El Ejército sirio avanza en los últimos barrios en los que aún resisten los rebeldes
El Ejército sirio avanza en los últimos barrios en los que aún resisten los rebeldes - AFP

«Salimos por los bombardeos y porque nos usaban como escudos humanos»

El pacto para la evacuación de la población de la asediada Alepo salta por los aires tras la reanudación de los combates y bombardeos

ENVIADO ESPECIAL A ALEPOActualizado:

El termómetro baja de los cero grados en la antigua planta de algodón de Jbrin, muy cerca del aeropuerto internacional situado al norte de Alepo. Aquí llegan cada día miles de personas que escapan de los bombardeos y combates en los barrios orientales de la ciudad, en su mayoría mujeres, niños y ancianos. El pacto alcanzado por Rusia y los grupos armados de la oposición la noche del martes para la evacuación total de los barrios opositores ni le suena a esta gente que necesita abrigo, comida y atención médica urgente. A media mañana comienzan a sonar fuertes explosiones, el pacto anunciado no se cumplía, no había evacuaciones y mucho menos alto el fuego… vuelta a la realidad de este Alepo de los últimos cuatro años.

«Lo que necesitamos de verdad es paz y seguridad, si recuperamos esas dos cosas todos volverán a sus barrios e intentarán rehacer sus vidas», afirma Mohamed, voluntario de la organización humanitaria «For Alepo» que trae ropa de abrigo y material sanitario para los desplazados. La gente hace cola para recibir mantas, leche en polvo y comida caliente que preparan cocineros militares rusos al lado de un camión con las banderas de Siria y de la Federación Rusa. Junto a la cocina está el hospital de campaña enviado por Moscú para atender a los desplazados, un centro médico blindado por militares que vigilan los accesos.

El papel de Irán

«Los iraníes, que combaten junto a Al Assad, habrían puesto sobre la mesa nuevas condiciones»

La guerra no se detiene en Alepo. Cada anuncio de tregua solo complica más las cosas al día siguiente y, pese al pacto entre Rusia y los opositores, con la mediación de Turquía, volvieron los ataques durísimos de artillería y aviación contra los dos últimos distritos con presencia de grupos armados, desde donde salieron cohetes y morteros hacia la zona gubernamental tras el anuncio desesperado de contraataque de la milicia opositora Fastaqim. ¿Qué ha fallado en esta ocasión? Unos y otros se culpan mutuamente de violar un acuerdo en el había un gran ausente como Irán que, según fuentes opositoras y de Naciones Unidas consultadas por la agencia Reuters, intenta obtener más beneficios por permitir la retirada enemiga. Los iraníes combaten en Alepo a favor del Gobiernon sirio en primera línea a través de las milicias chiíes que ordena la Guardia Revolucionaria y habrían puesto sobre la mesa nuevas condiciones. Teherán busca la evacuación simultánea de Alepo y de los heridos y enfermos de las localidades de Fua y Kefraya, bastiones leales al Gobierno sirio en la provincia de Idlib, que están cercados por los opositores. El presidente iraní, Hasán Rohani, llamó su homólogo sirio, Bashar al Assad, para felicitarle por la «victoria» lograda en la ciudad de Alepo, donde ha logrado «liberar» prácticamente todas las zonas controladas por las fuerzas rebeldes, según la agencia SANA. Quedan dos distritos y, si no hay un pacto de última hora, su control se recuperará por la fuerza.

A miles de kilómetros, países extranjeros negocian el presente y futuro de gente como Lamia Yayuah, que escapó el domingo de Bustan Al Qasr, donde vivió desde 2012 bajo el control de la oposición. Se tapa con dos mantas grises entregadas por una agencia de la ONU y asoma la cabeza para dar caladas a su cigarro. «Salimos por los bombardeos, pero cuando nos disponíamos a cruzar al otro lado los grupos armados nos empezaron a disparar, tardamos cuatro horas en poder hacer el camino y de verdad que volveremos en cuanto sea posible, aquí no se puede estar mucho tiempo», confiesa esta madre de cuatro hijos, sentada sobre un colchón a la intemperie.

«Soñábamos con frutas y verduras y la comida de los rusos me parece ahora la mejor que he probado en mi vida», afirma Yamal

Muy cerca, Yamal hace gestos al periodista para enseñarle lo que tiene en una bolsa de plástico negra. «Este es el pan que nos daba el Frente Al Nusra (brazo de Al Qaida en Siria), que no es ni pan. Soñábamos con frutas y verduras y la comida de los rusos me parece ahora la mejor que he probado en mi vida. No me fui antes porque allí estaba mi casa, tengo 60 años, y sabía que en cuanto saliera me lo robarían todo», asegura, envuelto también en una manta gris. En su caso escapó el lunes, tras una de las jornadas más duras de la ofensiva, y afirma que lo hizo “por los bombardeos y porque al final nos usaban como escudos humanos”.

Crimen de guerra

La gente hace hogueras con lo que puede. Imposible entrar en calor. Más de 100.000 civiles han dejado sus casas en las últimas cuatro semanas. Rusia e Irán son las dos potencias sobre el terreno, Estados Unidos el gran ausente. Su papel se limita a las condenas como la última realizada por el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, que acusó al Gobierno sirio de «cruzar todas las líneas». La misma impotencia comparte Naciones Unidas, incapaz de llegar a los civiles en las zonas cercadas y que aseguró que los bombardeos masivos contra zonas civiles de los últimos días pueden constituir un crimen de guerra.

Los sirios son las piezas de la partida que juegan las potencias mundiales y regionales en este país. Tirados en la antigua planta de algodón, helados, escuchan a lo lejos los bombardeos. Se han salvado de las bombas, de los barriles explosivos y de los cientos de grupos armados que desde 2012 regían sus vidas en lugar del Gobierno, pero siguen siendo víctimas de una guerra que no acaba.