El sacerdote Andoras Azmey habla con la gente tras el atentado de ayer en una iglesia del sur de El Cairo
El sacerdote Andoras Azmey habla con la gente tras el atentado de ayer en una iglesia del sur de El Cairo - EFE

Al Sisi mantiene la indefensión de los nueve millones de cristianos egipcios

Los atentados asesinos y la quema de iglesias no se han reducido bajo el nuevo régimen autoritario, pese a las promesas

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El atentado más sangriento del tiempo previo a la Navidad en Egipto –que en el calendario ortodoxo no se celebra hasta el 7 de enero– se produjo ayer en una iglesia copta de El Cairo. Pero el más lacerante y sintomático tuvo lugar hace una semana en una población más al sur del país, en la provincia de Al Guiza, donde el pasado 23 de diciembre centenares de musulmanes asaltaron una iglesia, destruyeron el mobiliario e hirieron a varios fieles cristianos.

¿El «delito» de la parroquia de San Teodoro, en Kafr al Waslin? Haber conseguido que por fin las autoridades de El Cairo concedieran al templo provisional el derecho a tener estatus de iglesia, y por tanto a contar con una cruz y una campana. La parroquia atiende en sus locales provisionales a 1.500 fieles coptos y lleva funcionando 16 años.

Desde hace décadas, la construcción de iglesias en Egipto para sus más de nueve millones de cristianos es objeto de violencia sectaria sistemática, por lo que muchos pueblos prefieren no solicitar ese estatus oficial y mantener un régimen casi de catacumbas. La situación fue tolerada por Mubarak, alimentada por los Hermanos Musulmanes, y condenada –solo de palabra– por el régimen actual del general Al Sisi. Pese a que el año pasado el Parlamento egipcio aprobó una ley que permite acelerar la construcción de iglesias, la indefensión de los cristianos coptos sigue siendo rampante.

Su vieja presencia en la llamada Casa de la Protección (Dar al-sulh) debería garantizarles en teoría la tutela del islam a un alto precio (discriminación en la vida pública, obstáculos a la construcción o reforma de las iglesias), pero la realidad es muy distinta. La persecución de los coptos se ha agravado en los últimos años con la quema frecuente de iglesias y los ataques por parte de grupos islamistas violentos, que muchas veces quedan impunes.

Todo el universo copto –envuelto en una atmósfera de iconos, humo de velas y ceremonias en el idioma ancestral–, retrotrae al Egipto preislámico, una de las primeras comunidades cristianas del mundo y la más numerosa de Oriente Próximo, donde nació el profundo fenómeno de los eremitas del desierto en el siglo IV. A los viejos prejuicios contra ellos se suma uno nuevo: el rumor de que contribuyeron al golpe de 2013.