Internacional

Schulz, el hombre que puede retar a Merkel

Su regreso a la arena alemana, un año antes de las elecciones, tiene que ver con su deseo de presentarse como candidato a la Cancillería de Berlín

El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz
El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz - EFE
ROSALÍA SÁNCHEZ Corresponsal En Berlín - Actualizado: Guardado en:

Quien crea que Martin Schulz se conformará con ocupar la cartera alemana de Exteriores tras dejar la presidencia del Parlamento Europeo, no está al tanto de su ambición política. El regreso de Schulz a la arena alemana, un año antes de las elecciones, tiene más bien que ver con su deseo de presentarse como candidato a la Cancillería de Berlín y derrocar a Merkel. Tendrá que disputar ese honor al presidente del Partido Socialdemócrata (SPD) y actual vicecanciller de la gran coalición alemana, Sigmnar Gabriel, en un congreso que tendrá lugar en enero y que por momentos adquiere rabioso interés. Gabriel no tiene intención alguna de ceder la candidatura, pero los apoyos de Schulz en la Casa Willy Brandt ya reparten argumentario esta mañana a todo el que quiera escuchar y aseguran que, si hay alguien que puede ganar las elecciones a Merkel, ese es Schulz, porque mientras Gabriel se ha comprometido en las políticas de la gran coalición, Schulz ya ha estado sirviendo de contrapeso efectivo a la canciller desde Bruselas.

Schulz, pro carácter, ha sido siempre muy enredador. No en vano, fue el más pequeño en una familia de cinco hermanos, el más trasto. Su madre, Clara, de orígenes más burgueses, colaboró activamente con la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de Merkel. Pero su padre, policía de profesión, le transmitió la cultura socialdemócrata del Sarre, región minera e industrial, y él terminó optando por el modelo paterno. Quizá de esa dualidad familiar proceda uno de sus grandes talentos en la política, su capacidad de negociar y de sacar posturas comunes a partir de enfrentamientos.

Su orientación europeísta y su apertura al mundo también le viene de lejos. Con 16 años realizó un intercambio escolar en Burdeos que marcó su camino. Dejó los estudios de bachillerato a medias para formarse como empresario del sector editorial y en 1977 ya estaba trabajando como autónomo, a la edad de 22 años y cuando llevaba ya tres perteneciendo al SPD. Sus primeros pasos en la política fueron muy locales, por lo que en 1994, cuando fue elegido como diputado europeo, la prensa alemana le puso el apodo de «el Kissinger de Würselen», el pueblo donde había sido alcalde. Poco a poco fue tejiendo una densa red de apoyos y, hablando ya fluidamente inglés y francés, cobró relevancia visible en 2003, enfrentándose abiertamente a Berlusconi, al que acusó de «violar los principios de la democracia y el Estado de Derecho» cuando todavía nadie más se atrevía a decirle eso en la cara a «Il Cavaliere». En enero de 2012, tomando posesión de la presidencia del Parlamento Europeo, ya anunció que su objetivo era «sacar a la institución de su existencia en la sombra». Y comenzó ha tomar un protagonismo que a menudo a incomodado en la Cancillería de Berlín.

Martin y su esposa Ingle, que trabaja como arquitecto de paisajes, tiene dos hijos, Nico y Lina. Solo el fútbol supera su pasión por los libros. Una lesión le obligó a apartarse de la competición cuando jugaba en la liga juvenil con el Rhenania Würselen. Lo pasó tan mal que cayó en el alcoholismo, pero desde 1980 se mantiene ebrio. Su equipo es el 1. FC Köln, pero rara vez va al campo, suele ver los partidos por la tele. Quizá eso empiece a cambiar en 2017. Se presentará como candidato socialdemócrata en la lista de Nordhein-Westfalia y as oportunas visitas a la Bundesliga suelen dar votos.

Si resultase elegido candidato socialdemócrata a la Cancillería, aportaría grandes diferencias. Frente a Gabriel, en principio más tendente a dar continuidad a la gran coalición, Schulz optaría con más gusto por un tripartito de izquierdas que desplazase a la más votada, Merkel según todas las encuestas, aunque él asegura que «por supuesto puede ser vencida». Y si llegase a canciller también marcaría diferencias. Mientras que Merkel parece haberse erigido en muro de contención de Donald Trump, Schulz no ha realizado ni media declaración contra el nuevo presidente estadounidense desde su elección y coincide con él en algunos puntos, como haber dado por muertas las negociaciones para el Tratado de Libre Comercio entre la UE y EE.UU. (TTIP) y para el CETA.

Es un convencido europeísta, muy amigo de Jean-Claude Juncker, y está empeñado en la legislación de un Derecho de Inmigración Europeo común. Considera el surgimiento del partido populista de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) una «desgracia» y va a ser un dolor de muelas para Merkel durante el próximo año. La canciller no desea los temas europeos en primera línea del debate público y Schulz viene dispuesto a hacer, mucho, mucho ruido.

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