Donald Trump en la Asamblea General de la ONU - AFP / Vea en el vídeo el discurso de «fuerza y paz» de Trump sobre Corea del Norte
Discurso ante la Asamblea de la ONU

Trump amenaza con «destruir Corea del Norte»

Duro discurso del presidente, que no escatimó ataques a todos los regímenes enemigos y entierra el tono multilateralista de su antecesor

Actualizado:

El pasado martes Donald Trump jugaba en casa y en campo contrario al mismo tiempo. La sede de Naciones Unidas está en Nueva York, donde creció y cimentó su imperio inmobiliario, y a unos veinte minutos a pie de la Torre Trump, un recorrido que el pasado martes estaba embarrado en cordones policiales, calles cortadas y un ejército de seguridad. Pero la organización internacional es un sospechoso habitual de la idea del «EE.UU. primero» que defendió durante su campaña, un engorro burocrático y una aspiradora de dólares que muchas veces no se alinea con los intereses de su país. Es difícil saber cómo se sentía el presidente de EE.UU., si en casa o a domicilio. Pero salió a jugar como siempre: al ataque. Solo cambió el color de su corbata, del rojo habitual al azul de la ONU. Pero con el mismo tono eléctrico.

En su bautismo de fuego ante la Asamblea General de la ONU, Trump ofreció un discurso duro, amenazante con los grandes enemigos de EE.UU. y que enterró el pretendido multilateralismo de su antecesor, Barack Obama. Hace ocho años, en su estreno, el ex presidente de EE.UU. salió de aquí ovacionado. El martes las delegaciones de la ONU recibieron a Trump con aplausos tímidos y le despidieron con la misma frialdad.

Trump aprovechó su discurso ante la ONU -quizá el momento cumbre hasta ahora de su presidencia en materia internacional- para prolongar la escalada dialéctica con Corea del Norte. No fue el ataque verbal más virulento del mandatario contra la dictadura norcoreana -ya había amenazado con «fuego y furia» a Pyongyang en el pasado-, pero sí el más sustancial, por la importancia del escenario: ante jefes de estado de todos los países de la ONU, una organización nacida para el mantenimiento de la paz, y con el representante de Corea del Norte en primera fila.

«EE.UU. tiene mucha fortaleza y paciencia», dijo Trump. «Pero si se le fuerza a defenderse, a él mismo o a sus aliados, no tendremos otra elección que destruir por completo Corea del Norte» advirtió ante las crecientes provocaciones de Pyongyang con su programa de armamento nuclear. La amenaza de la destrucción completa de un país -que además de una dictadura comunista encierra a 25 millones de personas- en la Asamblea General de la ONU es algo sorprendente incluso para Trump. En su más puro estilo, el presidente de EE.UU. trufó su discurso con algunos coloquialismos que hacen las delicias de sus bases. Se refirió a Kim Jong-un como «Hombre Misil» -un mote que introdujo el pasado fin de semana en Twitter- y dijo que estaba embarcado «en una misión suicida para él mismo y para su régimen». Trump tendrá este miércoles encuentros con sus homólogos de Japón y Corea del Sur para tratar la amenaza de Corea del Norte, que el fin de semana lanzó otro misil que sobrevoló el territorio nipón.

A favor o en contra

Frente al idealismo que bañaba las intervenciones de Obama, y con una intención patente de poner tierra de por medio con su antecesor, Trump defendió un «realismo» en política internacional y preguntó al resto de líderes si la comunidad internacional «tiene suficiente fuerza y orgullo para enfrentarse hoy a los peligros para que nuestros ciudadanos puedan disfrutar mañana de la paz y de la prosperidad». Trump defendió una comunidad internacional formada por naciones «fuertes y soberanas» -una crítica velada al multilateralismo y al propio papel de la ONU en la resolución de conflictos- que rechace las amenazas a esa soberanía, «desde Ucrania al Mar del Sur de China». Esta fue apenas la única referencia que hizo en todo su discurso a Rusia y a China, con los que la Administración Trump tiene muchas diferencias, pero que ahora son instrumentales en controlar la crisis con Pyongyang.

No escatimó los ataques contra otros enemigos. El principal, Irán, cuyo Gobierno «enmascara una dictadura corrupta bajo el disfraz falso de una democracia» y al que definió como «régimen criminal». Acusó a Teherán de financiar a Hizbolá y otros grupos terroristas «que matan a musulmanes inocentes y atacan a sus vecinos árabes pacíficos y a Israel». El acuerdo nuclear con Irán es «una vergüenza para EE.UU. y no creo que se haya dado por zanjado, creedme», advirtió. EE.UU. tiene de plazo hasta el 15 de octubre para evaluar si Irán cumple con las condiciones del acuerdo nuclear, como parece que ha hecho hasta el momento, pero las palabras de ayer de Trump podrían ser una pista de que su Administración denunciará que hay incumplimientos.

Consumo interno

Trump alabó sin embargo los esfuerzos de otros países árabes -citó su visita de este año a Arabia Saudí, al que se le ha acusado de financiar el terrorismo internacional- por contener al «terrorismo radical islámico». En otro guiño populista, dijo que los terroristas son unos «perdedores».

«El azote de este planeta es un grupo de regímenes canallas», lamentó Trump, un grupo en el que incluyó al Gobierno de Venezuela, al que dedicó una parte importante de su discurso. «Este régimen corrupto ha destrozado una nación próspera al imponer una ideología fallida que ha traído pobreza y miseria cada vez que se ha usado», criticó, y se comprometió a «ayudar a recuperar la libertad» para el pueblo venezolano. «Estamos preparados para emprender nuevas acciones» advirtió Trump, que en el pasado ya deslizó una posible acción militar en el país sudamericano.

«El problema en Venezuela no es que el socialismo se haya implementado mal, sino que el socialismo se ha implementado fielmente», dijo Trump, que miró a la audiencia en busca de un aplauso que no llegó. No importó, era una de las partes del discurso dedicado a su público, a sus bases. Como cuando repitió las alusiones al «EE.UU. primero», a la grandeza de «la clase media estadounidense», a la familia y a «Dios todopoderoso» en un final de discurso en el que hizo un llamamiento al «patriotismo» para «derrotar a los enemigos de la Humanidad».