El presidente Trump, ayer durante el encuentro anual de la Asociación Nacional del Rifle, celebrado en Dallas - AFP | Vídeo: ATLAS

Trump apoya al «lobby» de las armas a dos meses del tiroteo de Parkland

Cierra filas con la Asociación del Rifle con un discurso en tono de mitin en su convención

CORRESPONSAL EN WASHINGTONActualizado:

Del momento crítico que pareció vivir la relación de Trump con la Asociación Nacional del Rifle tras el tiroteo de Parkland, el 14 de febrero, no queda más que el recuerdo. Y menos aún de su compromiso con el inopinado movimiento que impulsaron los adolescentes del instituto de Florida en demanda de restricciones a las armas de fuego. Ayer, el presidente estadounidense, antes de tomar el Air Force One en dirección a Texas, ya había lanzado su primer guiño al «lobby» de las armas: «Es una gran organización que ama a este país». Sobre el estrado de la convención a la que asistía por cuarta vez consecutiva, Trump despejó las pocas dudas que quedaban al cerrar filas con la controvertida organización: «Mientras yo sea presidente, la Segunda Enmienda de la Constitución y los derechos a portar armas siempre estarán protegidos».

«Mientras yo sea presidente, la Segunda Enmienda de la Constitución y los derechos a portar armas siempre estarán protegidos», afirmó Trump

Trump dedicó ayer a los miles de asociados de la NRA (la asociación por sus siglas en inglés) un mitin más que un discurso. Entre un público enfervorecido con el cierre de filas presidencial y que escuchó de su boca el calificativo de «verdaderos patriotas», ya nadie recordaba ayer el humor con que el mismo presidente se había mofado tras la matanza de Parkland de los diputados republicanos con esta llamativa frase: «No vais a hacer nada contra las armas. ¿Sabéis por qué. Porque estáis petrificados. Tenéis miedo a la Asociación Nacional del Rifle».

Un idilio indisimulado

El sentimiento que mostró ayer Trump no fue de temor, pero sí de un indisimulado idilio con la organización de las armas, a cuyos asociados reiteró lo que querían escuchar. Incluida la alusión ultraconservadora que tanto gusta en la América de la Biblia y el rifle, la de «los derechos que hemos recibido de Dios, también el de portar armas».

Trump recuperó el discurso utilizado en la campaña presidencial cuando desplegó los habituales argumentos de los favorables al uso de las armas, consistentes en dotar de una de ellas a quienes puedan repeler un ataque. De forma que reiteró que muchos tiroteos, también atentados terroristas, «se evitarían con que un solo empleado presente en el lugar del ataque, dispusiera de un arma». Una alusión indirecta a su decisión de armar a algunos trabajadores de colegios, a raíz del profundo debate abierto tras el tiroteo de Parkland.

La realidad es que pese a las promesas de Trump, además de esa discutida medida, aún en estudio, la única que se ha aprobado hasta hoy es la prohibición de vender el llamado «bump stock», el repetidor que convierte las armas semiautomáticas en automáticas. Del endurecimiento de las medidas para los compradores, por razones de historial criminal o mental, aún se espera al trámite del Congreso. El resto de iniciativas han pasado a la historia.

El Kay Bailey Hutchinson Convention Center de Dallas que acogió a Trump está debidamente acondicionado para acoger con exhibicionismo, hasta mañana, «una asistencia récord» de 80.000 personas, como se encargó de promocionar el propio presidente, junto al mejor escaparate de armamento que pueda hoy reunirse en el Planeta.

Así lo resaltaban las revistas distribuidas y la página web del evento: «Más de 15 acres (seis hectáreas) de la muestra más espectacular de armas de fuego para disparar y cazar que puede encontrarse en el mundo». Un reclamo en el que no falta una especial invitación para que el recorrido por el área de muestra y venta de las armas sea disfrutado por los más cercanos. Un planazo para el fin de semana: «¡Trae a toda la familia! El encuentro es gratis para todos los miembros de la organización, incluidos esposa y niños de menos de 18 años».

El número de asociados de la NRA ha sido una de las incógnitas históricas en Estados Unidos. Después de repetidas afirmaciones y desmentidos, un estudio del Pew Research Center, considerado el más fiable, concluyó que aunque casi 14 millones de estadounidenses se declaran miembros, no más de cinco pagan en la actulidad su cuota anual.

Dinero para la campaña

Los números demuestran que Donald Trump es el presidente favorito de la NRA. Atlanta fue testigo hace un año, por primera vez, de la asistencia de un presidente de Estados Unidos en el cargo a una de sus convenciones anuales, en una constatación de respaldo al «lobby» de las armas que también llevó a cabo durante la campaña presidencial. No sólo por la financiación que recibiría, sino también por su convicción estratégica de que la defensa cerrada de la Segunda Enmienda de la Constitución, la que defiende el derecho a portar armas, le conectaría con el votante blanco medio tradicional de la América profunda, como así se manifestó en las urnas.

Si nos atenemos a la financiación de su campaña electoral, el entonces candidato republicano se convirtió en 2016 en el aspirante que más dinero ha recibido de la organización defensora de los derechos sobre las armas. El cálculo elaborado por el «Washington Post» es que la NRA destinó a Trump más del triple de la aportación que había dedicado a su antecesor, Mitt Romney. Eso sin contar con la financiación que la Asociación del Rifle destinó a otros candidatos, casi todos republicanos, en diferentes estados, dentro de una labor de promoción de políticos que coinciden con sus objetivos, muy propia de esta organización. En total, sólo en anuncios televisivos, se gastó más de 50 millones de dólares, 11,4 de los cuales fueron en apoyo de Trump, según datos recabados por el Centro de Respuesta Política.