Internacional

Santos quiere salvar el diálogo con el consenso de Uribe y Pastrana

Los expresidentes de Colombia se reunieron este miércoles con su sucesor para buscar una salida al atolladero causado por el «no» a los acuerdos con las FARC

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, recibe este miércoles al exmandatario Andrés Pastrana en el Palacio Nariño
DIEGO ALARCÓN Bogotá - Actualizado: Guardado en:

El presidente Juan Manuel Santos y sus rivales políticos comenzaron a explorar un posible camino que rescate los acuerdos de paz logrados con la guerrilla de las FARC, tras el «no» de los colombianos que recibieron en las urnas el pasado domingo. Santos se reunió este miércoles, por separado, con sus predecesores Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. Sobre la mesa está la posibilidad de reabrir las negociaciones con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero con una delegación más plural en la que participen también los defensores del «no» a los acuerdos con la principal guerrilla del país.

Por el Palacio de Nariño desfilaron el expresidente Andrés Pastrana, quien se reunió con Santos justo antes de que el también exmandatario, Álvaro Uribe, llegara con su cohorte. En ella destacaban el exprocurador general de la nación, Alejandro Ordóñez, y el pastor César Castellanos, líder de la Misión Carismática Internacional y una de las figuras más influyentes dentro de la comunidad cristiana de Colombia. También estuvieron acompañando a su líder los senadores y portavoces del Centro Democrático, que en la víspera del plebiscito del 2 de octubre destacaron como fieles alfiles del «no» a lo pactado entre el Gobierno y la guerrilla.

El tamaño de la comitiva uribista denotó la complejidad del problema que encara el país después de la inesperada derrota del «sí», pues a la idea de decidir entre aceptar y rechazar lo acordado, se sumaron ahora una madeja de intereses que antes del domingo estaban fuera de la discusión. Los promotores del «no» hicieron sobrado énfasis en que su apuesta era por renegociar lo pactado, pero tras su victoria parecen haber montado al vagón de la renegociación asuntos como la ideología de género y el concepto de «familia».

Así que el nuevo ajedrez político resultante de la victoria del «no» no solo ha desnudado el exceso de optimismo del Gobierno Santos quien, confiado en la «sabiduría» del pueblo colombiano, no da señales de tener un plan B para paliar la derrota. Y lo mismo parece suceder para los promotores del «no», quienes ante lo inesperado del triunfo aún no dan pistas sobre sus propuestas de reforma que decían tener tan claras en la víspera y que han aprovechado la ocasión para poner sobre la mesa diversos debates bajo el paraguas del «diálogo nacional» que citó Uribe luego del plebiscito.

«Cosas buenas»

En lo concerniente exclusivamente al Acuerdo Final con las FARC, Pastrana, férreo portavoz del «no» como Uribe, aseguró tras su reunión con Santos que «con el ‘no’ se unió a los colombianos. El 99% del país está convencido y estamos con la paz. Nunca un presidente de Colombia había tenido tanto respaldo. Hay un documento base importante que es el de La Habana, hay cosas buenas que hay por rescatar y otras que hay que implementar».

Las líneas rojas para él siguen siendo las mismas que junto a la voz de Uribe trazaron en la discusión de los acuerdos: que los jefes de la guerrilla condenados por delitos atroces paguen penas efectivas por sus crímenes y que se les niegue participación en política a los culpables de dicha faltas. Pastrana sugirió que mientras esto se debate, los guerrilleros puedan concentrarse en las zonas que están estipulados en el acuerdo.

Por su parte, Uribe ha llamado la atención en que los guerrilleros de base puedan ser amnistiados y que a los militares condenados por malas prácticas en el conflicto sean «aliviados» jurídicamente. Sin embargo, muchos de sus críticos han señalado que eso que pide, está estipulado en el acuerdo. «Pedimos a las Naciones Unidas que acompañe esta nueva etapa de la democracia colombiana, porque el resultado del domingo rechazó los acuerdos, pero reafirmó el deseo unánime de paz».

