Internacional

Mao Zedong, un padre de la China moderna que como Saturno devoró a sus hijos

Su peor legado fue el Gran Salto Adelante, un intento de industrializar el país desatendiendo el campo que causó unos 30 millones de muertos

Un retrato de Mao Zedong en la plaza de Tiananmen
Un retrato de Mao Zedong en la plaza de Tiananmen - REUTERS
EFE/ANTONIO BROTO Pekín - Actualizado: Guardado en:

No es fácil llegar a veredictos claros sobre la figura de Mao Zedong (1893-1976), de cuya muerte se cumplen hoy 40 años: para unos fue quien sacó a China de siglos de feudalismo y sentó las bases para la potencia que es ahora, y para otros un funesto dictador que causó más muertes que Hitler o Stalin.

Nacido de una familia de campesinos enriquecidos, Mao, lector voraz y apasionado por la política ya desde su niñez, acabaría erigiéndose en una de las figuras más importantes del siglo XX y en un icono que aún decora la puerta de Tiananmen.

La biografía del «Gran Timonel» arranca el 26 de diciembre de 1893, cuando nacía en el pueblo de Shaoshan, de la provincia sureña de Hunan. Su padre era un hombre cruel que maltrataba a sus cuatro hijos, y que siguiendo las costumbres de la época casó a Mao con sólo 13 años para aumentar el patrimonio familiar. A esa corta edad, Mao ya mostró su rebeldía huyendo de ese matrimonio y oponiéndose a su estricto padre, quien prefería que su hijo dejara de estudiar para dedicarse al campo.

Lo que más influyó en forjar la rebeldía de Mao, como a muchos jóvenes chinos de entonces, fue el Movimiento del 4 de Mayo de 1919, cuando muchos estudiantes se concentraron en Tiananmen para exigir una China moderna y libre del yugo colonialista. Mao se imbuyó de ese clima regenerador y vio en el comunismo, que entonces acababa de triunfar en Rusia, la mejor vía para cambiar China.

Quiso la casualidad que uno de los múltiples trabajos que tuvo de joven, bibliotecario en la Universidad de Pekín, fuera como ayudante de Li Dazhao, quien fundaría en 1921 el Partido Comunista de China y convertiría a Mao en uno de los primeros dirigentes de la formación. Eran tiempos oscuros para China, los de las guerras civiles entre comunistas y el gobernante partido Kuomintang que se complicarían con la invasión japonesa, en los que comenzó la época más elogiada de la biografía de Mao, como estratega militar.

Mao lideró guerrillas en el sur hasta 1934, año capital para su ascenso al poder con el comienzo de la Larga Marcha, cuando los comunistas, asediados por el Kuomintang, huyeron en un éxodo de 6.000 kilómetros en el que murió el 90 por ciento de sus efectivos. Los comunistas ganaron fama entre los campesinos allí por donde pasaban y él surgió como el líder indiscutible del partido.

La Larga Marcha, mito fundacional del comunismo chino, también construyó al Mao héroe, aunque la célebre biografía «Mao, la historia desconocida» (de Jung Chang y Jon Halliday), la más inmisericorde con el líder, asegura que hizo ese largo camino sobre una camilla cargada por sus soldados.

Quince años de guerras contra japoneses y el KMT culminarían con la victoria comunista y uno de los momentos más icónicos de Mao, cuando sobre la puerta de Tiananmen proclamó la fundación de la República Popular el 1 de octubre de 1949. Llegaba entonces la época más conocida de Mao, la de un gobernante despótico cuyas decisiones causaron 70 millones de muertes y que no dudó en eliminar a sus rivales políticos por todos los medios, como su admirado Stalin.

Su peor legado de esta época fue el Gran Salto Adelante, un intento de industrializar el país desatendiendo el campo que causó unos 30 millones de muertos en la peor hambruna del siglo XX, entre 1958 y 1961. Relegado a un segundo plano en el Partido tras aquel fatal error, urdió la no menos desastrosa Revolución Cultural (1966-76), que con la excusa de eliminar a sus enemigos políticos sumió al país en el caos de los Guardias Rojos, que veían a Mao como una deidad.

Este Mao divinizado moriría el 9 de septiembre de 1976, tras tres ataques cardíacos y con los pulmones destrozados por el consumo compulsivo de tabaco. Tras su muerte, un millón y medio de personas, entre lágrimas, rindieron homenaje a su cadáver, depositado en el Gran Palacio del Pueblo; semanas después, embalsamado, se llevó al mausoleo en el centro de la plaza Tiananmen. Allí continúa, y cada día es visitado por turistas y nostálgicos, mientras que su natal Shaoshan también se convirtió en centro de peregrinación para millones de visitantes.

Los defensores de Mao señalan que su Gobierno dejó atrás más de un siglo de guerras civiles e invasiones extranjeras y que inició la industrialización que ha llevado al país a ser la segunda economía mundial. «Como fundador de la nueva China, su importancia es indispensable. Deng Xiaoping dijo que Mao hizo un 70 por ciento bien y un 30 por ciento mal», resumió a Efe el catedrático de Historia Xu Haiyun, de la Universidad Popular de China. Quizá una de las mejores definiciones de Mao la dio Chen Yun, uno de los líderes de la China de los años 80: «Si hubiera muerto en 1956 sus logros lo hubieran convertido en inmortal, si hubiera muerto en 1966 aún sería un gran hombre con fallos, pero murió en 1976, ¿qué podemos decir?».

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