No le falta razón, aunque se olvida de hacer referencia a la poca vergüenza de los que han querido hacerse ricos en dos días hinchando los precios para obtener unos beneficios descomunales. Era la cultura del pelotazo y una época en la que el más tonto invertía en ladrillo porque sabía que iba a obtener más rentabilidad que con el mejor fondo de inversiones.
Sinvergüenzas eran los agonías que no dudaban, incluso, en comprar voluntades para conseguir más y más. Como el dueño encubierto del Xerez, un tal Juan Antonio Roca que, por lo visto, utilizó al club azulino para blanquear dinero conseguido ilícitamente en Marbella. wjamison@lavozdigital.es







