se me ha parado el motor. No esperaba que Simoncelli estuviera tan cerca. Me sorprendió tanto como que nadie más me siguiera», explicó abatido Bautista, más por haber provocado la caída que por su propia mala suerte.
Bautista prefirió no hablar mucho sobre la reacción de Simoncelli, pero confesó que el italiano estaba visiblemente emocionado y que aceptó las disculpas entre lágrimas.









