El presidente Trump habla con varios medios de comunicación
El presidente Trump habla con varios medios de comunicación - EFE

Trump confía en su rebaja fiscal y el plan de infraestructuras para salvar el mandato

Impulsará en enero inversiones por un billón de dólares, tras reducir los impuestos

WASHINGTONActualizado:

«Es la economía, estúpido». La expresión de James Carville, el asesor de campaña que aupó a Bill Clinton a la Casa Blanca en 1992 con su apelación al bolsillo del ciudadano, adquiere máxima vigencia con Donald Trump en el Despacho Oval. Aunque las circunstancias sean muy diferentes, los apuros con que afronta cada día como si fuera el último, rodeado de investigaciones oficiales sobre su pasado y ruidosas batallas con los medios de comunicación, apuntan a la buena gestión del empleo y los salarios de los estadounidenses como su salvoconducto más factible.

Con la prometida reducción de impuestos a un paso de la realidad, si sus aliados republicanos no fracasan en el último minuto, Trump prepara un segundo torpedo en la línea de flotación de los enemigos, que son legión fuera de la Casa Blanca: un plan de infraestructuras que, con una inversión de un billón de dólares, ponga al día las carreteras, los puentes y el ferrocarril de un país necesitado de unos servicios y transportes modernos.La apuesta por el segundo gran empujón a la economía estadounidense, de acuerdo con los cálculos de la Administración, va a coincidir con el cierre del primer año de mandato de Trump.

El presidente «outsider» intenta enderezar una agenda bloqueada desde los primeros días por los reveses judiciales, los fracasos legislativos en el Congreso y las pesquisas del FBI. Las últimas semanas han proporcionado un balón de oxígeno al controvertido ocupante del Despacho Oval, con sus primeras victorias efectivas. La Corte Suprema permitió aplicar su tercera versión del veto a la entrada de inmigrantes de países musulmanes. Superadas las votaciones de los borradores de la reforma fiscal, los republicanos confían en que la víspera de Navidad traiga a Trump otro triunfo político en forma de ley presupuestaria, reforzado por los continuos récords bursátiles, un crecimiento del PIB superior al 3% y la tasa más baja de paro desde 2007, de un 4,1%.

Sólo el avance de la investigación sobre la llamada trama rusa, cada vez más inquietante para el presidente, con cuatro de sus exasores inculpados, parece capaz de asaltar el encastillado sitio en que se ha convertido la Casa Blanca. Para impedirlo, los asesores y abogados de Trump han lanzado una campaña de descrédito del fiscal especial, el exdirector del FBI Robert Mueller, cuya decisión de despedir a su número dos por compartir mensajes anti-Trump ha abierto la brecha de las sospechas de parcialidad que pretendía cerrar. El decidido avance de Mueller para cercar al presidente va a ser directamente proporcional al intento de Trump de situar a su inquisidor contra las cuerdas.

Como cada iniciativa que ofrece, el plan de infraestructuras de Trump promete batalla. A falta de conocer las decenas de páginas que contiene el programa, que la Casa Blanca remitirá al Congreso a la vuelta de Navidades, sus grandes cifras sólo ofrecen resistencias. La primera, los 200.000 millones de déficit que, según la previsión inicial, sumarían a las depauperadas arcas estadounidenses. Si los republicanos todavía topan con peros internos para aprobar una rebaja de impuestos que añadirá 1,3 billones a los más de 20 que alcanza la deuda pública nacional, imponer un déficit extra parece labor imposible.

Cambio de fondo

Tampoco el revolucionario modelo de inversión que plantea Trump, consistente en un menor peso para el Gobierno Federal y una mayor carga para los gobiernos locales y estatales, convence a la mayoría de sus aliados. En un año electoral, en el que cientos de representantes y senadores se las verán con sus votantes, muchos ven en la propuesta más riesgo que oportunidad. La Administración planteará a los gobiernos fórmulas que acarreen el menor gasto público posible, incorporando a compañías privadas y ayudando a las administraciones a gestionar mejor sus recursos. Aunque no se ha precisado con exactitud, el grueso de las inversiones de los estados y los municipios sería la mayor partida, de varios cientos de miles de millones de dólares. Algunos expertos cuestionan el radical cambio de fondo para un país acostumbrado a apoyar en las instituciones de Washington las grandes inversiones públicas.

Otra de las innovaciones en el modelo que sugerirá el plan de Trump, dirigido a un cambio de gestión de hospitales, universidades y escuelas, aspira a rebañar 110.000 millones de inversión más. La propuesta parte de un cambio orientación de los 4.000 millones en subvenciones que concede en la actualidad el Gobierno Federal norteamericano, con las labores sociales sin ánimo de lucro como destino. Si sale adelante la iniciativa, las administraciones tendrían que reinvertir gran parte de esas ayudas en la construcción de infraestructuras.

Según diversas fuentes, Trump tiene en mente recurrir a los demócratas como una baza alternativa al posible bloqueo de un sector de los republicanos. Además de las mayores querencias hacia la inversión pública de la actual minoría en el Congreso, en sintonía con sus convicciones keynesianas, las encuestas que maneja la Casa Blanca concluyen que más de la mitad de los votantes de Hillary Clinton respaldan el plan de infraestructuras. No en vano, la derrotada candidata demócrata desplegó una propuesta similar durante la pasada campaña electoral. Aunque el acercamiento a los demócratas también estará sembrado de minas, dado que Trump busca que una parte del ahorro para la obra pública proceda de su nuevo sistema sanitario, el llamado «Trumpcare». Mientras el presidente desmonta el modelo de su antecesor, el Obamacare, sus oponentes le recuerdan que hasta trece millones de estadounidenses se quedarán sin cobertura.