Un grupo de palestinos protestan contra el traslado de la embajada de EE.UU. a Jerusalén
Un grupo de palestinos protestan contra el traslado de la embajada de EE.UU. a Jerusalén - AFP

Trump aún confía en sentar a los palestinos para negociar la paz

El líder demócrata aplaude al presidente por llevar la embajada a Jerusalén

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

El traslado de la Embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, formalizado ayer en medio del júbilo político israelí y estadounidense, pero ensombrecido por la muerte de un centenar de palestinos en Gaza, complica en extremo la posibilidad de una solución pacífica al eterno conflicto de Oriente Próximo. Es una opinión extendida, pero no la única. El presidente Trump está convencido de que a pesar de la trágica jornada, todavía es posible una negociación formal entre el máximo representante palestino, Mahmud Abbás, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. La Casa Blanca ya tiene listo su plan de paz, que no hará público hasta que no reciba un compromiso firme de ambas partes de que se sentarán a discutirlo.

Es difícil que un proyecto como el de llevar la paz a Tierra Santa setenta años después de la fundación del estado de Israel no sea visto con escepticismo. Décadas de guerras y enfrentamiento permanente, escrito con letras de sangre, hasta el último amago de acercamiento en 2014, constituyen el precedente menos halagüeño. Por si fuera poco, la decisión de Trump de proclamar a Jerusalén como capital de Israel, frente a toda la comunidad internacional, supone un torpedo en la línea de flotación de las aspiraciones palestinas, que también consideran la ciudad santa como su capital.

Sin embargo, Trump suspira por que israelíes y palestinos se den un día la mano bajo su mandato. Que nadie vea detrás motivaciones ni ideológicas. Simplemente, como en todas sus iniciativas, el controvertido presidente «outsider» aspira a lograr lo que sus antecesores no han logrado. Con la misma jactancia con la que reiteró ayer haber hecho realidad la promesa que los anteriores gobernantes incumplieron, Trump no va a desistir de su plan de paz para israelíes y palestinos. Ayer tuvo un espaldarazo del enemigo político para sentirse fortalecido por su decisión. El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer: «Aplaudo al presidente Trump por hacerlo». Tras el apoyo a la capitalidad y la ruptura del acuerdo nuclear con irán, cree contar con la implicación de Netanyahu. Su baza para forzar a Abbás a negociar es presentar el plan como «la última oportunidad», además de amenazar con congelar los fondos que Washington les aporta en Naciones Unidas. Aunque los palestinos ya han anunciado que nunca renunciarán a Jerusalén.

Elaborado por su yerno de origen judío, Jared Kushner, y por el enviado de la Casa Blanca para Oriente Próximo, Jason Greenblatt, el contenido del plan de paz es un misterio. Preguntado sobre si planteará la mayoritaria reclamación de una solución para dos estados, tanto el propio Trump como sus altos cargos se limitan a responder que «será lo que los propios interesados negocien y acuerden».