Foto de archivo del presidente sudafricano, Jacob Zuma, mientras jura el cargo durante su investidura en Union Buildings, Pretoria (Sudáfrica) el 9 de mayo de 2009
Foto de archivo del presidente sudafricano, Jacob Zuma, mientras jura el cargo durante su investidura en Union Buildings, Pretoria (Sudáfrica) el 9 de mayo de 2009 - EFE
África

El Congreso Nacional Africano decide destituir a Zuma

El partido gobernante afirma que no le han dado un ultimátum

Corresponsal en JohannesburgoActualizado:

El Congreso Nacional Africano (ANC, por sus siglas en inglés) ha decidido destituir al presidente Jacob Zuma tras la negación de éste a renunciar voluntariamente. Esta mañana altos cargos del partido habrían entregado en mano la carta con la solicitud formal de que dimita, según los medios locales.

La decisión fue tomada la madrugada del martes tras un encuentro del Comité Ejecutivo Nacional (NEC), principal órgano de toma de decisiones del ANC, de más de 13 tensas horas de deliberación y una reunión cara a cara entre el todavía presidente y Cyril Ramaphosa, el líder del partido y vicepresidente. Se esperaba que fuera un enfrentamiento decisivo entre los partidarios del veterano líder y los que respaldan una transferencia de poder rápida al nuevo líder. Según fuentes próximas al partido, el ANC le habrían dado 48 horas a Zuma para renunciar y éste les habría pedido tres meses más al frente del país. En las próximas horas el partido gobernante hará publico el contenido de esta reunión celebrada ayer en Pretoria.

El ANC quiere que Ramaphosa, quien fuera mano derecha de Nelson Mandela, se convierta en presidente y los medios locales apuntan a Lindiwe Sisulu, una incondicional del ANC e hija de los veteranos de la lucha de liberación Walter y Albertina Sisulu, como probable vicepresidenta.

La estrategia de la oposición es otra. Ayer se reunieron los principales partidos para pedir que la salida de Zuma se produzca lo antes posible. El partido de ultraizquierda Luchadores para la Libertad Económica (EFF) impulsó una moción de confianza prevista para el 22 de febrero. Sin embargo su líder, Julius Malema, solicitó ayer a la presidenta del Parlamento, Baleka Mbete, adelantar dicha moción a este martes a las 10:00. Finalmente dio de tiempo hasta la 13:00 para tomar una decisión, de lo contrario tomará acciones legales. Para la oposición, no es suficiente con que Zuma renuncie, piden la disolución del Parlamento tras la celebración de dicha moción y elecciones anticipadas. Para disolver el Parlamento, los partidos de oposición necesitarían una mayoría de votos, esto es 201 diputados de los 400; incluso si todos los diputados de la oposición votaran a favor, todavía necesitarían el apoyo de, al menos, 50 miembros del ANC y el partido gobernante no está preparado para afrontar elecciones en los próximos tres meses tal y como está previsto que suceda si la moción prospera.

A estos encuentros de la jornada del lunes hay que sumarle el intento de movilización por parte de los detractores del presidente, que habrían movilizado a 60 autobuses, y que no prosperó debido a amenazas y falta de organización. Todo este ruido durante la jornada del lunes tenía un cometido: añadir más presión a Zuma y que éste renunciara tras una semana especialmente tensa. Sin embargo, su dimisión quedó en un rumor difundido por un medio estatal (SABC) quien confirmó a media tarde que el presidente había llegado a un acuerdo con el ANC; una información desmentida poco después por el portavoz del presidente Bongani Ngqulunga.

