La voz de Román, de 41 años, padre de tres hijos y trabajador en una empresa de transformación agraria, no ha recuperado la pasión que provoca el enfado. La perdió aquel domingo cuando su hijo entró en el hospital con diagnóstico grave, nueve puntos en la cabeza y una fisura en el cráneo tras ser agredido durante un partido que disputaba con su equipo, el Conil Juvenil, en Chiclana. Los posibles agresores, buena parte de ellos menores de edad, han empezado a desfilar por el cuartel de la Guardia Civil de Chiclana. Juan teme que la Ley reguladora de la responsabilidad penal de los menores sea demasiado transigente con los presuntos culpables. Pero tampoco esta posibilidad le arranca una sola palabra malsonante. «Sólo espero que todo esto sirva para algo. Por lo menos para que el temor a las consecuencias impida que algo así vuelva a repetirse», afirma este conileño. De las primeras pesquisas del cuerpo armado salen nombres que pronto se convierten en caras en la cabeza de Juan, padre e hijo. «Mi hijo sí cree conocerlos. Ha jugado con ellos, contra el equipo de Chiclana, hace años. Pero cada vez queda más claro que el incidente no tuvo nada que ver con el deporte, sino con una gresca anterior en una discoteca».
Sin odio
Juan no siente odio, pero tampoco lástima. Aunque no puede evitar ponerse en la piel de los padres de los presuntos agresores. «Imagino que lo estarán pasando mal. No debe ser agradable ver a tu hijo en el cuartel de Guardia Civil».









