Varias personas observan la búsqueda de supervivientes por parte de voluntarios de Defensa Civil Siria, tras un ataque aéreo ruso sobre Idlib, el pasado 5 de febrero
Varias personas observan la búsqueda de supervivientes por parte de voluntarios de Defensa Civil Siria, tras un ataque aéreo ruso sobre Idlib, el pasado 5 de febrero - EFE

Siria y Rusia intensifican los bombardeos contra los bastiones opositores

Decenas de civiles han muerto en los ataques aéreos de esta semana en la provincia de Idlib y en Ghouta, la zona rural del cinturón de Damasco

Corresponsal en JerusalénActualizado:

El «califato» del grupo yihadista Daesh es historia, pero la guerra en Siria sigue abierta. Los Ejércitos de Siria y Rusia han intensificado sus bombardeos contra bastiones opositores en las últimas jornadas. Decenas de civiles han muerto, al menos 94 según los datos del Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), en los ataques aéreos de esta semana en la provincia de Idlib y en Ghouta, la zona rural del cinturón de Damasco con presencia opositora. Naciones Unidas pide a todas las partes «una tregua humanitaria de al menos un mes», pero hace tiempo que nadie escucha a los llamamientos de la ONU en Siria y las imágenes que llegan de los lugares en conflicto vuelven a mostrar la dimensión de la tragedia.

Esta escalada de tensión se produce a falta de dos semanas para que arranque la novena ronda de conversaciones sobre la paz en Astaná. Se trata de un proceso que cuenta con el respaldo de Rusia, Turquía e Irán y que, sobre el papel, había establecido cuatro zonas de distensión en el país. Ghouta e Idlib están dentro de las supuestas áreas donde debería respetarse el alto el fuego, pero la realidad es muy diferente y lo que se firmó en Kazajistán no se respeta sobre el terreno.

La ONU solicitó «un cese inmediato de las hostilidades» ante la «situación extrema» para «permitir la distribución de ayuda humanitaria, la evacuación de heridos y pacientes en estado crítico, y aliviar el sufrimiento» de civiles. La situación es especialmente grave en Ghouta, donde cerca de 400.000 civiles viven cercados por el Ejército desde 2013. En este enclave operan grupos como el Ejército de Islam, Ahrar el Sham, Failak Rahman y el Frente Al Nusra, y es una de las mayores amenazas para el Gobierno debido a su cercanía a la capital. Desde allí se lanzó el proyectil que causó «graves daños materiales» al edificio de la oficina comercial de Rusia Damasco, según confirmó Moscú.

Repatriación del piloto ruso

El apoyo militar de Rusia es una de las claves que permiten al presidente Bashar Al Assad conservar su puesto. Gracias a la cooperación de Turquía, los rusos lograron repatriar el cadáver del «piloto del avión de ataque Su-25, el mayor Román Filipov, quien pereció heroicamente el 3 de febrero en Siria», señaló en un comunicado el Ministerio de Defensa. Tahrir Al Sham, considerado el brazo de Al Qaida en Siria, reivindicó el sábado el derribo del aparato con un proyectil disparado por un lanzamisiles portátil en la provincia de Idlib. El piloto llegó a eyectarse del caza y se suicidó al detonar una granada antes de caer en manos enemigas. Este ataque provocó un cambio de estrategia y las autoridades rusas ordenaron a sus aviones colar a una altura mínima de 5.000 metros para evitar ser alcanzados por estos misiles de los dispone Al Qaida.

Otro de los frentes abiertos en Siria tras el final del «califato» es el de Afrín, cantón kurdo que está en el punto de mira de Turquía, que quiere alejar de la frontera a las milicias kurdas.