El diputado conservador Rui Rio, durante su discurso tras conocer su victoria como nuevo líder del PSD
El diputado conservador Rui Rio, durante su discurso tras conocer su victoria como nuevo líder del PSD - EFE

Rui Rio, el presidente de los conservadores portugueses que vino del norte

Curtido en sus 12 años al frente del Ayuntamiento de Oporto, el nuevo líder del PSD aglutina al sector crítico con su antecesor, Passos Coelho

Actualizado:

«El PSD no fue fundado para ser un club de amigos». La frase del recién elegido presidente de los conservadores portugueses, Rui Rio, durante la celebración de su victoria desata la sorpresa entre los votantes. ¿Es un recado a quien fue su adversario, el ‘resucitado’ ex primer ministro Pedro Santana Lopes? ¿Un aviso para navegantes? ¿Una declaración de intenciones?

La polémica está servida en el seno de la derecha lusa, especialmente porque el exalcalde de Oporto aglutina al sector crítico con la gestión de Pedro Passos Coelho desde que fue desalojado del poder a través de una moción de censura de los socialistas, apoyada por sus socios puntuales: el Bloco de Esquerda y los socialistas.

Ahí es donde ha sabido incidir su sorprendente sucesor, firme baluarte de la «descentralización» y que comenzó su ascensión presentándose avalado por barones históricos de la formación, como Manuela Ferreira Leite o el madeirense (y controvertido) Alberto Joao Jardim.

Pero tal vez el principal factor que ha permitido a este austero político encandilar a los militantes del PSD ha sido su apuesta por un hipotético «bloque central» en un futuro cercano, lo que quiere decir un respaldo sin paliativos al socialismo para que deje de echarse en brazos de la izquierda radical.

De esta forma, Rui Rio pulverizó todos los pronósticos y se alzó con el 54,37% de los sufragios internos, emitidos por 70.385 personas a lo largo de todo Portugal. Paso previo para intentar recuperar el sillón del poder en las elecciones legislativas de 2019.

Dirigente cercano

A sus 60 años, se ha ganado la reputación de dirigente cercano, como demostró durante los 12 años que llevó las riendas del Ayuntamiento de la segunda ciudad del país.

Desde ahí, desde su área de influencia en el norte (Oporto, Braga, Viseu, Aveiro), ha construido su alternativa para convertirse en el 17º presidente del partido fundado en 1974. Un cargo por el que pasaron nombres históricos de la política lusa como Francisco Sá Carneiro, Francisco Balsemao, José Manuel Durao Barroso, Aníbal Cavaco Silva o el actual presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa.

Eso sí, habrá que esperar a que difunda sus líneas maestras para lavar la cara a la más importante formación opositora. Un hecho que se producirá a mediados de febrero, cuando se ponga en pie el congreso que determine la refundación del PSD y asiente los argumentos pertinentes para concurrir con garantías de éxito a los comicios de 2019.

Otro de los objetivos de Rui Rio no es otro que pasar página respecto a la debacle del PSD en las elecciones municipales del 1 de octubre, que disparó los movimientos en el seno del partido. Tanto es así que hace gala de que nunca perdió ninguna de las convocatorias a las que ha concurrido, incluido su asalto para erigirse en adversario de António Costa.

Ni siquiera se amilanó cuando el primer envite le dio la espalda: el Consejo Nacional de los conservadores aprobó celebrar el 13 de enero la votación para elegir a su nuevo presidente, mientras que él prefería que se hubiera tomado la decisión antes de Navidad, con la intención de no dar oxígeno a su oponente.

Con todo, siguió mostrando firmeza este antiguo alumno del Colegio Alemán de Oporto y experto en economía, incólume ante los vaticinios que le auguraban una derrota frente a Santana Lopes.

Pero la gran sorpresa protagonizada por Rio estas últimas semanas tiene que ver con sus declaraciones a propósito del «riesgo de desaparecer» que corre el PSD, de acuerdo con su punto de vista. Una frase inusitadamente pesimista viniendo de alguien que pretendía alcanzar la presidencia del partido. Las palabras desataron un impacto incluso entre sus propias filas, pero se han revelado como una alerta que hizo despertar a muchos militantes, conscientes de que la formación llegaba a este decisivo cónclave a lomos de una encrucijada galopante.