Negociación frustrada

El vicepresidente del gobierno sudafricano desde 2014, de 65 años, mantuvo reuniones con Zuma para hablar sobre la transferencia de poder a principios de la semana pasada. Entonces, el exlíder sindical y uno de los hombres más ricos del país dijo que las conversaciones habían sido «fructíferas y que el asunto se resolvería en los próximos días». Sin embargo, el domingo Ramaphosa anunció que la decisión final la tomaría el NEC el lunes. En el marco de los eventos conmemorativos del centenario del nacimiento de Nelson Mandela y coincidiendo con el 28 aniversario de su liberación, el que fuera su mano derecha pidió paciencia a los sudafricanos e instó al máximo organismo de toma de decisiones del partido gobernante a «finalizar» el proceso. De su discurso puede leerse que las negociaciones –iniciadas el martes pasado- entre los dos máximos líderes no han prosperado como estaba previsto. Los rumores de la inminente renuncia del jefe del ejecutivo se habrían topado con un endurecimiento de la postura de éste. El viernes la primera dama, Tobeka Madiba-Zuma, decía en las redes que su marido «terminaría lo que empezó y que no acataría órdenes de más allá del Océano Atlántico», unas declaraciones por las que la familia Zuma pidió perdón poco después.

Ante la negativa a renunciar, el partido tomó cartas en el asunto. El ejecutivo del partido tiene la autoridad de forzar la dimisión del jefe de estado, aunque los analistas políticos avisan que podría tratar de resistirse a acatar dicha orden, en un nuevo pulso a la nueva dirección del partido y para no defraudar a la poderosa facción de su partido que todavía le es fiel (las ligas juveniles y femeninas del partido, así como a nivel local en algunas provincias). Los funcionarios del ANC han mostrado su preferencia a que Zuma renuncie en lugar de ser expulsado a través de un voto del NEC, o una moción de confianza en el parlamento o un impeachment (juicio político), estas últimas opciones expondrían las profunfas divisiones en el partido.

Una semana frenética y decisiva

El drama político que azota Sudáfrica comenzó el domingo pasado con una visita de los seis máximos mandatarios del ANC a Zuma. De dicha reunión trascendió la rotunda negativa del presidente a dejar su cargo y dijo que estaba preparado para enfrentar una moción de confianza o incluso un impeachment. El máximo mandatario les dijo que no estaba «convencido de las razones que le daban para que renunciara», en lo que muchos consideran una falta de respeto a la nueva dirección del partido.

Desde entonces las reuniones con carácter urgente, los cambios a última hora en la agenda de los máximos dirigentes del partido han sido una constante. Tras el retraso sin precedentes del Discurso de Estado de la Nación (SONA), se anunció que los premios anuales Ubuntu 2018 se posponían hasta nuevo aviso, otro movimiento para despejar la agenda del presidente, quien debía oficiar dicho evento. A estos aplazamientos de última hora hay que sumar, la del NEC el pasado miércoles, fecha en la que estaba prevista la destitución del jefe del ejecutivo. En lugar de esta reunión, Ramaphosa y Zuma tuvieron un encuentro de lo más «fructífero» en el que hablaron sobre la transición de poder. Sin dar demasiados detalles, el jueves Ramaphosa informaba en el Parlamento del contenido de su reunión con Zuma, y anunció «que esperaba concluir sus conversaciones en los próximos días». Lo que hizo pensar que habían llegado a un acuerdo.

Sin embargo, la estrategia del exlíder sindical no gustó a una parte importante del partido gobernante, ni a la oposición, quien le acusó de ser demasiado indulgente con el presidente.

El precio de la renuncia

Las condiciones de la posible renuncia de Zuma incluirían: seguridad garantizada por el estado para él y su familia y que el estado pague sus honorarios legales por asuntos actuales y futuros relacionados con su etapa en el gobierno. Ramaphosa estaría dispuesto a pagar ese precio, sin embargo, la petición de Zuma a presidir su última reunión del gabinete el miércoles no habría sentado bien al vicepresidente. Además, a menos que sea declarado culpable, Zuma mantendrá su salario y muchas de las ventajas de la oficina, incluida la atención médica, la seguridad y los beneficios significativos para los miembros de su familia.

El veterano político, de 75, espera ser citado para declarar por el «State Capture» en las próximas semanas y podría enfrentar cargos criminales relacionados por un acuerdo de armas en la década de los 90. Según fuentes próximas al partido, Ramaphosa se negó a discutir la posibilidad de que se le otorgue inmunidad judicial así como tampoco accedería a retener a ciertos ministros del gabinete de Zuma.

