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Ruanda celebra este viernes elecciones presidenciales

Los comicios podrían perpetuar a Kagame en el cargo hasta 2034

El candidato, Paul Kagame, depositando su voto
El candidato, Paul Kagame, depositando su voto - AFP
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Ruanda celebra elecciones presidenciales este viernes con Paul Kagame como gran favorito debido a las trabas que ha encontrado la oposición para lanzar un candidato que realmente pueda desafiar el dominio del actual mandatario, que, de resultar victorioso, podría extender su mandato hasta 2034, con lo que sumaría casi 40 años como gobernante de la nación africana.

Kagame, de 59 años de edad, es el único presidente que ha conocido Ruanda desde el inicio del nuevo milenio. Comandó la fuerza rebelde que acabó con el genocidio de 1994 y se convirtió en vicepresidente hasta que en el año 2000 escaló a la Jefatura del Estado como presidente de un gobierno interino al que pusieron fin los comicios de 2003, los primeros que ganó.

Ese año, se impuso con un 95 por ciento de los votos, cifra que empeoró levemente en las elecciones presidenciales de 2010, las últimas que han tenido lugar, en las que obtuvo un 93 por ciento de los sufragios. Para muchos, la única incógnita a despejar es cuántas papeletas acreditarán esta vez la continuidad de Kagame en el poder porque acude a las urnas prácticamente sin oposición.

«Ruanda se ha acostumbrado a las elecciones en las que todo está predeterminado. Era así antes del genocidio, cuando oficialmente tenía un régimen de partido único, y ha sido así desde 1994, cuando se ha convertido 'de facto' en un régimen de partido único bajo el Frente Patriótico Ruandés (RPF)», explica en un artículo el 'think tank' African Arguments.

Los obstáculos del sistema electoral ruandés solo han dejado como supervivientes a Philippe Mpayimana, un periodista y escritor poco conocido que ha regresado al país tras décadas de exilio en República Centroafricana y Francia, y Frank Habineza, un antiguo militante del RPF que ahora dirige su propio partido, el Democrático Verde (DGP), y que tuvo que huir de Ruanda en 2010 después de que asesinaran a su 'número dos', André Kagwa Rwisereka.

Los candidatos independientes tienen casi vetado el acceso a las elecciones presidenciales porque la ley ruandesa requiere al menos 600 firmas, de las cuales el 12 por ciento deben proceder de 30 distritos distintos, algo difícil cuando apenas hay manifestaciones opositoras. Dos aspirantes, Diana Rwigara y Thomas Nahimana, superaron este filtro, pero la Comisión Electoral los rechazó alegando que las firmas no eran válidas.

Para los partidos políticos también es todo un reto competir con el RPF en unos comicios. Desde la reforma electoral de 2013 deben ser autorizados a participar en unas votaciones. La criba se hace en base a criterios vagos que descartan a quienes puedan incitar a la violencia sectaria para evitar una nueva matanza interétnica en un país donde ningún cambio de Gobierno se ha producido de manera pacífica.

Además, mientras los otros aspirantes tienen prohibido recaudar dinero hasta recibir el visto bueno de la comisión electoral, el RPF se nutre de las exitosas aventuras empresariales de Crystal Ventures, una compañía privada dependiente de la formación oficialista que se ha convertido en uno de los mayores fondos de inversión del país. Con ello, el RPF es el único con el músculo financiero para lanzar una campaña a nivel nacional.

La falta de acceso a información independiente es otro factor a tener en cuenta. Las sanciones que planean sobre los medios de comunicación ruandeses les han empujado a una autocensura que ha convertido a Kagame en el candidato perfecto. En un paso más, la Comisión Electoral trató de someter a una revisión previa todos los mensajes que los aspirantes opositores lanzaran por redes sociales, pero dio marcha atrás por el revuelo generado con esta polémica medida.

«Desde el que RPF tomó el poder, hace 23 años, los ruandeses se han enfrentado a enormes obstáculos --incluso mortales-- para participar en la vida pública (...) El clima en el que tendrán lugar estas elecciones es la culminación de años de represión», ha denunciado Amnistía Internacional.

HASTA 2034

A este enrarecido ambiente político se suma el hecho de que Kagame debía retirarse este año, cuando expira el último de los dos mandatos presidenciales, de siete años cada uno, que permitía la anterior Constitución. De hecho, el propio dirigente advirtió tras los últimos comicios, en 2010, en contra de «quienes persiguen un tercer mandato» porque «querrán un cuarto y un quinto».

Sin embargo, el RPF puso en marcha una campaña para «convencer» a Kagame de que se mantuviera como jefe del Gobierno que dio sus frutos en 2015. Casi cuatro millones de ruandeses firmaron una petición para que el Congreso reformara la Carta Magna con el fin de despejar el camino al actual mandatario y diputados y senadores obedecieron, esgrimiendo que en los sondeos sobre el tema solo habían encontrado a diez personas que se opusieran a la reelección.

El 98 por ciento de los votantes bendijo la reforma constitucional en un referéndum celebrado en diciembre de ese año y Kagame se dio por «convencido». «Me habéis pedido que siga dirigiendo este país más allá de 2017 y, dada la importancia que le habéis dado, no puedo más que aceptar», anunció.

La Carta Magna enmendada mantiene el límite de dos mandatos, que ahora serán de cinco años, en lugar de siete, pero con una importante salvedad: el actual presidente podrá aspirar a otro periodo de siete años en 2017 y después, ya con el contador a cero, podrá concurrir a otras dos elecciones para gobiernos de cinco años. Es decir, Kagame podrá alargar su Presidencia hasta 2034.

MILAGRO ECONÓMICO

Kagame también cuenta en su haber con el milagro económico de Ruanda. Desde que tomó las riendas del país, devastado por un genocidio que acabó con más de 800.000 tutsis y hutus moderados en apenas cien días, la economía no ha dejado de crecer hasta consolidar un ritmo medio del siete por ciento en los últimos años. De hecho, muchos de los ruandeses que huyeron en 1994 han comenzado a volver.

Otro de los logros de Kagame es que su férreo control sobre las voces opositoras le ha permitido mantener la paz en un contexto regional de creciente conflictividad. Donde Pierre Nkurunziza y Joseph Kabila, sus vecinos de Burundi y República Democrática del Congo, fracasaron en su intento de perpetuarse en el cargo sin derramamiento de sangre, el presidente ruandés ha triunfado.

Así las cosas, aunque la comunidad internacional ha aireado sus críticas a Nkurunziza y Kabila, en el caso de Kagame han sido más disimuladas. «El RPF ha capeado esta tormenta diplomática, por lo que se espera poco criticismo sobre estas elecciones presidenciales», ha indicado el Africa Research Institute.

Por todo ello, no es de extrañar que la victoria del actual presidente se dé por segura. El jefe de la misión diplomática de la Unión Europea en Kigali, citado por African Arguments, ha llegado a decir: «no perderíamos dinero si apostáramos por Kagame». En opinión del analista africano Filip Reynjens, consultado por el medio alemán DW, «si en Ruanda hubiera una escena política libre (...) el resultado sería muy diferente».

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