Por ahora no se ve una puerta de salida para el letargo en el que entró la política colombiana a causa de la interrupción repentina del plan que terminaba la guerra con las FARC y que esta semana comenzaba ya su implementación. Santos se ha aferrado a ese 49% de colombianos que votaron por el «sí» -la diferencia favorable al «no» fue tan solo de 50.000 votos- para presionar con la idea de que es el momento de la paz y que el alto el fuego con la guerrilla, aunque prorrogable, está vigente hasta el 31 de octubre.

Apenas digerido el resultado del llamado «Brexit colombiano», Santos anunció el martes por la noche que el alto el fuego con la principal guerrilla del país -en vigor desde el 29 de agosto- se mantendrá hasta el próximo 31 de octubre a la espera de que se llegue a consensos. Gobierno y guerrilla alcanzaron un alto el fuego bilateral y definitivo, pero con el resultado del plebiscito, el Gobierno Santos se vio obligado a prorrogarlo a través de una medida especial. La reacción del liderazgo de las FARC, que ha insistido en que sigue comprometida con la tregua bilateral, no se hizo esperar. «Timochenko» se preguntó a través de su cuenta de twitter si «de ahí para adelante continúa la guerra». El máximo líder de la organización armada que tuvo en jazque al país durante más de 52 años permanece en La Habana con su equipo negociador. En la noche electoral los cabecillas de las FARC fueron fotografiados fumándose un cohiba mientras seguían el escrutinio.

Mientras aguardan acontecimientos desde su refugio cubano, los líderes de la guerrilla han dado instrucciones a sus tropas para que se trasladen a posiciones más seguras para evitar «provocaciones». El número tres de la guerrilla, Félix Antonio Muñoz, alias «Pastor Alape», escribió en un tuit que «todas nuestras unidades deben empezar a moverse a posiciones seguras para evitar provocaciones». El jefe del equipo negociador de la guerrilla, Luciano Marín, alias «Iván Márquez», se unió a los llamamientos de sus correligionarios. «Iván Márquez» reconoció que Colombia «atraviesa una zona gris riesgosa, un limbo peligroso», pero cree que el país «estará peor» si se pone la paz «en manos de Uribe y de Pastrana».

Y a esta realidad se suma el hecho de que los portavoces de las FARC hayan insistido en la idea de que el acuerdo es inmodificable. De hecho, el máximo líder de la guerrilla, Rodrigo Londoño, alias «Timochenko», ha afirmado que el pacto conserva su validez jurídica y debe ser cumplido. Mientras otro de los líderes, alias «Pastor Alape», dieron la orden a las tropas de buscar zonas «seguras» para evitar «provocaciones».

Apoyo internacional

La comunidad internacional, mientras tanto, no deja de enviar mensajes en respaldo a la paz en Colombia. El secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, reafirmó a Juan Manuel Santos su apoyo a los esfuerzos para salir de este atolladero y le anunció que su enviado especial para este proceso, Bernie Aronson, viajará a La Habana a petición de las partes. Santos le respondió en twitter: «Gratitud con EE.UU. por respaldar el diálogo nacional como paso para una paz estable y duradera, y por reiterar el compromiso con el plan Paz Colombia». La Unión Europea anunció ayer que mantendrá la suspensión de las FARC de su lista de organizaciones terroristas, pese al «no» al acuerdo de paz en el referéndum. Así lo aseguró el secretario de Estado eslovaco de Asuntos Exteriores, Ivan Korcok, en el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo.

En las calles de Colombia, alejados de los escenarios políticos, reina la incertidumbre sobre el futuro. Uribe, a quien el plebiscito ratificó como el máximo portavoz de la opción por el «no», asegura que es la hora de la paciencia y que «no nos van a poner ahora a nosotros de creativos de hacer propuestas cuando lo hicimos en toda la campaña». Mientras el embrollo se ve mayúsculo desde la televisión y las noticias, lo cierto es que Colombia no sale aún a la superficie para tomar un aire que le dé clarividencia.

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