Velo blanco los miércoles y conducir sin pañuelo, el último desafío de las iraníes a los ayatolás

Cada miércoles, decenas de mujeres iraníes visten de blanco para denunciar con el #WhiteWednesday la imposición del velo en el país persa

Teherán / MadridActualizado:

Teherán, julio de 2017. Una joven camina por el centro de la ciudad. Una furgoneta policial se detiene delante de ella, cinco mujeres con prietos chadores negros le increpan. Es la policía de la moral. La fina tela blanca del blusón holgado que lleva la chica y que la cubre del cuello a las muñecas y a mitad del muslo deja entrever demasiado la forma de su cuerpo, que según la interpretación más rigorista del Gobierno de los ayatolás iraníes debe mantenerse cubierto.

En la República Islámica de Irán, el velo es una imposición para las mujeres, que en las calles del país se cubren la cabeza desde con un ligero y casi en precario equilibrio pañuelo en Teherán hasta el más riguroso chador negro especialmente común en zonas más religiosas y tradicionales como Qom, ciudad germen de la revolución islámica y centro de peregrinación chií. Sin embargo, cientos de mujeres han encontrado nuevas formas para protestar contra esta imposición: cada miércoles, mujeres iraníes -y algunos hombres- se visten de blanco y suben esas imágenes a las redes sociales en un mensaje de liberación y lucha «por el derecho a que las mujeres puedan elegir».

«Queríamos hacer algo público, más allá de las redes sociales, empoderar a las mujeres, atraer la atención del gobierno y del resto del mundo. Durante casi 40 años, (las mujeres iraníes y aquellos contrarios al hiyab obligatorio) no han tenido voz en la esfera pública, en los medios oficiales controlados por el gobierno... Han sido censuradas. Así que la gente tome las calles cada miércoles es una forma de romper esa censura, de hacer algo público, con un símbolo que identifica esta lucha», explica a este diario la activista iraní Masih Alinejad, germen del #WhiteWednesdays. Alinejad es la también la organizadora de My Stealthy Freedom (Mi libertad furtiva), plataforma donde en las últimas semanas más de 200 mujeres han colgado vídeos apoyando la iniciativa, que ya ha atraído el interés -y las críticas- de medios iraníes conservadores.

بي حجاب فحش نيست، چادري فحش نيست اينها حق انتخابه. ولي من حتي از فحش و ناسزا هم نمي ترسم. #پاسخ_به_خانم_چادري قرار ما همين چهارشنبه هر جا كه هستيد #چهارشنبه_های_بدون_اجبار #چهارشنبه_های_سفید . شما هم ويديوهاتون در مخالفت با حجاب اجباري را برايم بفرستيد. آقايون با دستبند سفيد و زنان با شال سفيد فيلم بگيريد. نماد مخالفت ما با اجبار رنگ صلح است و سفيد. ايران براي همه است چه با حجاب چه بدون حجاب. #WhiteWednesdays

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Y aunque Alinejad, que vive en en Estados Unidos ante amenazas de detención si regresaba a Irán, ha ofrecido una plataforma para el proyecto, son las mujeres iraníes las que dan la cara cada miércoles, «las que están liderando (la lucha) dentro de Irán, que no se rendirán ni se silenciarán» pese a las posibles represalias: «No estamos contra el hiyab, sino contra que sea obligatorio», «no me siento segura en mi propio país, me siento alienada, todo porque no quiero llevar el velo por obligación», «incluso si esto me lleva a la cárcel y dormir con cucarachas, merecerá la pena para ayudar a la siguiente generación», son algunos de los mensajes.

Las rebeldes luchan también por conducir sin el aparatoso velo. «He decidido desafiar a las autoridad conduciendo SIN hiyab. Obligar a las mujeres a llevar un hiyab en público en nuestros espacios privados (como en nuestros coches) no es aceptable #CarIsAPrivateSpace», denuncia una de las mujeres.

Luchar contra la imposición del velo puede parecer el menor de los problemas en un país sin falta de libertad de expresión, y donde el islam y las escrituras del Ayatolá Jomeini rigen cada detalle de sus vidas, incluso la legalidad del sexo con animales. Los omnipresentes retratos advierten con el rostro del fundador de la República Islámica que las mujeres deben obedecer la voluntad de Alá y que serán los estudiosos del turbante negro lo qué está permitido y que no. Según su retórica, la imposición del pañuelo las «protege» del acoso de los hombres, «como una concha a la perla». Pero desde el fin de la guerra contra Irak en los ochenta y la progresiva relajación de las penas por «inmoralidad» en la legislatura del «reformista» Jatami, la melena descubierta le gana año a año centímetros al pañuelo.

