El candidato a canciller aleman del partido Socialdemócrata, Martin Schulz
El candidato a canciller aleman del partido Socialdemócrata, Martin Schulz - AFP

Los socialdemócratas alemanes llaman a la «coalición semáforo»

Los sondeos demuestran que los ultranacionalistas de Alternativa para Alemania se benefician del alto porcentaje de votantes indecisos

BERLÍNActualizado:

La campaña electoral alemana está derivando en el peor de los escenarios posibles para el Partido Socialdemócrata (SPD). Las encuestas apenas le auguran un voto del 20%, un resultado por debajo incluso de su peor registro en unas elecciones generales, el 23 % obtenido en 2009. Hasta hace unos días, su candidato, Martin Schulz, todavía defendía que aproximadamente la mitad del electorado se declaraba todavía indeciso y anclaba en ese dato sus posibilidades para remontar, pero el porcentaje de indecisos se ha reducido ya al 26% y la evolución de los sondeos demuestra que quien se beneficia de la indecisión no es el SPD, sino los ultranacionalistas de Alternativa para Alemania, que amenazan con instalarse en los dos dígitos. La tranquilidad con la que Merkel pasea de nuevo camino a la Cancillería de Berlín, con el 37% de los apoyos, desincentivará además a algunos votantes a acudir a las urnas el 24 de septiembre, como consecuencia de la sensación de que todo está ya decidido, de forma que Schulz parece abocado a socio menor, subrayando la palabra menor, de la próxima gran coalición.

En este contexto de desesperación, el ministro de Exteriores alemán, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, se ha sacado de la manga una llamada a la denominada «coalición semáforo», que reuniría a los socialdemócratas, los liberales del FDP y Los Verdes, como una oportunidad todavía posible de desplazar a Merkel del poder. «Yo soy un gran partidario, me considero un social-liberal y para mí sería la coalición correcta», ha dicho en una entrevista que emitirá el sábado la televisión pública SWR. «Los Verdes no son otra cosa que una forma especial de política liberal», redefinió además el ecopacifismo alemán al ser repreguntado por las aparentes incongruencias de lo que estaba diciendo. «Los tiempos social-liberales del SPD, con Willy Brandt y Helmut Schmidt han sido los mejores tiempos de este país», intentó resucitar el espíritu del entusiasmo, aunque reconociendo que los potenciales socios de esa coalición semáforo, muy especialmente el presidente de los liberales, Christian Lindner, difícilmente estarían de acuerdo con semejante afirmación.

En el seno del SPD, por otra parte, aparecen grietas y desencuentros. La caída en el foso demoscópico no solo plantea un fiasco político, sino una gran incertidumbre sobre el futuro personal de muchos miembros de su directiva. Gabriel, que cedió tanto la candidatura como la presidencia del partido a Martin Schulz, cuando sus correligionarios lo aclamaron para que regresase de Bruselas y tomase las riendas de la política nacional, pactó entonces permanecer como ministro de Exteriores pasase lo que pasase. Pero si se escuchan las intervenciones de campaña de Schulz de la última semana, parece evidente que ha asumido que no será canciller y que apunta a ese mismo cargo como alternativa. Schulz se emplea a fondo en una campaña contra Donald Trump y contra el presidente turco Erdogan y ha tenido que ser una señora de la limpieza de Bochum la que enfrente a Merkel con el que podría haber sido el gran caballo de batalla socialdemócrata en estas elecciones, la reforma de las pensiones.

Petra Vogel, parte del público del programa de televisión «Hable claro, canciller», emitido anoche por la cadena ZDF, expuso ante Merkel, incontestable, que tras más de cuarenta años limpiando hospitales cobrará una pensión de jubilación de 654 euros. Merkel se interesó en directo por su caso y le preguntó si había suscrito alguno de los planes de pensiones adicionales subsidiados por el Estado alemán, pero solo consiguió enfadar más a la digna señora, que le respondió que su sueldo de 1.050 euros mensuales brutos no da para esos lujos. «Son planes de pensiones para ricos», zanjó, obligando a Merkel a replegarse. «Reconozco su derecho a cobrar un mejor salario y una mejor pensión», dijo la canciller alemana, «pero yo no le puedo prometer algo que no puedo cumplir».

Al inicio de este programa de televisión, Merkel contestó en público a la carta remitida por Martin Schulz en la que solicitaba a la canciller un segundo debate electoral televisado, después del que mantuvieron el pasado fin de semana y del que Merkel salió como clara ganadora. «Me parece bien que una vez los potenciales candidatos a canciller se enfrenten, pero no es la elección de una persona», argumentó, añadiendo que prefería acudir a formatos donde se somete a las preguntas del ciudadano y diferenciando las elecciones alemanas de las presidenciales de Francia o EE.UU.. Con ello vino a dejar claro que Schulz no es exactamente un enemigo a batir en estas elecciones generales y que su estrategia en la recta final de la campaña pasa por concentrarse allí donde los anti europeos y ultra nacionalistas de AfD están consiguiendo apoyo, un espacio en el que el SPD parece haber desaparecido, a pesar de que es donde se manejan temas que tradicionalmente le eran propios.