Internacional

Steve Bannon, el «leninista» que guió a Trump

Donald Trump ha nombrado al controvertido director de la web Breitbart, representante de la «derecha alternativa estadounidense, como estratega jefe y asesor de la Casa Blanca

Steve Bannon, en el ascensor de la Torre Trump
Steve Bannon, en el ascensor de la Torre Trump - AFP

Cuatro meses le han bastado para voltear las encuestas y darle a Donald Trump las llaves del Despacho Oval. Steve Bannon (Norfolfk, Virginia, 1953) ha sido motejado en la prensa progre como «el agente político más peligroso de América» y en este «rush» final de la carrera electoral ha dado buena prueba de ello y confirmado las pistas que ofrecía un currículum tan montuno y cimarrón como el suyo.

Ex marine, productor de cine, empresario y, fundamentalmente, agitador político desde el extremo derecho, Bannon es el principal motor de la web «Breitbart News», un medio que convierte al Tea Party de Sarah Palin en una pusilánime colección de remilgados socialdemócratas y a la cadena Fox en una colección de comunistillas. En el tiempo que lleva al frente de esa página digital no ha dejado de airear presuntas conspiraciones, muchas de ellas con visos de alucinación, nunca demostradas y casi siempre desmentidas por la realidad: que si Obama no había nacido en Estados Unidos o que si este estaba llenado la administración de musulmanes.

Una vez que Bannon identifica el objetivo y muerde su presa no la suelta jamás, sin distingos, tanto le da que se trate de la demócrata Hillary Clinton o del republicano Paul Ryan, líder del partido en el Congreso. Acostumbrado a tirar para adelante, pase lo que pase, salió indemne de una acusación de malos tratos a su esposa Mary Louise, que antes había denunciado que Steve tiene la mano tan larga como la lengua.

Una vez que ha conseguido colocar a Trump en la Casa Blanca, Bannon ha puesto sus ojos en Europa y en las expectativas de Le Pen en Francia y de la extrema derecha alemana en sus próximas elecciones. Hablamos de un anti-sistema de manual, reconocido por él mismo. «Yo no soy populista, soy leninista, porque Lenin quiso destruir el Estado y yo pretendo lo mismo».

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