«La gente que dice que es un asunto de poca importancia está equivocada. No es así. Les pido que piensen en ello. Si el Gobierno de Irán detiene a millones de mujeres por el hiyab, ¿es un asunto de poca importancia? Si se gasta millones y millones de dólares en detenerlas, ¿no es importante? Es esencial para Irán en el control de las mujeres y de su cuerpo. La imposición del velo es el símbolo de opresión más visible contra las mujeres», sostiene Alinejad. Según varias estimaciones y cifras oficiales, unos 3,6 millones de mujeres fueron interpeladas por la conocida como «policía de la moral» por su vestimenta. En los últimos ocho meses, 40.000 coches fueron confiscados porque las mujeres que los conducían no llevaban hiyab.

Antes de la revolución de 1978-79 contra el Sha Mohammad Reza Pahleví, llevar el velo era un casi revolucionario símbolo de fe frente a la imposición del Sha de los «valores occidentales», narra en la popular novela «Leer Lolita en Teherán» Azar Nafisi. Un símbolo de fe que quedó diluido cuando a partir de 1983 y pese a numerosas protestas, todas las mujeres fueron obligadas a llevarlo, tanto si eran creyentes como si no, y se convirtió en un símbolo político del Estado sobre las mujeres.

Y sin embargo, la sociedad iraní sigue a contracorriente de sus líderes, mucho más avanzada que sus gobernantes, insisten Nafisi y Alinejad: Las mujeres se maquillan y muestran el cabello, los colores se imponen al negro y la música «decadente» de Occidente se escucha en decenas de cafeterías, también perseguidas durante el gobierno del conservador Mahmud Ahmadineyad. Tras la represión que en 2009 apagó las protestas contra su controvertida victoria, el político ultraconservador instigó redadas de agentes de la moral en decenas de locales «por no respetar los valores islámicos».

El velo anti-occidental

El poder de unos políticos ultraconservadores y machistas trata de apropiarse de un supuesto feminismo amable con sus intereses, denuncia la autora de «Leer Lolita en Teherán». Un feminismo islámico que defiende la imposición del velo como símbolo anti imperialista y occidental, por el que los derechos de las mujeres convergen con el islam y, de esta forma, llevar un pañuelo en la cabeza se ha convertido en una de las armas femeninas contra la cosificación de Europa y Estados Unidos, que impusieron su decadencia en tierras del islam.

El pasado 15 de julio, las portadas de varios periódicos iraníes abrían con la sorprendente fotografía de la matemática Maryam Mirzajani sin velo, una imagen inédita en el país que se interpretó como una relajación de la misma censura que, en 2014 cuando ganó la Medalla Fields (considerada el Premio Nobel de las Matemáticas), hizo que los periódicos editaran con photoshop un velo sobre su cabeza descubierta.

«Rohani, que es un presidente "moderado", tiene la opción de hacer algo para retirar la imposición, pero no olvidemos que después de la revolución escribió un libro en el que decía que impondría el hiyab a todas las mujeres. En mi opinión, publicar una foto de Mirzajani sin velo no es suficiente. Tiene que oír a estas mujeres, tiene que entender que en el siglo XXI nadie puede ser forzado a llevar hiyab», critica Alinejad.

Periódicos con la foto de la matemática Maryam Mirzajani sin velo y con velo
Periódicos con la foto de la matemática Maryam Mirzajani sin velo y con velo- AFP

«La revolución fue algo hermoso porque los iraníes querían un cambio en sus vidas. Y deseaban mejorarlas; deseaban tener más derechos, más derechos relativos a su participación en la política. Pasó a ser una pesadilla cuando un grupo de personas confiscó ese sueño e intentó imponer su propia imagen a toda la sociedad», sostiene la escritora irano-estadounidense al final de «Leer a Lolita en Teherán».

«Estoy realmente esperanzada», concluye la activista, «porque las mujeres son tan valientes, y se les escucha tanto condenando la imposición del hiyab en las calles de Teherán cada día... ¡El gobierno no puede censurarlas ni ignorarlas!».