La estrategia de Zuma ha sido comprar tiempo para frustrar a sus oponentes y lograr el mejor acuerdo posible. Sin embargo, su postura «combativa» e «irrespetuosa» se habría endurecido en las últimas horas y esto habría enfurecido a algunos máximos mandatarios del ANC. Las exigencias del presidente habrían colmado la paciencia de su rival y principal negociador, quien ha dejado la decisión en manos del NEC.

Zuma, el presidente más controvertido

Zuma, en el cargo desde 2009, ha sido el presidente más controvertido de Sudáfrica desde el fin del gobierno de la minoría blanca. Le acusan de hundir la economía del país, la tasa del desempleo ronda el 26% y tiene 783 causas pendientes con la justicia por corrupción, fraude, extorsión y blanqueo de dinero. Siendo vicepresidente del país en 1999 se vio salpicado por un acuerdo de armas por valor de 30 mil millones de rands involucrando a varias compañías europeas. En 2005 y tras seis años como mano derecha del presidente, siendo entonces popular y carismático, perdió su trabajo por su implicación en un juicio por corrupción. En abril de 2009 y con las elecciones a la vuelta de la esquina, los fiscales retiraron los cargos en su contra por el trato con armas. Meses después ganaría las elecciones. Sin embargo, los escándalos no cesaron. Hace un par de años, el Tribunal Supremo de Sudáfrica dictaminó que Zuma había violado la constitución al pagar con dinero público una costosa remodelación (unos 20 millones de euros) de su casa rural de Nkandla, en la provincia de KwaZulu-Natal y tuvo que pagar parte de la reforma. Sus problemas con la justicia han socavado la imagen y la legitimidad del partido que condujo a los sudafricanos a la liberación del apartheid en 1994.

Zuma ha sobrevivido a siete mociones de confianza en el parlamento en sus nueve años al frente del país, y se enfrenta a otra presentada por el partido de extrema izquierda; Luchadores para el la Libertad democrática (FFE, por sus siglas en inglés) el 22 de febrero.

Ahora su presidencia se tambalea hasta un final díscolo y, quizás humillante. Su poder se ha visto debilitado por todos estos escándalos, especialmente desde que Ramaphosa lo reemplazó como líder del ANC en diciembre después de 10 años en el cargo. Una historia que no es nueva. El máximo dirigente del país diseñó la expulsión del entonces presidente Thabo Mbeki en 2008 poco después de tomar el mando del ACN y cuando a Mbeki le quedaba todavía un año de mandato. El partido gobernante solicitó formalmente su renuncia por las acusaciones de abuso de poder. Su segundo se hizo cargo hasta que Zuma ganó las elecciones presidenciales de 2009.

Ramaphosa, exlíder sindical, se ha comprometido a erradicar la corrupción y revitalizar el la economía. A pesar de que ha dicho que no quiere humillar a Zuma, ha estado presionando para que renuncie cuando antes. Sudáfrica celebrará elecciones el próximo año (abril de 2019) y los líderes del ANC temen que los dos mandatos de Zuma, repleto de escándalos. El partido sufrió un mazazo electoral en las municipales del 2016 y podría verse obligado a pactar con otros partidos para gobernar, según los expertos. De ahí la urgencia del ANC a que Zuma sea apartado del gobierno, para poder reagruparse y fortalecerse de cara a la próxima cita electoral.

El rand, volátil ante la salida de Zuma

En las últimas semanas, el rand se ha fortalecido y muchos analistas han revisado al alza sus predicciones sobre el crecimiento económico de Sudáfrica. La incertidumbre política de la jornada del lunes hizo que el la divisa oscilara levemente conforme avanzaba el día y no había anuncio oficial de la salida del presidente Zuma. A primera hora del lunes, la moneda marcaba R11,95 por dólar y llegó a R11,88 respecto a la moneda americana tras el anuncio de que Zuma había aceptado dimitir por parte de un medio de comunicación local. Presidencia no tardó en desmentir dicha información y la escalada se enfrió (R11,92 por dólar). Durante la mañana del martes la divisa sudafricana se mantuvo estable, respaldada por la debilidad del dólar y los signos de la inminente salida de Zuma.